Actualizado: 18/10/2021 10:15
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Literatura

Kozer contra los estereotipos

La revista 'Matanzas' recoge en las páginas de su último número un sustancioso dossier sobre la obra del escritor exiliado.

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Aunque pueden mencionarse algunos ejemplos aislados, sobre todo en revistas culturales, sigue siendo muy difícil rastrear en los círculos de difusión dentro de la Isla, todos oficialistas, la huella de escritores cubanos que tomaron el camino del exilio. Algunas revistas han intentado acercamientos más o menos profundos a la obra de Jorge Mañach, Lino Novás Calvo, Gastón Baquero, Severo Sarduy, José Juan Arrom y Eugenio Florit, no así a la de Lidia Cabrera, Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, Lorenzo García Vega, Guillermo Rosales y Amando Fernández, por citar algunos casos, que siguen esperando relecturas desprejuiciadas por parte de sus destinatarios esenciales.

La buena noticia en este sentido la trajo recientemente la revista Matanzas, realizada desde la hermosa ciudad que acunó y vio enloquecer al gran José Jacinto Milanés. Esta publicación recogió en sus páginas un sustancioso dossier sobre la obra poética de José Kozer, con certeros acercamientos a cargo de los mexicanos Adolfo Castañón y Jacobo Sefamí, el uruguayo Víctor Sosa, y los cubanos Carlos A. García, Ricardo Alberto Pérez, Laura Ruiz, Damaris Calderón y Alfredo Zaldívar, este último editor de la revista.

Como metáfora de una ansiedad colectiva, la de comunicarnos y (re)conocernos por encima de tantas barreras humanas e inhumanas, la portada de este número muestra un viejo buzón de correos que abre su boca a una carta dirigida al poeta exiliado. Del buzón nace una palma, ciertamente un recurso fácil, siempre a mano para ciertas indicaciones longevas de identidad cuestionada, pero justo ahí comienza a cobrar sentido lo que vamos a leer dentro, el estallido de algunos estereotipos de lo cubano que se desmiembra en la discursividad apoteósica de Kozer.

Similar al poema donde Kozer proclama desconfiar ya de "la / existencia del unicornio / en los tapices", recelamos de solemnidades siempre emparentadas con maniobras de la política. ¿Hay palmas en la exuberante obra publicada de Kozer? No dudamos que las haya, pero esta vez el poeta prefiere tumbarse "entre unos arbustos" a concebir sus Divertimentos, cuatro textos sin numeración que hacen saltar de la silla al que se acomodó, en uno de los cuales se lee:

"Quitémosles el piso / escribiendo. Arrinconémoslos, con / escritura. Quién quita que hasta / podamos extirparlos de cuajo de la / faz de la tierra (…) Escritura, y a escribir se ha dicho: / atacar la jauría discursera y oratoria, / ora clanes absolutistas ora taifas / invocando el paquete de la democracia".

Kozer no es un poeta del todo desconocido en Cuba. En 2001 la editorial Letras Cubanas publicó una antología de su poesía titulada No buscan reflejarse, seleccionada y prologada por Jorge Luis Arcos. Antes, Ediciones Vigía hizo circular también desde Matanzas su cuaderno Réplicas.

Lo que sí resulta inédito entre nosotros es su particular cosmogonía, su decir tan abierto a resonancias disímiles, la pluralidad con que asume la morfología del poema para verter en él un torrente idiomático que trasluce infinitudes. Por mucha introspección que revele un poema suyo, la naturaleza de la poética de Kozer es franca y convocante, lo cual no contradice lo que postula Castañón en su ensayo aparecido en este número de la revista: "el viaje a que nos invita nuestro amigo y maestro no es cuerpo afuera sino mar adentro, cuerpo adentro, tiempo adentro, lenguaje adentro".

Maniobras de ocultamiento

No perdamos nunca de vista que estos intentos por acoger discursos de la diáspora son muy esporádicos y casi siempre autorizados por un ala de esa misma oficialidad que promueve desencuentros a diario entre los intelectuales de adentro y los que fueron prácticamente obligados a marcharse al exilio, hastiados de tanto control sobre sus vidas y sus obras, pero igualmente desea dar muestras de "magnanimidad" ante los cuestionadores ojos del mundo.

Ya ha señalado atinadamente el ensayista Rafael Rojas, en su texto El estante vacío, las maniobras de ocultamiento no tan solapadas por parte de instancias gubernamentales con el objetivo de silenciar las duras etapas del exilio de algunos escritores recuperados a medias por las editoriales de la Isla.

Rojas deja ver cómo no se asumen con respeto los desenlaces anticastristas de varios de estos escritores y afirma: "Para que esto último se produzca tendría que admitirse algo elemental en cualquier cultura democrática, pero inconcebible en una totalitaria como la cubana: que los opositores existen, tienen historia y escriben buena literatura".

A pesar de ello, es digno de encomio la labor de los gestores de esta revista. A volver la vista sobre las agonías cubanas de ahora mismo invitan también en este número dos profundos textos reflexivos firmados por la poeta Laura Ruiz y por el dramaturgo Ulises Rodríguez Febles, y un poco más adelante los poemas de Israel Domínguez, Reynaldo García Blanco, Yanira Marimón y Alejandro Ponce, y las narraciones de Charo Guerra, Daniel Díaz Mantilla y Norge Céspedes.

Algo sucede en las entrañas mismas de la Isla cuando cada vez más lectores sienten la necesidad de saltar las barreras de la política, impuestas en esta cárcel inmensa llamada país, e insertar en su cuerpo aunque sean algunas mínimas huellas del decir contrario, abierto a libertades no tangenciales, sino palpables en el centro mismo de nuestra literatura. Ya antes habíamos elogiado cómo desde esta misma ciudad se elaboró una selección de la poesía de Agustín Acosta, bardo hoy olvidado a pesar de que en cierta etapa fue reconocido entre los mayores con el discutido título de Poeta Nacional.

Sólo cuando más y más intentos se logren sumar al todavía incipiente grupo de quienes se arriesgan a asumir la cultura como un todo dialógico y libre, podremos decir que comienzan a nacer en Cuba las bases democráticas de la convivencia y la reconciliación entre todos, con independencia de sus credos.