Actualizado: 22/11/2019 16:09
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Kafka en el ICAIC

El filme 'La pared', de Alejandro Gil, apela a un tema inusual y nada epopéyico, en la misma cuerda de la nueva camada de directores cubanos.

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El próximo estreno del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), La pared, es un regodeo del tema del aislamiento humano.
¿Alguna conexión con la realidad cubana?
"Para nada", aclara su director, Alejandro Gil, quien ha querido que su ópera prima, de hora y media de duración, sea vista y entendida "lo mismo en Haití que en el polo Norte".
El origen de La pared se enraíza en un caso clínico de la Cuba contemporánea. Un hombre que decide enclaustrarse ante el miedo y la agresividad del exterior.
Pese a los ruegos de su familia y los reclamos del médico comunitario, el paciente muere solo, en una cama, sin salir ya más de su casa.
"La película no cuenta exactamente eso, pero tal historia es su base dramática. No me interesaban los referentes cubanos y sólo sabes que se trata de una película cubana por la identidad de los actores", comenta el realizador, nacido en La Habana en 1960 y graduado de Periodismo en la universidad.
El asunto es batido por aires kafkianos. El personaje se encierra en una habitación y sólo mantiene contacto con el mundo exterior por medio de uno de los símbolos de la modernidad: la televisión.
Surgirá entonces una lucha entre él y los paramédicos —incluida una monja— que intentarán rescatarlo del ostracismo. En el medio de esta pulseada, un mundo imaginario y paralelo se instalará en la cabeza del obseso.
Tales intenciones acercan La pared a filmes que han hurgado en la ruptura del individuo con la sociedad, un asunto caro a la cinematografía occidental, sobre todo la producida en la década de los años sesenta y setenta por realizadores como Bergman o Antonioni.
"Es una película de tesis, quizá hasta filosófica, y perfectamente leíble. No subestima al espectador. Todo lo contrario, lo hace más participativo", advierte Gil.
La pared es una película minimalista. Escaso reparto actoral y una sola locación: el abandonado hotel Campoamor, construido en 1907 en la zona este de la capital.
"Fue el primero en este lugar de La Habana, pero ahí está esperando que la vida le pase la cuenta, destruyéndose, con valores arquitectónicos apreciables", se queja el realizador, para quien una mano divina lo guió hasta ese galpón en ruinas, también favorito de músicos que buscan exotismo para sus videoclips.
La lobreguez del inmueble se suma a lo que se busca: una atmósfera asfixiante. La cámara nunca evade la habitación y capta siempre desde el interior a los personajes que entran y salen. Ese trajín logra oxigenar la película.
El protagónico está en manos del cubano Héctor Eduardo Suárez — Lobos Sueltos, Machín… toda una vida—, quien "vino corriendo de España" para filmar la película, que echa mano a una banda sonora que se comporta como un personaje más. "Llena de ruidos, de ambientes, de sugerencias".
Un salvavidas para el séptimo arte
La pared aparece en un momento de discreta reanimación del cine nacional. La reflexiva Páginas del Diario de Mauricio, y la taquillera y aspirante al Oscar, El Benny, con cerca de tres millones de espectadores, ya pasaron por las pantallas de la Isla con desigual éxito.
Ahora toca a La edad de la peseta, con una historia que se remonta a la Cuba de los años cincuenta, y Madrigal, del casi mítico Fernando Pérez, autor de piezas como La vida es silbar y la conmovedora Suite Habana. Lista para ser exhibida en el Festival de Cine de diciembre se encuentra Mañana, mientras que en producción hallamos Los dioses rotos.
" La pared es una película más, con su personalidad, que amplía el diapasón temático del cine cubano, algo que el público pedía", dice Alejandro Gil, quien a fines de los ochenta ganó un premio en el Festival de Trieste por su corto de ficción Tema heavy, que refería la atribulada vida de los rockeros en la Isla.
Las nuevas tecnologías han significado un salvavidas para el séptimo arte en Cuba. "Antes tenías que contar con cámaras muy costosas y pedir a gritos una coproducción", recuerda este realizador de televisión, que comenzó su carrera en los estudios de las Fuerzas Armadas.
"Ahora el acceso al digital ha democratizado el audiovisual, no me asusta decirlo".
Parte de su sueño se ha cumplido. Hacer La pared. La otra es llevarla a 35 milímetros. Falta el dinero, pero "lo importante es trabajar", alega convencido. Lo dicho suena a lema para multitudes. En su caso, sabemos que es un credo.