Actualizado: 13/05/2021 18:11
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Rolling, Stones, Música

La excelencia de unos pocos elegidos

Se cumple medio siglo de la salida de Sticky Fingers, uno de los álbumes más variados y compactos de los Rolling Stones, una banda que puede presumir de una de las trayectorias más sobresalientes, fecundas y rentables de la historia del rock

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Un día como hoy, 23 de abril, pero cincuenta años atrás, salió a la venta Sticky Fingers (1971), un álbum del cual a los pocos días se empezó a hablar. Una de las razones es que venía firmado por los Rolling Stones. Para entonces, los músicos ingleses tenían su prestigio sólidamente consolidado a ambos lados del Atlántico. Habían llegado a un momento de su carrera en que todo lo que tocaban se convertía ineludiblemente en oro y se les consideraba la mejor banda de rock del mundo.

Se trataba además del primer disco en el que el guitarrista Mick Taylor pasó a ser el guitarrista, aunque había hecho algunas apariciones en un álbum anterior, Let it bleed (1969). Reemplazó a Brian Jones, quien tras abandonar el grupo y anunciar la creación de uno nuevo, fue hallado muerto en la piscina de su casa. Y, por último, otra razón por la cual Sticky Fingers dio mucho que hablar fue la portada del vinilo, una verdadera pieza de ingenio, originalidad y provocación.

Let it bleed fue el último álbum de estudio que los Stones sacaron con Decca, la compañía que había tenido la mala suerte de rechazar a los Beatles (Get Yar-Ya’s Out. The Rolling Stones in Concert, de 1970, recogía grabaciones en vivo). En esos momentos, sus relaciones con la misma eran realmente tensas. En los últimos años, los músicos venían sufriendo muchas imposiciones que les impedían dirigir su propia carrera. Eso dio lugar a la ruptura con la compañía, aunque esta no se resignó y durante el comienzo de la década de los 70 siguió editando recopilaciones y material viejo, cada vez que la banda sacaba un disco con composiciones nuevas. Tras el fin de su contrato con Decca, el grupo creó su propio sello, Rolling Stones Records, cuyos trabajos discográficos pasaron a ser distribuidos por Atlantic. El primero de esta nueva etapa que vio la luz fue Sticky Fingers.

Cuando lo grabaron, los Rolling Stones tenían ya un sonido plenamente solidificado. Algo que lograron a partir de Beggar’s Banquet (1968). Un sonido cuyos rasgos principales son, de acuerdo a Diego A. Manrique, ritmos pesados, guitarras sucias, ambiente rancio, con ecos de blues torreosos. Lo crearon a partir de una combinación de tres fuentes fundamentales: el blues de la postguerra (Jimmy Redd, Little Walter, Muddy Waters, Slim Harpo), el rock surgido a mediados de los 50 (Chuck Berry, Bo Diddley, los Coasters) y la música soul de principios de los 60 (Rufus Thomas, Solomon Burke, Otis Reading). Los músicos ingleses eran adictos a la negritud musical y de hecho su nombre proviene del título de una vieja composición de Muddy Waters, Rollin’s Stone.

Lo admirable es que esa pasión por los ritmos negros norteamericanos los llevó a forjar un estilo robusto y maleable, que para muchos es la quintaesencia del rock. Sin embargo, en los temas incluidos en Sticky Fingers, los músicos se distanciaron un tanto del blues para acercarse a otros estilos. No obstante, la presencia del blues aún se advierte en You gotta move y I got the blues. Entre las expresiones de nueva incorporación está el country, algo que se aprecia en temas como Wild horses y Dead flowers.

Sticky Fingers se gestó a lo largo de dos años. Fue grabado a caballo entre los estudios Muscle Shoals de Alabama y Olympic de Londres. En opinión de muchos críticos, dio inicio a la etapa dorado de los 70 del grupo. Ese momento de gloria que alcanzaron con el álbum se confirmó con el siguiente, Exile un Main St. (1972). La participación de Taylor contribuyó a darle más brillantez y complejidad a las melodías, además de que tiene sobresalientes solos como guitarrista. Otra aportación importante es la del productor Jimmy Miller, quien logró que la banda sonara más limpia y madura. Esa nueva sonoridad vine dada también por la inclusión de baladas (Wild horses, Moonlight Mile, Dead flowers), así como por el gran protagonismo que pasan a tener los teclados y los instrumentos de viento. Para tener una muestra de esto último, basta escuchar los solos de saxofón de Bobby Keyes en Brown Sugar, Can’t you hear me knocking y Bitch.

El álbum contiene diez temas que, en total, suman 46 minutos. Tras escucharlos, se puede afirmar que Sticky Fingers tiene la duración imprescindible. Todas las canciones aparecen firmadas por Mick Jagger y Keith Richards. Aunque Taylor colaboró en varias no se le dio crédito, lo cual fue un motivo más para que en 1974 abandonara el grupo. El sexo y las drogas constituyen los temas omnipresentes. En particular, el uso de drogas domina todo el álbum. Mas de la mitad de las canciones lo tratan explícitamente, y en las otras aparece aludido. Conviene apuntar que la grabación del disco corresponde a una etapa en la cual los problemas de adicción de Richards se habían agravado.

Letra controvertida y ambigua

Sticky Fingers se abre con la pegadiza Brown Sugar, que se ha convertido en uno de los himnos de los Stones. Estaba compuesta en 1969, pero entonces estaba andando una disputa legal contra Decca, y eso impidió que pudiera salir. Habla sobre la esclavitud, las relaciones sexuales interraciales y la virginidad perdida, no necesariamente en ese orden. Su letra era controvertida y ambigua, pues admitía dos posibles interpretaciones: el título puede referirse a una muchacha de color o bien a la heroína: “Azúcar morena, cómo sabes tan bien./ Azúcar morena, justo como una chica negra debería./ Apuesto que tu mamá era reina del circo/ Y todos sus novios eran dulces adolescentes./ No soy un inocente pero sé qué me gusta./ Deberías haberme oído a la medianoche”.

Eso le dio a Brown Sugar el necesario aire de provocación. Y como era previsible, la controversia no demoró en estallar. Los colectivos feministas protestaran airadamente, por considerar que la letra era racista. Por su parte, acerca de esa popular composición Jagger ha comentado: “Solo Dios sabe de lo que hablo en esa canción. Es un batiburrillo. Todos los temas desagradables posibles de una tirada. Nunca volvería a escribir una canción como aquella. Seguramente me censuraría a mí mismo”.

Las tres composiciones siguientes también son verdaderas joyas. En Sway, un blues lento colmado de teclados y vientos, se luce un enorme y virtuoso Mick Taylor en la guitarra solista. El tema habla de la depresión, de no ser capaz de disfrutar los pequeños placeres de la vida. Wild horses es una balada cruda, pero hermosa y llena de magia, y fue el primer intento no irónico del grupo por incorporar el country. Se destaca un Jagger que vocalmente está inmenso. El tema ha conocido numerosas versiones de grupos y artistas como Dave Matthews, Garbage o Guns N’Roses. Los Stones lo escribieron en 1969, pero fue lanzado por primera vez en 1970 por Flying Burrito Brothers, el grupo de Gram Parsons. Este era buen amigo de Keith Richards, y ambos músicos a menudo se citaban el uno al otro como influencia.

Completa esta trilogía Can’t you hear me knocking, una de las canciones más psicodélicas de los Stones. Posee ciertos aires latinos —entre los instrumentos de percusión, incorpora congas a cargo de Ricky Dijon—, que algunos vieron como guiños a Santana. Hay un impagable duelo de guitarras entre Mick Taylor y Richards, aunque hay que reconocer que el primero es amo y señor. Y Bobby Keys también da lo mejor de sí. Y no se puede dejar de mencionar la colaboración estelar del pianista Billy Preston. El tema tiene una inusual duración (7:14 minutos) y fue incluido en la banda sonora del filme de Martin Scorsese Casino. La cara A del vinilo se cierra con You gotta move, versión de un clásico del blues al más puro estilo. Pertenece a Fred McDowell, quien se mantuvo activo como músico y como granjero en los años 20 y 30.

La cara B se abre con una composición de título provocativo, Bitch. A pesar de ello, o tal vez por eso, se convirtió en una de las más populares del álbum. Rock crudo, poderoso, en el que una vez más hay que resaltar las intervenciones de Bobby Keys y del trompetista Jim Price. Y Mick Taylor, como siempre, grandioso. I got the blues fue escrita por Jagger tras su ruptura con Marianne Faithfull. Posee aires de soul y prueba que él es un excelente intérprete de blues. En 1968 la pareja había compuesto la escalofriante Sister Morphine, aunque el crédito de Marianne como autora de la letra no le fue reconocido hasta 1998, en el disco en vivo No Security. Habla de un hombre que tuvo un accidente de auto y mientras se está muriendo en el hospital, pide morfina para paliar el dolor. Antes de la versión de los Stones, había aparecido en 1969 como cara B de un single grabado por Marianne. Como dato a agregar, es la única canción de Sticky Fingers en la que Mick Taylor no aparece.

Dead flowers es la otra incursión en el territorio del country que figura en el álbum. Acerca de la misma, Jagger declaró: “Soy un cantante de blues, no un cantante de country. Creo que esa canción se adapta a la voz de Keith más que a la mía”. Pero como ha comentado Álvaro Alonso, “es posible que su voz no vaya bien con este estilo, que el tono y las temáticas del country no casen del todo con su amor por el blues, el rythm & blues, el soul y el rock and roll (…) Pero Dead flowers tiene ese aire festivo y galáctico que remite a la conexión única que se produjo por aquellos años entre el músico de culto más importante dentro del country, Gram Parsons, y sus satánicas majestades”.

Sticky Fingers tiene un cierre grandioso con Moonlight Mile. Fue el resultado de una sesión nocturna en el estudio del grupo, durante la cual consumieron mucha cocaína. Richards no estaba presente y por eso Mick Taylor es el único que toca la guitarra. Durante varios años se especuló sobre el significado de la letra y muchos supusieron que frases como “una cabeza llena de nieve” y la “milla de luz de luna” eran alusiones a la cocaína. En 2015, en una entrevista en The Wall Street Journal, Jagger desestimó estas sugerencias y dijo que la canción trata sobre la soledad que sintió durante una dura gira europea en el verano de 1970 y sobre la alegría que sintió al volver a casa. Y agregó: “Cuando escucho Moonlight Mile ahora, me gusta mucho. Creo que es una buena pieza musical. Es inusual, y sigue siendo accesible y delicada y tiene un clímax y vuelve hacia abajo y termina bastante bien. Supongo que también me he acostumbrado un poco más a las giras”.

Portada icónica, original y provocativa

Además de las canciones, Sticky Fingers adquirió la categoría de clásico por su icónica portada. Se trata de una foto en blanco y negro que muestra la entrepierna de un hombre en postura chulesca. Lleva unos vaqueros ajustados, debajo de los cuales se insinúa un prominente pene. El concepto de la portada pertenece a Andy Warhol, quien hasta entonces no se llevaba precisamente bien con los Stones. Estaba convencido de que en Through the past darkly (1969), su segundo álbum recopilatorio, los músicos habían usado sin su permiso un diseño que él les había propuesto y que ellos rechazaron. De igual modo, no olvidó que estos declinaron su sugerencia de envolver Let it bleed con unas medias de mujer dentro de unos vaqueros cortados.

Warhol tuvo la idea de incorporar en la cubierta una cremallera auténtica, lo cual provocó que la salida del disco se retrasara. Al bajarla, se veía el calzoncillo en una foto similar a la exterior. Muchas personas que compraron Sticky Fingers se quejaron de que la cremallera metálica rayaba un surco del vinilo, así que Warhol tuvo que buscar una solución. Desplazó la cremallera de sitio, de manera que rayara el centro. Pero con eso no pudo evitar que dañase otros discos cuando se colocaban junto con el del grupo. Finalmente, en las ediciones posteriores Warhol tuvo que optar por eliminarla.

La foto, tomada por Billy Name, dio lugar a muchas especulaciones. Hubo quienes afirmaron que Jagger había posado para la imagen, lo cual este negó. Joe Dallesandro, estrella del entorno de Warhol, mantuvo que quien aparece en la imagen era él, aunque las personas que participaron en las sesiones fotográficas no demoraron en desmentirlo. En estas tomaron parte tres modelos, entre ellos Jed Johnson, amante de Warhol. Este, por su parte, nunca reveló de quién es la entrepierna, y lo más probable es que no lo supiera. Todo eso aumentó la leyenda alrededor de un álbum ya de por sí legendario. La portada ha sido imitada en varias ocasiones. Como ejemplos, basta ver la de los discos de Mötley Crue (Too fast for love), Wolf (Night Stalker) y Madonna (Like a prayer). En 2003, el canal de televisión VH1 eligió la cubierta de Sticky Fingers como la mejor de la historia del rock. Otro tanto hizo la revista Rolling Stone, que la incluyó en la lista de las diez mejores.

En España, Sticky Fingers salió unos meses después. La censura no aprobó la cubierta, pues el original de Warhol fue considerado “ofensivo por la Iglesia Católica”. Eso hizo que se tuviera que diseñar otra portada. En la que se preparó, aparecen tres dedos de mujer saliendo de una lata de mermelada. Eso ha hecho que la edición española es hoy muy cotizada en los mercados internacionales, pues es una rareza muy buscada por los coleccionistas. Asimismo, por razones similares Sister Morphine fue eliminada. En su lugar, se incluyó una versión en directo del Let it rock de Chuck Berry.

En aquel álbum apareció por primera vez el logotipo del grupo: una carnosa boca roja con la lengua fuera. Se ha hecho muy popular y es sin duda el más reconocible de la historia de la música. No lleva palabras, pero al verlo todo el mundo sabe a qué banda identifica. No lo diseñó Warhol, como erróneamente se la atribuyó durante años, sino John Pashe. Para crearlo se inspiró en un calendario hindú, en el cual aparece la diosa Kali sacando su puntiaguda lengua. Pashe lo hizo en dos semanas y recibió por su trabajo la modesta suma de 50 libras. Se ha reproducido en afiches, camisetas, corbatas, gorras de béisbol y hasta calzoncillos.

En 2015, los Stones lanzaron una edición del álbum que incluía algunas novedades. Pese a que son muy celosos de sus archivos, desenterraron una toma de Brown Sugar con Eric Clapton y Al Kooper a la guitarra, que fue desechada por Jagger, una versión acústica de Wild Horses y algunos cortes en vivo de un concierto de presentación que finaliza con Honky Tonk Women.

Sticky Fingers llegó al primer lugar en las listas británicas en mayo de 1971, y permaneció en ese puesto durante cuatro semanas. Volvió a ocupar el número uno por una semana más a mediados de junio. En Estados Unidos, también alcanzó el número uno a los pocos días del lanzamiento, y se mantuvo allí durante cuatro semanas. En Alemania fue uno de los dos álbumes no alemanes que escaló al número uno en 1971.

¿Es Sticky Fingers el mejor álbum de los Stones? Así lo consideran unos cuantos, pero pienso que es algo que depende del gusto de cada cual. En todo caso, está entre sus mejores trabajos discográficos. Fue además un digno sucesor de Beggar’s banquet y Let it bleed y marcó la pauta para el resto de la década. Es también uno de sus más variados y compactos, pues conviene anotar que no contiene canciones flojas o de relleno. Y muestra en su mejor momento a una banda que puede presumir de una de las trayectorias más brillantes, fecundas y rentables de la historia del rock.