Actualizado: 21/09/2021 16:36
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Surrealismo, Arte, Pintura

Los objetos quieren ser obras de arte

Una exposición multidisciplinaria explora la influencia del Surrealismo en el diseño y la arquitectura a lo largo de los últimos cien años. Una relación que ha sido recíproca y que ilustra las conexiones entre lo artístico y lo funcional

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El Surrealismo fue el movimiento artístico, literario e intelectual más fértil, inquietante y renovador de la Europa moderna. Significó una rebelión contra la lógica y los excesos de la “razón razonante” y un dictado del pensamiento sin la intervención reguladora del raciocinio, ajeno a toda preocupación estética o moral. De acuerdo a uno de sus estudiosos, el francés Maurice Nadeau, sus fundadores no lo consideraban una escuela artística, sino “un medio de conocimiento, y de conocimiento, en particular, de continentes hasta entonces no explorados sistemáticamente: lo inconsciente, lo maravilloso, el sueño, la locura, los estados de alucinación, en una palabra, el reverso del decorado lógico”.

Su influencia es muy evidente en manifestaciones como la literatura, el cine y las bellas artes, de donde provenían sus iniciadores y discípulos. Mucho menos conocido es, en cambio, el impacto que el Surrealismo tuvo en el diseño, al cual contribuyó a liberar del dogma que establece que “la forma sigue a la función”. Le descubrió nuevos caminos que abordaban la fantasía, las emociones, los miedos y otros aspectos existenciales. Esa influencia incluyó desde el mobiliario y el interiorismo hasta el diseño gráfico, las artes audiovisuales, la fotografía y la moda. Fue un proceso que se inició en los años 30 y se intensificó de manera especial después de la Segunda Guerra Mundial.

Aquella fue, sin embargo, una fructífera relación que no se produjo en un solo sentido. A su vez, el Surrealismo buscó inspiración en los objetos cotidianos, los cuales alteró para hacerlos más oníricos, fantasiosos, aterradores o emocionales. Entre otros ejemplos que lo ilustran, ahí están los “objetos encontrados” de Marcel Duchamp, los maniquíes de Giogio de Chirico, el pollo asado hecho con un par de zapatos de tacones de Meret Openheim y La pouppé, que Hans Bellman creó con brazos y piernas de algunas muñecas.

Esas conexiones y paralelismos que raramente se han estudiado se ponen de manifestó en la exposición multidisciplinar Objetos de deseo. Surrealismo y diseño, 1924-2020, concebida precisamente para arrojar luz sobre ese dialogo creativo y fascinante. La ha organizado el Vitra Design Museum, de Alemania, y ha contado con el apoyo de la Fundación La Caixa. Pasó ya por las instalaciones que esa institución posee en Barcelona y ahora ha recalado en las de Madrid (Paseo del Prado 26), donde podrá ser vista hasta el 31 de marzo. Asimismo, está previsto que en los meses siguientes llegue a Sevilla y Palma de Mallorca.

Se trata de una exposición muy disfrutable, que está permeada del espíritu irracional y libérrimo y el colorido surrealistas. La componen 279 piezas e incluye pinturas, esculturas, objetos de colección, carteles, revistas, libros y fotografías, así como películas históricas. Entre los artistas expuestos se encuentran Giorgio de Chirico, Man Ray, Le Corbusier, Joan Miró, Salvador Dalí, René Magritte, Roberto Matta, Claude Cahun, Ray Eames, Meret Oppenheim. Junto a ellos figuran diseñadores como Gae Aulenti, Iris van Herpen , Achille Castiglioni, Isamu Noguchi, Carlo Mollino y Shiro Kuramata, entre muchos otros. Las obras proceden de numerosas colecciones, fundaciones y museos del mundo, como la Fondazione Giorgio e Isa de Chirico, la Fundación Gala- Salvador Dalí, el San Diego Museum of Art, el West Dean College, el Museo Casa Mollino, la Fondazione Achille Castiglioni, la Eames Collection LLC, el Design Museum Den Bosch y el propio Vitra Design Museum, donde ya se expuso la muestra antes de que llegara a España.

Para explorar la fructífera relación entre las dos disciplinas a las que alude el título de la muestra, su comisario y director del Vitra Design Museum, Mateo Kries ha puesto a dialogar lo material y lo abstracto. Para ello, yuxtapone obras de arte surrealistas y piezas de diseño. La idea a partir de la cual las ha organizado se aleja del concepto que define los objetos como racionales, prácticos y funcionales. Kries, por el contrario, sostiene que “tienen significados más profundos que pueden provocar preguntas y llegar a cuestionar la realidad que se tiene delante”.

Ligar el arte a la vida diaria

La exposición tiene un núcleo audiovisual de inspiración onírica, a partir del cual se distribuye en cuatro ámbitos temáticos. El primero, titulado Sueños de la modernidad, se centra en recapitular la trayectoria del Surrealismo desde los años 20 hasta los 50. Esto es, desde el año en que André Breton dio a conocer el Manifiesto (1924) del movimiento hasta los inicios de la postguerra, cuando el Surrealismo se expandió a prácticamente todas las disciplinas creativas. Allí se exhiben obras de algunos de sus referentes más conocidos, quienes a través de ellas buscaron ligar el arte a la vida diaria. Inspirados por la “pintura metafísica” de Giorgio de Chirico, artistas como Magritte y Dalí trataron de capturar el aura y la faceta misteriosa de los objetos cotidianos. Al mismo tiempo, y fuertemente influenciados por las obras de arte encontrado de Marcel Duchamp, otros como Meret Oppenheim o Man Ray experimentaron con una forma de escultura completamente nueva, que consistía en crear objetos absurdos a partir de materiales y objetos encontrados.

En Sueños de modernidad se pueden ver algunos ready-mades de Duchamp, quien en sus trabajos integró objetos de uso común y sin personalidad ni belleza. Poseen una mínima intervención del creador, pero este hace una descontextualización y recontextualización que los transforma en obras de arte. A través de los ready-mades, Duchamp cuestiona los límites del arte y se plantea algo aún más profundo: qué es el arte. En ese bloque están las esculturas de Dalí y de Oppenheim hechas con objetos encontrados y con materiales que hasta entonces no se consideraban artísticos. Y también se muestran algunos muebles diseñados por Antonio Gaudí, una faceta poco conocida de su trabajo. Su creador tenía una concepción integral de la arquitectura, y eso lo llevó a ocuparse de los elementos decorativos que iban a formar parte del edificio, incluido el mobiliario. Las piezas expuestas son deudoras de la naturaleza, pues el arquitecto catalán estaba convencido de que en esta se oculta la llave de la perfección.

En Imagen y arquetipo se profundiza en el modo como los surrealistas analizaron los arquetipos de los objetos cotidianos y socavaron los códigos de significado de nuestro mundo, con el que creemos estar familiarizados. Asimismo, se ilustra cómo el Surrealismo introdujo la subversión en la vida cotidiana, al proponer que nos replanteemos cuánto hay de cierto en lo que consideramos real. Asimismo, se examina cómo podemos utilizar lo ordinario para expresar lo profundo, así como el significado subyacente de los objetos y su poder como metáfora. En esa sección se proyecta Entreacto (1924), de René Clair, una película de clara vinculación dadaísta y surrealista en la cual la construcción narrativa convencional no tiene cabida.

Forman parte de ese bloque varios muebles de dimensiones y formatos descabellados. Eso ha sido posible gracias a que, a partir de los 60, la producción de numerosos tipos de plástico permitió elaborar muebles de cualquier forma imaginable. Entre los que se exhiben en la exposición se hallan Tour (1993), una mesa de centro cuyas patas son ruedas diseñada por la italiana Gae Aulenti; un taburete con sillín de bicicleta, y la silla MAgriTTA (1970), un sombrero con una manzana verde dentro, creada por el chileno Roberto Matta como tributo a su amigo y colega Magritte. Por otra parte, muchos de los esbozos del Diseño Radical italiano, como I Sassi (1967-68) de Piero Gilardis o el sillón Capitello (1971) de Studio65, recuerdan a los enigmáticos objetos fragmentarios y fuera de contexto de Dalí o de Chirico.

Otros diseños más actuales de este bloque se basan en la descontextualización y la alienación de lo aparentemente ordinario. Eso lo ilustra una pieza tan impresionante como lo es la enorme lámpara cuya base es la escultura de un caballo de tamaño natural (2006), ideada por las suecas Sofia Lagerkvist y Anna Lindgren, integrantes del estudio de diseño Front Design. Parte de una famosa obra surrealista el carrito de té La pipa, de Aldo Turra. Remite al cuadro de Magritte Ceci n’est pas une pipe. Por su parte, del pintor belga se puede ver una de sus provocativas e ingeniosas obras: una quesera de vidrio dentro de la cual encerró un cuadro en el cual se representa un queso.

Y sin ánimo de hacer un inventario completo de lo que se exhibe en esa sección, agrego los platos decorativos de porcelana de Piero Fornasetti, la original Silla-mano de Pedro Friedberg, el sombrero de Castiglioni que recrea un molde de repostería, la Silla etrusca de Danny Lane, y el sillón Miss Blanche de Shiro Kuramata. Man Ray está presente con algunas piezas. Una de ellas es Testimonio. Se trata de una especie de sofá con figura de ojo gigante inyectado de sangre. Con él, el artista busca representar esos mudos observadores de nuestra vida doméstica que son los muebles. Unos muebles y objetos que, lejos de ser comunes y carentes de imaginación, adquieren formas dementes y alucinatorias, a través de las cuales buscan subvertir la función natural que se les ha asignado.

Universos visuales con una lógica formal propia

El amor, la sexualidad, el fetichismo, la provocación son preocupaciones esenciales de nuestra siquis. Fueron estudiadas por Sigmund Freud, quien las veía como factores determinantes de nuestro comportamiento. Sus teorías aportaron visiones significativas a los principios surrealistas, en los cuales desempeñaron un rol central. Ese tema constituye el núcleo en el cual se centra el tercer bloque de la exposición, Surrealismo y erotismo. En la posguerra, esos temas se incorporaron al diseño de interiores, como muestran los sensuales interiores y muebles del diseñador italiano Carlo Mollino o la icónica obra de Dalí Mae West Lips Sofa (1938). Esta última obra fue reinterpretada libremente décadas después por Studio65, en su famoso sofá en forma de labios Bocca (1970).

Freud veía el amor y el erotismo estrechamente ligados a fuerzas contrarias como la represión, la violencia y la destrucción. Esta conexión aparece ilustrada en la muestra a través de trabajos como los del arquitecto suizo Hans Bellmer y el pintor austro-mexicano Wolfgang Paalen. Asimismo, se puede apreciar cómo estos temas se incorporaron al diseño en objetos de Gaetano Pesce, Maarten Baas y Studio Wieki Somers.

Mientras que las obras de los surrealistas masculinos suelen estar colmadas de estereotipos de género, los trabajos de muchas de sus colegas están marcados por un tratamiento más sutil de estos temas. Entre las obras expuestas en las que se hace visible este fenómeno, se hallan las subversivas fotografías de moda de Lee Miller, los autorretratos andróginos de Claude Cahun y el ensamblaje César de Mimi Parent. Sus creadores emplearon elementos femeninos (senos, labios, tacones) para visibilizar la opresión de la mujer y los tópicos sexistas más comunes.

La última parte de la exposición, El pensamiento salvaje, toma su nombre del concepto acuñado por Claude Lévi-Strauss. El etnólogo francés denominaba así el interés por lo arcaico, por la casualidad y por lo irracional. Eso se ponía de manifiesto en el entusiasmo de los surrealistas por el denominado “arte primitivo”, así como en sus experimentos con materiales y con técnicas como el automatismo, principio cardinal del movimiento. El término alude a la supresión del control racional en la composición de la obra artística, lo cual posibilita la plena libertad en la asociación de imágenes y colores que proceden directamente del subconsciente. En el arte, esto condujo a universos visuales con una lógica formal propia, a menudo marcada por formas proliferantes o fundidas, como se aprecia en las pinturas de Max Ernst, Palhen e Yves Tanguy y en los dibujos de Matta.

Para ilustrar el interés de los surrealistas por el arte primitivo de regiones como África y Oceanía, se incluye la conocida imagen de Ray Negro y blanco (1926), que hasta hace poco tiempo fue la pieza que alcanzó la mayor cotización en el mercado fotográfico. En ella se ve a Kiki de Montparnasse, una modelo y cantante que fue la musa del París de los años 20, junto a una máscara africana. Están expuestos también algunos frottages de Ernst, un jarrón de Audrey Large y algunas obras de los ingleses Dunne & Raby. En el caso de estos últimos, se trata de objetos ficticios para un futuro distópico, que se mueven entre el arte y el diseño, entre la realidad y la ficción. El bloque se cierra con la polifacética cantante islandesa Björk, quien en varios de sus vídeos incorpora elementos pictóricos surrealistas. Eso resulta evidente en Hidden Place (2010), en el cual se muestra cómo una lágrima recorre el rostro de la cantante, una referencia a la famosa fotografía de Ray Lágrimas (1932).

Objetos de deseo muestra uno de los diálogos más fructíferos entre el arte y el diseño que se han producido en los últimos cien años. Ese intercambio es explorado en ambas direcciones, al confrontar obras del Surrealismo con objetos del mundo del diseño, haciendo evidentes fascinantes paralelismos y referencias cruzadas. En los fantásticos mundos visuales de los surrealistas, los objetos cotidianos cobraron una importancia central y fueron alterados, ironizados o fusionados en extraños seres hermafroditas.

A su vez, las teorías de Breton, Dalí y de Chirico revolucionaron hasta lo más cotidiano, al animar a los diseñadores a buscar la realidad detrás de lo visible, romper con las costumbres y abandonar lo cotidiano. Su influencia marcó el estilo de la moda, el mobiliario y la fotografía y llegó a ocupar las portadas de revistas como Harper’s Bazaar y Vogue. Es un influjo que perdura hasta hoy, pues con su enfoque subversivo, sus imágenes fantásticas, su interés por el potencial del subconsciente, el Surrealismo sigue ofreciendo múltiples estímulos para los diseñadores actuales.