Actualizado: 27/06/2022 11:58
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Cultura

Lino Novás Calvo, Literatura, Literatura Cubana

La vuelta a casa del emigrante

Con la celebración de unas jornadas dedicadas a Lino Novás Calvo, el Consello da Cultura Galega ha iniciado la recuperación del legado de quien hasta ahora era allí un desconocido

Enviar Imprimir

Aunque él mismo no se consideraba español ni cubano, sino un emigrante, un “extranjero en todas partes”, Galicia, su tierra natal, estaba en deuda con Lino Novás Calvo (1903-1983). Allí vivió hasta su adolescencia, y aunque tras su partida hacia Cuba solo volvió una vez, en 1931, en varios cuentos evocó y recreó los años que vivió en As Grañas do Sor, la parroquia del Ayuntamiento de Mañón situada “en la más lejana periferia de la periferia”. Así la define Héctor J. Porto. Lo hace en “El regreso a Galicia de Lino Novás”, un artículo que publicó el 6 de junio en Fugas, el suplemento de ocio y cultura del diario La Voz de Galicia. Y en el mismo reconoce que el autor de La luna nona en gran medida sigue siendo allí un desconocido.

El trabajo de Porto apareció a propósito de un hecho que constituye el primer paso que se da para remediar esa injusta carencia. El 19 y el 20 de junio, el Consello da Cultura Galega organizó las jornadas Lino Novás Calvo. A ese lugar de donde me llaman. Durante esos dos días, profesores y estudiosos de la obra del escritor abordaron distintos aspectos de su trayectoria vital y literaria. A ellos se sumó su hija, la también escritora Himilce Novás del Portal, quien desde Estados Unidos compartió, a través de una videoconferencia, recuerdos y vivencias relacionados con su padre.

Precisamente, ese regreso de Lino a la tierra donde nació debe mucho a Himilce. Con el firme convencimiento de que su padre “fue un escritor gallego”, decidió donar al Consello da Cultura los documentos de él que ella conservaba. La institución será a partir de ahora responsable de ordenarlos, custodiarlos y preservarlos. Para contribuir a difundir tan importante donación, lo primero que se ha hecho es digitalizar los fondos recibidos, que progresivamente serán puestos en internet. Eso permitirá que así los investigadores tengan acceso a ellos.

El segundo paso de este “retorno” de Lino a Galicia ha sido la realización de las jornadas Lino Novás Calvo. A ese lugar de donde me llaman (la frase corresponde al título de uno de sus cuentos). El Consello da Cultura las organizó como una forma de agradecer y corresponder a Himilce por su generosidad y su confianza. Para ello, se invitó a ocho especialistas, a quienes previamente se les asignó abordar un tema específico. Eso, además de evitar duplicaciones, dio la posibilidad de que la figura y la obra del escritor fueran analizadas desde diferentes ángulos y perspectivas.

Asimismo algunas de las intervenciones arrojaron luz sobre aspectos escasamente estudiados. Y sobre todo, es de resaltar el que por primera vez se señalase algo que Ramón Villares, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Santiago de Compostela y presidente del Consello da Cultura, expresó en un artículo aparecido en La Voz de Galicia: “Aunque no es un escritor gallego en términos canónicos, la obra de Lino Novás Calvo está tan penetrada de emociones y de sentimientos de su condición de emigrante, que bien podría ser considerado como uno de los mejores escritores de la emigración”.

Durante las jornadas, esa idea fue desarrollada por el poeta Luis G. Tosar en “Lino Novás Calvo en el contexto de la literatura hispanoamericana del siglo XX”. En su intervención, ubicó al autor de Cayo Canas en el numeroso grupo de escritores gallegos que emigraron a América, unos por motivos económicos y otros por razones políticas. Una nómina en la cual figuran, entre otros, Rafael Dieste, Castelao, Eduardo Blanco Amor, Luis Seoane, Lorenzo Varela y Xosé Neira Vilas. Este último, tras emigrar a Argentina en 1949, pasó a residir en Cuba a partir de 1961. Allí fundó la sección gallega del Instituto de Literatura y Lingüística, que dirigió durante veintidós años.

Por su parte, Bernardo Penabade se acercó a la figura de Lino, a la cual, expresó sentirse profundamente identificado “porque nuestras casas nativas están muy próximas —desde una se ve la otra— y porque —aunque distantes algo más de medio siglo— compartimos muchas vivencias. Leo hoy lo que él ha escrito y veo mi propio retrato de infancia y no solo por el lugar de ambientación”. A partir de esa premisa, narró cómo supo de aquel ilustre escritor nacido en su misma zona y cómo poco a poco fue entrando en su obra. Eso lo llevó a emprender posteriormente una labor divulgativa de la misma, “primero en la comarca vertebrada por la Sierra Faladora y después en el panorama cultural gallego”.

Regreso a España en la década de los 30

Emilio Grandío y Pilar Cagiao, ambos profesores de Historia de América en la Universidad de Santiago de Compostela, aportaron iluminadoras intervenciones sobre sendos períodos de la trayectoria biográfica de Lino. En “El retorno de un inmigrante: la década de los treinta”, Grandío partió de documentos pertenecientes a la donación hecha por Himilce, para revelar aspectos de la etapa que Lino pasó en España, entre 1931 y 1939. Se refirió, por ejemplo, a sus vínculos con el Ateneo de Madrid, que no se redujeron a su asidua asistencia a la biblioteca (allí fue donde realizó la investigación para redactar Pedro Blanco, el negrero).

Muy interesante fue poder ver el documento mediante el cual se exculpaba a Lino de la acusación presentada en 1937 por Francisco Carmona Nenclares. Según este, años atrás había publicado varios artículos contra los obreros asturianos, algo que en un momento como aquel podía llevarlo ante el pelotón de fusilamiento. En defensa de Lino se levantaron las voces de intelectuales como José Bergamín, Rafael Alberti, María Zambrano y Pablo Neruda. El escritor pasó una noche detenido en el Palacio Spínola, en espera de que Carmona Nenclares presentase las pruebas de su supuesta culpabilidad. Este, sin embargo, finalmente tuvo que admitir que el autor de los artículos era otro, y al día siguiente Lino fue liberado.

Pilar Cagiao se refirió a la etapa de Lino en Cuba, a partir de su regreso en 1939. Hizo un sucinto pero bien documentado resumen del panorama histórico y político correspondiente a esos años. Y analizó la evolución ideológica que experimentó el escritor en esa etapa. Como él le comentó a José María Chacón y Calvo en una carta, a Cuba volvió “con toda la tragedia de España en el alma y un trapo sobre el cuerpo”. Entonces se interesó en comprender la sangre y el fuego que había presenciado en la Guerra Civil española (“estaba demasiado dentro de ellos para ver”). Eso lo llevó a escribir numerosos artículos que vieron la luz en el diario Noticias de Hoy, órgano del Partido Unión Revolucionaria Comunista (a partir de 1944, pasó a llamarse Partido Socialista Popular).

Pero en los años posteriores cayó en un profundo abatimiento espiritual y un desencanto en el plano ideológico. En 1946, en una carta a su buen amigo José Antonio Portuondo que Pilar Cagiao citó, le dice: “Aunque te escribo en rojo, ya yo no soy rojo —ni de ningún otro color, hasta ver si se inventa un color nuevo. Todos los demás están ciguatos”. Resultó por eso toda una sorpresa descubrir que entre los documentos de Lino que ahora preserva el Consello da Cultura se encuentra su carnet de afiliación al Partido del Pueblo Cubano, más conocido como Partido Ortodoxo. Mas debió ser un embullo pasajero. Hasta fines de la década de los 50, continuó arrastrando lo que él definió como una falta de misión, “la misión que da el estar identificado con algún sector humano en marcha, con fe, con generosidad, con idealidad, con amor, con sacrificio, con pasión y con un propósito y contra algún estorbo”. Cuando se produjo el triunfo de la revolución cubana, no estuvo entre quienes saludaron el hecho con optimismo y esperanza. Por el contario, muy pronto optó por el camino del exilio y en septiembre de 1960 se marchó de la isla, vía Bogotá.

Los otros participantes centraron sus intervenciones en aspectos literarios. El español Jesús Gómez de Tejada, quien obtuvo su doctorado con la tesis El negrero de Lino Novás Calvo y la biografía moderna (Universidad de Sevilla, Secretaría de Publicaciones, 2013), tituló la suya “Autobiografía y biografía en Lino Novás Calvo: atracción por lo extraordinario”. A través del minucioso análisis de textos periodísticos y cartas del escritor, estructuró lo que, a juicio suyo, viene a ser la concepción que este tenía acerca del género biográfico.

Eso lo llevó a recurrir a la hibridez documental y a defender el empleo de la invención. Al referirse a Pedro Blanco, el negrero, Gómez de Tejada afirma que demuestra una concepción acorde a las nuevas maneras de asumir ese género. Y destaca la “elasticidad y fecundidad del dato que Novás, forzado por la precariedad documental que rodea a su biografiado, lleva hasta los márgenes de una biografía novelada de rigurosa documentación histórica, aguda penetración psicológica y pleno sentido artístico”.

Ana Chouciño Fernández también es profesora de la Universidad de Santiago de Compostela, donde además dirige la Cátedra de Cultura Cubana Alejo Carpentier. Su aportación a las jornadas se tituló “Lino Novás Calvo en el contexto de la literatura hispanoamericana del siglo XX”. En su intervención ofreció una visión panorámica de lo que estaba ocurriendo en la América hispana en los años en que el escritor desarrolló su labor más importante. Fue aquella en la cual publicó, además de Pedro Blanco, el negrero, las colecciones de cuentos Cayo Canas y La luna nona, en donde figuran varios de sus textos más logrados.

Creador que huyó de los esquemas rutinarios

Chouciño Fernández se refirió a las coincidencias temáticas de “La noche de Ramón Yendía” y El acoso, la novela corta de Carpentier. Eso dio lugar a que se recordaran las reticencias mostradas por Lino a hablar sobre la obra de su colega. Por ejemplo, en un largo artículo que dio a conocer en Madrid en 1932, repasó pormenorizadamente el panorama literario cubano de ese momento. Sus comentarios críticos son siempre encomiásticos y, en algunos casos, particularmente generosos. Asimismo dedicó amplio espacio a los autores que se nuclearon en torno a la Revista de Avance: Jorge Mañach, Juan Marinello, Félix Lizaso, José Z. Tallet, Francisco Ichaso. En cambio, cuando le toca hablar sobre Carpentier dice que no puede hacerlo porque no lo conoce. De alguna manera, su argumento está respaldado por algo que anota en otro momento: “Este fichero se refiere exclusivamente a los hombres que hay detrás de los literatos, a los hombres que yo traté”.

Desde Cuba viajó la investigadora Cira Romero, quien tanto ha hecho por la recuperación del escritor en la isla. En las jornadas leyó el trabajo “Lino Novás Calvo en el eje de la revista Bohemia”. En el mismo analizó la labor realizada por él, entre 1941 y 1953, en esa publicación. El resultado fueron 17 artículos, 14 cuentos y 130 traducciones que aparecieron bajo su firma. Tras hacer un lúcido estudio de esas tres vertientes, Romero concluye que aquella actividad significó “su grandeza como periodista” y lo reafirmó “en su larga trayectoria como cuentista y traductor. La asombrosa capacidad para contar y recrear historias, la posibilidad que tuvo de elevar la tensión dramática en diversas modalidades genéricas y la virtud de hacer más artísticas sus historias reales, así como la destreza para develar sucesos a veces caóticos y asombrar a los lectores por la verosimilitud enunciada en la historia, lo elevan al plano de lo que siempre fue: un creador que huyó de los esquemas rutinarios para darle vida y color a sus textos de cualquier naturaleza”.

Por último, quien firma estas líneas leyó un trabajo titulado “Lino Novás Calvo y sus maneras de contar”. Tuvo como tema central la narrativa breve que el escritor dio a conocer en su etapa de madurez, y el propósito fue analizar cómo en esos textos logró una admirable síntesis entre identidad nacional y modernidad, uno de los grandes retos que el arte y la literatura de Hispanoamérica tuvieron que enfrentar en las primeras décadas del siglo XX. Asimismo el trabajo pone un especial énfasis en demostrar que su proyecto de renovación tuvo como base la unión de corrientes y tendencias que hasta entonces eran consideradas antagónicas: tradición y modernidad, regionalismo y cosmopolitismo, influencia y originalidad, realidad y fantasía.

Hay que agradecer al Consello da Cultura Galega por la iniciativa de haber realizado esas jornadas. Organizarlas significó un esfuerzo, dados los problemas económicos por los que atraviesa España. Una vez concluidas, hay que felicitar a sus organizadores porque además quedaron muy bien y dejaron un balance muy positivo. Entre otros aspectos, marcan el inicio de la recuperación de un autor que, como bien se apunta en el programa del evento, “tiene un sabor cubano por aprendizaje, pero es inequívocamente gallego por tradición familiar e incluso cultural, aprendida en esa infancia ortegana, pero también por el intenso contacto que mantuvo en la capital cubana con la colonia inmigrante gallega”. Pese a que nunca esperó que le reconocieran en su tierra natal, Lino nunca negó sus orígenes y se preocupó de plasmarlos a través de su obra. Nada más natural, pues, que ahora Galicia recupere unos lazos a los cuales el escritor nunca renunció.

Y dado que, como antes mencioné, el hecho que propició la celebración de estas jornadas fue la donación del archivo por Himilce, me parece pertinente dedicar algunas líneas al mismo. Consiste en trece cajas cuyo contenido es diverso. La mitad de ellas acumulan los volúmenes que formaban la biblioteca del escritor. Abundan las antologías, los libros de texto, los ensayos y las obras de autores latinoamericanos. Al respecto, conviene recordar que entre 1967 y 1974 Lino trabajó como profesor de español en la Universidad de Syracuse.

El resto de las cajas atesoran fotos, objetos, cartas, recortes de prensa, manuscritos y documentos personales. Entre estos últimos, se hallan su partida de nacimiento, su certificado de matrimonio, títulos, diplomas, carnés, permisos de conducir, salvoconductos de guerra. Llama la atención que un hombre que vivió una existencia tan azarosa y trashumante, fuera capaz de conservar todos esos documentos a lo largo de tantos años. Hay varios que pertenecen a los años que pasó en la década de los 30 en España, de donde tuvo que escapar a través de Francia. Fue también accidentada su salida de Cuba en 1960, pues salió tras pedir asilo en la embajada de Colombia. ¿Cómo se las arregló entonces para conservar y llevar con él con todo ese material?

En una carta, fechada en Nueva York a fines de 1963 y que forman parte de la colección que ahora custodia el Consello da Cultura Galega, Lino le escribió a su entrañable amigo José María Chacón y Calvo: “Para mí la vida no ha sido más que una agonía, y la muerte no vendrá tan callada que no la sienta venir. Ha sido mi destino que las mareas me llevaran siempre al centro de las borrascas. Usted bien lo sabe que yo no las busqué; ellas a mí me buscaron. Este es mi cuarto exilio y Dios sabe si aún faltan otros”. Con este regreso simbólico a su tierra natal, viene a cerrarse el periplo de aquel adolescente nacido bajo el signo del desarraigo a quien —cito a Guillermo Cabrera Infante— sin saberlo su madre envió a ser uno de los grandes escritores cubanos.