Actualizado: 23/10/2017 19:18
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Literatura, Literatura cubana, Poder

Literatura y poder, una relación mal llevada

En su estreno como ensayista, Waldo Pérez Cino revisa la narrativa cubana posterior a 1959 para analizar su articulación en el sistema de legitimidad y valor que constituye el canon literario

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Conocido esencialmente por su obra poética —Cuerpo y sombra (2010), Apuntes sobre Weyler (2012), Tema y rema (2013), Escolio sobre el blanco (2014)— y narrativa —La demora (1997), La isla y la tribu (2011), El amolador (2012)—, Waldo Pérez Cino (La Habana, 1972) se ha dado a conocer recientemente como ensayista. Lo ha hecho de la mejor manera, con un libro de valores muy sólidos: El tiempo contraído. Canon, discurso y circunstancia de la narrativa cubana (1959-2000) (Almenara, 2014, 248 páginas).

En su libro, Pérez Cino se ocupa, como adelanta el título, de la narrativa cubana posterior a 1959. Pero a diferencia de muchos otros estudios que se han publicado, lo emprende para analizar “su articulación en el sistema de legitimidad y valor que constituye el canon literario”. Se centra sobre todo en la relación que se estableció entre esa narrativa y los discursos críticos. Un nexo que, el caso cubano, “ha estado condicionado en grandísima medida por la política y la ideología”. De ahí que en su ensayo aborda, en parte y como resulta inevitable, las relaciones entre cultura y poder. No obstante, Pérez Cino aclara que el recorrido hecho por él las estudia “desde dentro del sistema en que se articulan, es decir, desde las construcciones crítica, ideológica, literaria, que organiza las expectativas de valor con respecto a la creación y a la recepción de literatura”.

En el primer capítulo, Pérez Cino se detiene a discutir el concepto mismo de canon literario. Como allí expresa, “para bien o para mal (…), esas instituciones que son el género y el canon literario determinan, marcan, en una u otra dirección la forma en que nos acercamos a la literatura. Condicionan la manera en que leemos y escribimos y en buena medida lo que leemos y escribimos”. Esas páginas constituyen un necesario y esclarecedor preámbulo a los siguientes capítulos, en los cuales su autor pasa a exponer y desarrollar la tesis y las ideas que sustenta.

En “Cuba: circunstancias y expectativas”, empieza por resumir cuál era el panorama en el momento inmediatamente previo al cambio que empezó a producirse en Cuba a partir del año 59. Parte del espacio lo dedica a las prácticas culturales y las figuras emblemáticas del Grupo Orígenes, que en su opinión tuvo un peso significativo en la formación del canon literario cubano de las décadas de los 50 y los 60. En ese sentido, afirma que esos veinte años pudieran llamarse con toda razón los años de Orígenes, eso sin restar valor a los otros focos que influyen o dialogan con el núcleo origenista. Un canon literario que el proyecto literario se daría primero a impugnar y después, “a recuperar (lo menos en tanto imaginario simbólico congruente con el nuevo discurso nacionalista de las últimas décadas del siglo XX)”.

Pérez Cino revisa después el período 1959-1971, el de “los años del entusiasmo y la reconfiguración del canon”, que resulta esencial para el tema que aborda en su ensayo. Dentro de ese bloque, examina con detenimiento e inteligencia, a Lunes de Revolución y el discurso conocido como “Palabras a los intelectuales”. El suplemento cultural, para él heredero de la revista Ciclón, le sirve para ilustrar en el momento inicial de esa etapa el “discurso engagé, pero crítico con el marxismo o situado en las antípodas de la ortodoxia del partido, a la vez que vinculado a las vanguardias europeas y comprometido con el proceso cultural cubano”.

Respecto al discurso que Castro pronunció en la reunión celebrada en la Biblioteca Nacional, señala que la conocida fórmula de “dentro de la Revolución, todo; fuera de la revolución, nada”, involucra al menos dos divisiones que tienen que ver tanto con la definición del intelectual en el nuevo contexto como con la legitimidad de la creación artística. Dos aspectos, puntualiza Pérez Cino, que van a determinar inevitablemente el canon crítico cubano y el canon literario en su conjunto. Aunque el rigor analítico y reflexivo que el autor despliega en esas páginas lo desaconseja, voy a asumir el riesgo de citar un fragmento que me parece particularmente lúcido:

“Tanto la prohibición (contra la Revolución, nada) como el ajuste a la norma (dentro de la Revolución, todo) requieren, a la hora de evaluar si las obras se adecúan a ellas, un rasero de valor contenidista que las juzgue, a ellas y a su autor, según su discurso cumpla o no con determinadas expectativas explícitas (la discrecionalidad de la norma, en este caso, potencia el control sobre el discurso de los textos al mismo tiempo que hace todavía más necesario, si cabe, un rasero valorativo centrado en él; será preciso centrarse en el discurso si es este la medida de la validez de la norma). Las garantías o el «consenso» sobre la libertad formal, aun cuando se «declaran» en «Palabras a los intelectuales» y figuran en esa lógica, no tienen ningún peso, o el que tienen es peso muerto: ¿a quién podrá importarle ya la forma de una manera central, si la obra va a ser legítima solo en tanto su discurso —su contenido— se inscriba dentro de la Revolución?”.

Literatura con tradición y literatura «por hacer»

En términos críticos o de creación, en aquel discurso no solo se establecía una exclusión abierta, sino sobre todo una prescripción. El ajustarse a ella era lo que daba legitimidad a una obra. Pérez Cino menciona algunas novelas —El plano inclinado, de Noel Navarro, Los animales sagrados, de Humberto Arenal, Siempre la muerte, su paso breve, de Reynaldo González, Rebelión en la octava casa, de Jaime Sarusky— que, si bien no podían considerarse textos contra la Revolución, tampoco llegaban a estar completamente dentro.

Eso hizo que, en su momento, fueron escasamente atendidas por la crítica y, por lo tanto, quedaron fuera del corpus narrativo reconocido por el canon crítico. Al no “existir”, apunta Pérez Cino, “no pudieron, en virtud de esa invisibilidad, ejercer influencia en presente sobre otros textos del corpus entonces emergente; (…) no pudieron seguir en su día el que hubiera sido su desarrollo natural”. Asimismo, hace notar que libros que mostraban aquello que antes se le había criticado a P.M. (1961) por no mostrar —esto es, la épica de la Revolución—, acabaron recibiendo el mismo anatema que aquel documental: el de ser contrarrevolucionario. El ejemplo más conocido es seguramente el del libro de cuentos de Eduardo Heras León Los pasos en la hierba.

La puesta en práctica de los documentos aprobados en el Congreso Nacional de Educación y Cultura (1971) representó el fin de un ciclo y el comienzo de otro: “el inicio de los años soviéticos y de sus políticas culturales, pero también (…) de la forma definitiva que toma para entonces el sistema del canon literario y la fractura que ello supone”. La consecuencia más importante fue el cierre de la discusión sobre el papel del intelectual en la Revolución, el fin del diálogo, pautado y con premisas dadas de antemano, pero diálogo, al fin y al cabo. En el plano literario, ocasionó una escisión entre literatura cubana y literatura de la Revolución o literatura socialista. La primera contaba con una tradición, con una biblioteca, con un canon; la segunda, por el contrario, era una literatura «por hacer», un desiderátum que se reformulaba permanentemente. Esa dicotomía provocó una ruptura del canon literario cubano, que hasta mediados de los años 80 tuvo una configuración a un tiempo disfuncional y doble.

En el penúltimo capítulo de El tiempo escindido, su autor estudia la repercusión que tuvieron en el campo político y, por ende, en el cultural los radicales cambios que se produjeron en la Unión Soviética con la llegada al poder de Mijaíl Gorbachov. En Cuba, los intelectuales y artistas volvieron a tener una participación activa, un proceso que se aceleró y enriqueció en la década de los 90. Pérez Cino menciona la revitalización de una cultura crítica, de la cual menciona, entre otros exponentes, a Arte Calle, los espectáculos teatrales de Víctor Varela, los conjuntos de danza de Marianela Boán y Rosario Cárdenas y la música de cantautores como Carlos Varela, Frank Delgado y Gerardo Alfonso. Acerca de ellos, escribe que fueron, “por así decir, el correlato insular vivo, activo, de los cambios que iban teniendo lugar en el socialismo europeo”.

De esos años, Pérez Cino destaca la aparición de los grupos Paideia y Diáspora(s), así como la restauración iniciada a fines de los 80 y que determina la configuración actual del canon literario. A propósito de esto último, se pregunta qué se restauró: “¿Un discurso nacionalista, que llenara el vacío ideológico postsoviético? ¿Un Canon que había quedado congelado, inactivo, aquel del que había pretendido hacer borrón y cuenta nueva el canon crítico marxista? ¿O acaso una relativa autonomía intelectual con respecto a lo ideológico, aquella capacidad de interlocución que se había perdido en los setenta?”. Su respuesta es: lo que se restauró fue la configuración triple del sistema, o sea, la circulación efectiva y recíproca de influencias entre Canon, canon crítico y corpus literario que había desaparecido, cunado esos tres elementos quedaron reducidos a dos.

En una entrevista, a Pérez Cino le preguntaron qué había cambiado en la literatura cubana y dio esta respuesta que me parece pertinente reproducir: “Hay, al menos, dos factores a considerar respecto a esos cambios. El primero, el más obvio, pasa por una diversidad que es resultado, entre otras cosas, del alejamiento tanto de lo ideológico como de la idea de nación, sin que por eso se soslayen una dimensión política ni la circunstancia cubana. En ese sentido, el espectro de prácticas y de posiciones con respecto a la literatura y su relación con lo ideológico y con lo nacional es hoy más amplio que nunca. Ahora bien, otra cosa viene a ser cómo se lea esa diversidad, cómo circule en términos de legitimidad y valor, y ahí interviene un segundo factor, más complejo y que tiene que ver con la disfuncionalidad que introdujo en el canon literario cubano la escisión entre dos literaturas, una que todavía no había llegado —la literatura de la Revolución, que nunca llegó a cuajar como obra pero se mantuvo como desideratum durante décadas— y otra tradición literaria —fundamentalmente, la construida por Orígenes— que ya no podía ser plenamente efectiva en términos de influencia porque no respondía a las expectativas críticas del momento, hipertrofiadas ideológicamente y cuyo rasero valorativo estaba anclado a la inmediatez referencial y su eficacia como reflejo histórico. Esa escisión entre dos literaturas enfrentadas ya no existe como tal, pero la disfuncionalidad que produjo, o al menos sus efectos —sus secuelas, podría decirse—, se mantiene todavía. En ese sentido, la literatura cubana —y pienso no solo en la creación, también en su crítica y en la relación entre la una y la otra— sigue buscando su presente, salir de esa tensión entre el ya no y el todavía”.

He querido extenderme en el desglose del contenido del libro para dar una idea del mismo. Aclaro, no obstante, que es una síntesis parcial y posiblemente esquemática, que en modo alguno hace justicia a la riqueza de su discurso reflexivo. Este se halla respaldado, en primer lugar, con un adecuado acopio de documentación, que Pérez Cino revisa e interpreta con inteligencia. Redactado como tesis de grado para obtener el doctorado en la Universidad de Amberes, su ensayo cumplimenta los requisitos académicos y científicos. Pero la suya es ciencia sin aridez: posee la densidad de un estudio, a la vez que la claridad de un relato. Mérito este no muy usual y que, por tanto, hay que agradecer. No es fácil conjugar el rigor del ensayista con la amenidad del creador, especialmente al abordar un asunto tan complejo y abarcar un período tan extenso.

No siempre, la socorrida fórmula de decir que representa una aportación valiosa se ajusta a la obra que se busca recomendar. Sin embargo, en el caso de El tiempo escindido, se puede aplicar sin temor: gracias a su bagaje de valores y logros, la cumple con creces. Con su publicación, la bibliografía ya existente sobre el tema se ve enriquecida y completada.