Actualizado: 23/09/2022 21:11
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Tina Modotti, Exposición, Fotografía

La revolucionaria trotamundos

Una exposición en Madrid recorre la vida y el trabajo de Tina Modotti. Su legado fotográfico constituye un paradigma por la sorprendente síntesis de la estética vanguardista artística y el contenido revolucionario y social

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Se le considera una de las figuras imprescindibles del primer tercio del siglo XX. Como mujer, desde muy joven asumió un rol opuesto al que imponían las normas patriarcales. Se destacó como activista política y social. También fue actriz y modelo, y tuvo una fructífera trayectoria como fotógrafa. Pese a que esta fue breve, alcanzó a crear una obra que constituye un referente de la fusión entre la estética fotográfica vanguardista y la cultura revolucionaria. Un legado que es esencial para comprender las luchas sociales en América Latina y Europa durante la primera mitad del siglo XX. Esa mujer excepcional fue Tina Modotti (Udine, 1896-México, 1942).

Para conmemorar las ocho décadas de su fallecimiento, en Madrid se puede ver actualmente una exposición que recorre la biografía y la obra de quien es una de las grandes fotógrafas de la pasada centuria. La alberga el Museo Cerralbo y sus comisarios han sido María de las Nieves Rodríguez Méndez y Reinhard Schultz. Está integrada por 108 fotos, e incluye además objetos, libros y retratos de Edward Weston, quien fuera maestro de Modotti. Se ha organizado en varios bloques temáticos, que se centran en aspectos concretos: su extraordinaria vida, la confluencia de clasicismo y vanguardia en sus primeros trabajos, la presencia del pueblo mexicano en sus fotos, su vinculación al Partido Comunista de México, su relación con Julio Antonio Mella, la faceta más artística de su labor fotográfica y, por último, su actividad en el cine.

Para Schultz, es muy importante exponer la obra de Modotti al mundo de habla hispana, pues en su opinión “no se ha expuesto lo suficiente”. Por su parte, Rodríguez Méndez ha expresado que “recuperar la memoria de Tina en este momento es fundamental”, pues “ha sido un personaje que ha estado a la sombra durante muchísimos años, y que es fundamental para entender no solo los movimientos sociales en América Latina, sino también el desarrollo de la fotografía documental en un momento tan importante como fueron los años 20 en México”.

Modotti era hija de una familia pobre de la Italia del Norte, y a los doce años tuvo que abandonar la escuela para trabajar en una fábrica textil. Siguiendo los pasos de su padre, en 1913 llegó como inmigrante a Estados Unidos. Allí dio las primeras muestras de su compromiso con las causas sociales: colaboró con el Comité de Socorro Italiano y organizó representaciones teatrales con el fin de recaudar fondos para sus compatriotas. A través de los contactos que estableció con el teatro, se inició como actriz. Incursionó en el cine y participó en tres películas: The Tiger’s Coatl (1920), Riding the Death (1921) y I Can Explain (1922). Solo se ha conservado la primera, que se proyecta parcialmente en la exposición. También se pueden ver algunas fotos de su etapa en Hollywood. En algunas lleva trajes cosidos por ella misma.

Se convirtió en una especie de monja comunista

En 1918 contrajo matrimonio por primera vez con el franco-canadiense Roubaix de L’Abrie Riche. Era poeta y la puso en contacto con los círculos intelectuales, entre ellos los de los mexicanos que residían en Los Ángeles. Poco después conoció al afamado fotógrafo Edward Weston (1886-1958), con quien empezó una relación profesional y sentimental. Él la tomó como aprendiz y le enseñó las bases de la fotografía modernista. Pero pronto ella se desvinculó del estilo de su maestro y comenzó a crear un incipiente lenguaje propio. Con Weston viajó en 1922 a México, que fue donde esa inesperada vocación se desarrolló realmente. Cuando se dirigía en tren a la capital mexicana, Modotti recibió un telegrama donde le anunciaban la muerte de su esposo a causa de la viruela.

Weston dejó a su familia para irse a vivir con ella. En 1923 se trasladaron a México y pasaron a trabajar en un taller que compartían. El encuentro con aquel país cambió su vida y allí Modotti realizó, entre 1923 y 1930, la mayor parte de su trabajo fotográfico. Alejandra Ortiz Castañares ha escrito que la presencia de Modotti y Weston “fue una feliz combinación de reciprocidad cultural: por un lado fue determinante para la modernización fotográfica en ese país, que se hallaba estancado en el pictorialismo de fin de siècle. Fueron referentes para los fotógrafos Manuel y Lola Álvarez Bravo, Agustín Jiménez y su discípula Aurora Eugenia Latapí”.

La pareja se sumó al movimiento cultural que, a partir de la revolución de 1910, transformó México. A su círculo de amistades pertenecían, entre otros, Diego Rivera y Frida Kahlo, quienes se casaron en la casa de ellos. Modotti además posó para Rivera y aparece incorporada en uno de sus murales, el titulado El arsenal (1928). En 1926, Weston regresó a Estados Unidos, pese a lo cual los dos mantuvieron la amistad por varios años.

A partir de 1927, Modotti pasó a militar de forma activa en el Partido Comunista. Hizo traducciones para la revista El Machete. Al tomar conciencia de los problemas sociales, el tema de sus trabajos empezó a cambiar y poco a poco fue creando el imaginario simbólico de la revolución. Se dedicó a tomar fotos de las reuniones y actos, así como otras que pudiesen expresar el mensaje ideológico por sí solas. Una de las más conocidas es la de la hoz y el martillo cruzados sobre la copa de un sombrero mexicano, emblemas de la vida y la lucha de los campesinos mexicanos. Como comentó Rivera, Modotti “se convirtió en una especie de monja comunista”.

Modotti también se encargó de fotografiar las obras del movimiento muralista, surgido en los años 20 para difundir a un público masivo parte de la vida y la cultura del pueblo mexicano. Muchas de aquellas fotos fueron impresas en tarjetas postales, lo cual les dio una difusión más amplia. Gracias a esa labor suya, hoy se pueden conocer algunos murales ya desaparecidos, pues la mayoría se realizaron en las paredes de edificios públicos. Incluso hay algunos de Rivera que se han podido reconstruir gracias a ella.

De acuerdo a la comisaria Rodríguez Méndez, existen dos periodos esenciales en la ejecutoria de Modotti. Están separados por el año 1927, cuando empezó a fotografiar murales y a militar en el Partido Comunista mexicano. Afirma que “son dos fotógrafas completamente diferentes”: hay una Tina que está experimentando con el formalismo, y otra que, a partir de 1927, inicia una experimentación de la vanguardia, vinculada a la causa revolucionaria.

En vida, solo hizo una exposición

Los trabajos correspondientes a la primera etapa poseen un claro sello vanguardista. Entre sus motivos preferidos estaban los cables del tendido eléctrico, los estadios, los puentes, los tanques de agua. También retrató flores y estructuras arquitectónicas, en imágenes cuya composición busca la abstracción total. Y a propósito de sus poderosas fotos de flores, a algunos críticos les recuerdan las que Robert Mapplethorpe hizo medio siglo después.

Modotti sigue una estética que se hallaba en consonancia con la de los estridentistas, quienes apostaban por lo moderno, lo cosmopolita y lo urbano y rechazaban el pasado. Asimismo, realizó retratos, pues entonces se puso de moda posar ante su cámara. Eso le permitió ganar dinero fotografiando a personajes de la clase alta mexicana. Entre las obras de ese grupo, está el retrato de María Martín de Orozco, cuñada de Rivera.

También retrató mucho la comunidad indígena. Su acercamiento a esos hombres y mujeres es cercano e intimista y en él se advierte una preocupación por dignificarlos. Tomó escenas de maternidad, así como otras con niños y mujeres jóvenes, que siempre son mostrados en sus ropas habituales. Modotti fue, asimismo, una de las primeras que presentó la realidad de las mujeres trabajadoras y la marginación que sufrían las indígenas. Lo hizo en retratos muy cuidados, en los cuales se filtra el compromiso social, además de cierta voluntad documental.

Buena parte de sus trabajos más artísticos pasaron a integrar la exposición que realizó en 1929, única individual que hizo en vida. La montó en el vestíbulo de la Universidad Nacional Autónoma de México, y como estaba orientada a las clases trabajadoras se estableció un horario adecuado para que estas la pudieran visitar. La muestra del Museo Cerralbo evoca el estilo expositivo lineal seguido por Modotti al preparar la suya. Acerca de aquella exposición, el pintor David Alfaro Siqueiros dijo que era la más importante presentada en México en los últimos diez años, y también la primera de fotografía revolucionaria.

El 10 de enero de ese mismo año, fue asesinado en la capital azteca Julio Antonio Mella, quien en ese momento era su pareja. El dirigente estudiantil y comunista cubano hizo que ella se sintiera fotógrafa de nuevo y que no se dedicase exclusivamente a la línea política y documentalista que seguía. Modotti iba con él cuando lo balearon y fotografió su cadáver. En la muestra de Madrid hay una imagen de la máquina de escribir de Mella, y en el folio se ve escrita una frase trotskista acerca de la creación artística. La primera vez que se publicó la modificaron para evitar problemas con la censura. Eso hizo que la frase no apareciera.

La Juana de Arco de la cámara

El proceso por el asesinato de Mella fue utilizado para desacreditar a Modotti, por sus actividades políticas y su vida privada, considerada inmoral. Viajó entonces a Tehuantepec, donde se dedicó a retratar fundamentalmente a mujeres en su vida diaria. En 1930 el Partido Comunista fue ilegalizado y ella fue expulsada y deportada de México. Estados Unidos se negó a darle entrada, así que tomó un barco hacia Europa. Tampoco pudo volver a Italia, pues allí cobraba fuerza el régimen fascista de Mussolini. Eso la llevó a pasar varios meses en Berlín, donde llevó una existencia muy discreta.

En 1930 se fue a Moscú con el italiano Vittorio Vidali, con quien se había casado. A partir de entonces, trabajó junto con él para el Partido Comunista soviético. Fueron enviados a París y luego a España. Al estallar la Guerra Civil, apoyaron a los republicanos. Ella colaboró como enfermera, entrenadora de milicianos, vigilante de cocina, y al finalizar el conflicto bélico ayudó a la evacuación de los refugiados. Organizó además la sección local de Socorro Rojo Internacional, de cuyo Comité Ejecutivo era emisaria. Fue también supervisora de Ayuda, revista semanal de esa organización. En ella colaboró asiduamente el narrador cubano Lino Novás Calvo.

Modotti también estableció relaciones con intelectuales como Pablo Neruda, Rafael Alberti y Miguel Hernández. A este último lo asesoró en la edición del poemario Viento del pueblo, del cual se puede ver un ejemplar en la muestra. También se exhibe una copia de un libro de Alberti abierto en las páginas donde aparece un poema dedicado a ella. Tras la muerte de la fotógrafa, Neruda hizo algo similar. En 2014 el Palazzo Madama de Turín acogió la exposición Tina Modotti: porque el fuego no muere, que tomó como título el último verso del poema del escritor chileno.

En 1939 Modotti regresó a México con un nombre falso, pues la orden de expulsión contra ella aún estaba vigente. No obstante, eso no le impidió trabajar incansablemente en la acogida de los exiliados españoles. Vivió sus últimos años retirada, con poco dinero y escaso contacto con sus viejos amigos y compañeros. El 6 de enero de 1942 falleció de un paro cardíaco cuando viajaba en un taxi. Poco antes, había logrado recuperar su identidad.

Debido a su entrega a la lucha política, no dejó una obra abundante. Se reduce a 400 imágenes. Al menos esa es la cifra de negativos que hoy se conservan, en su mayoría en el Archivo Museo Fotográfico de Pachuca, en Hidalgo, y en el Archivo Fotográfico de la UNAM. Pero a pesar de que carrera fue breve, Modotti creó una estética de gran fuerza, que es un paradigma por la sorprendente síntesis de la estética vanguardista artística y el contenido revolucionario y social. Eso la convirtió en una de las máximas representantes de la fotografía de esa etapa. Hoy sus obras se encuentran entre las más caras del mercado fotográfico y tiene el récord de que en 1991 su obra Rosas fue vendida en una subasta de Sotheby’s por 165 mil dólares. Al celebrarse en 2010 una exitosa retrospectiva suya en Viena, el periódico Neue Zürcher Zeitung la definió como “la Juana de Arco de la cámara”.

La exposición Tina Modotti se puede ver hasta el 2 de octubre en el Museo Cerralbo, Ventura Rodríguez, 17, Madrid. Entrada gratuita.

En YouTube se puede ver el recomendable documental Tina Modotti: el dogma y la pasión.