Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Novelas, Literatura

Maneras femeninas de narrar

Doce mensajes a Hércules y Making of son novelas radicalmente distintas, en cuanto a mundo de referencia, estilo, recursos técnicos y lenguaje

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Contrariamente a lo que es casi una norma, Elvira de las Casas (Cienfuegos, 1955) comparece por primera vez ante los lectores en la madurez. En su caso, no cabe, pues, señalar la circunstancia de su juventud como preludio de petición de disculpas para errores e incompetencias (tomo en préstamo las palabras de un viejo artículo de Gastón Baquero). Y no cabe hacerlo además porque, lejos de los errores e incompetencias usuales en los autores noveles, su novela Doce mensajes a Hércules (Editorial Silueta, Miami, 2012, 174 páginas) posee valores y hallazgos propios de quien cuenta con una larga andadura como escritora de ficciones.

“El doctor alejó de su mente las palabras de su esposa y se dispuso a disfrutar de uno de los placeres más grandes que había conocido: caminar por las calles de Hormiguero del Campo temprano en la mañana, respirando el aire fresco que bajaba de las montañas y saludando aquí y allá a todo el que se cruzaba en su camino.

“Delante de la puerta de la bodega se encontró con Ramiro Almanza, quien posiblemente era, además del doctor, una de las personas más conocidas del pueblo. Ramiro ocupaba, por decirlo de alguna manera, el puesto de borracho oficial de aquel poblado de poco más de mil almas. Además del bobo Narciso y América Suelta el Bolso, una mujer enloquecida que paseaba por el parque con un marpacífico en la cabeza y una vieja cartera de charol colgando del brazo, Ramiro parecía tener como única misión en la vida servir de blanco a las burlas, y algunas veces a las pedradas, de los vecinos de todas las edades sin nada mejor que hacer. Aunque para decir la verdad, no siempre había sido así”.

He copiado ese fragmento, perteneciente al primer capítulo de Doce mensajes a Hércules, porque pienso que puede dar una idea de qué derroteros estéticos sigue Elvira de las Casas. Esta ha creado una obra que deliberadamente posee aires de otros tiempos. Se trata de una novela que, en principio, se puede catalogar como costumbrista, aunque no se propone serlo al estilo de las que se escribían décadas atrás. Aunque se vale del costumbrismo, la autora al mismo tiempo se distancia un tanto de él, lo atenúa, lo dosifica. Y como hace notar Armando de Armas en las palabras de la contraportada, no se detiene en el fervor folclórico. Tampoco da mucha cabida al color local, ni tiene interés en reproducir el habla popular. Su novela se inscribe además en una tradición que sigue siendo estrictamente contemporánea: la del fabulador y la capacidad de contar historias.

Doce mensajes a Hércules es un fresco colectivo que se desarrolla en el imaginario pueblo de Hormiguero del Campo. No se da una ubicación geográfica del mismo, ni tampoco de la época en la cual transcurre la novela. Pero para un lector cubano, resultará fácil situar el poblado en la zona montañosa del Escambray, durante la década de los 60, cuando el Gobierno tuvo que enfrentarse militarmente a los grupos guerrilleros que operaron allí por varios años. Sin embargo, esos sucesos vienen a ser el escenario, pero no el tema central. En torno a ellos se va armando la madeja argumental, integrada por un mosaico de historias. Renuncio a dedicar espacio a ello, pues resultaría imposible resumir las bifurcaciones y los numerosos personajes que pueblan la obra de Elvira de las Casas.

El título de la novela, que alude al pasaje mitológico de los doce trabajos a los que fue sentenciado Hércules, se refiere a los enigmáticos mensajes que comienza a recibir uno de los vecinos de Hormiguero del Campo. Son frases cortas como “Limpiar herida. Todo listo para cirugía”, “Olvida el tango y canta bolero”, “Tapen con flores cajas de municiones” o “Darle candela al macao”. Tan pronto fue interceptado el primero, el capitán Arteaga tuvo la certeza de que esos mensajes estaban relacionados con los planes de la guerrilla. Los firmaba Hércules, alguien que con toda seguridad vivía en el pueblo. El oficial se propuso descubrirlo y arrestarlo, antes de que pudiese llevar a cabo su plan para destruir la revolución.

A medida que esa investigación avanza, se van incorporando las historias de los distintos personajes que intervienen en la trama. Asimismo al final de cada capítulo se insertan los testimonios de varios de ellos, grabados o bien escritos décadas después de aquellos sucesos. No conviene aportar más detalles al respecto, pues la intriga y el suspenso son dos de los ingredientes de la sustancia de la novela, y, también, uno de los alicientes de su lectura. Todo eso conforma un artefacto narrativo que posee una urdimbre elaborada y no tan convencional como engañosamente hace creer.

Narrada desde la perspectiva de una voz omnisciente, Doce mensajes a Hércules está redactada con una escritura que rehúye la oscuridad. Su autora emplea un estilo llano y directo, sustentado en una prosa de gran corrección y limpieza. Asimismo a través del uso del humor, asoma una visión sarcástica de la lucha contra los grupos de alzados del Escambray. Contrasta con la que usualmente se ha dado en otros libros, y viene a ser una especie de lado B de aquella realidad. Y, en fin, algo muy de agradecer a la novela con la que ha debutado Elvira de las Casas, es que proporciona una lectura entretenida que no insulta nuestra inteligencia.

Experimental ma non troppo

Radicalmente distinta a Doce mensajes a Hércules, en cuanto a su mundo de referencia, estilo, recursos técnicos, lenguaje, es Making of (Ediciones Unión, La Habana, 2012, 150 páginas). Con ella la autora que utiliza el exótico nombre artístico de Dazra Novak (1978) ganó en el año 2011 el Premio UNEAC correspondiente a novela. Asimismo y a diferencia de Elvira de las Casas, no se trata de su opera prima. Antes había publicado dos colecciones de cuentos, Cuerpo Reservado (2008) y Cuerpo Público (2009, Premio David).

No recuerdo otro libro cuyo texto de contraportada sea tan vago y escueto, y no precisamente debido a falta de espacio. La única referencia sobre Making of que allí se da se reduce a estas palabras: “Al conceder el premio a la novela Making of el jurado destacó que: «Esta obra se caracteriza por un preciso manejo del lenguaje, su carácter experimental y una bien lograda atmósfera en su lenguaje narrativo, lo cual, la hizo acreedora del premio Cirilo Villaverde de la UNEAC”. Ni una palabra, por ejemplo, sobre el asunto, algo que dé alguna pista acerca de qué va la obra de Dazra Novak.

Making of está hecha a manera de un rompecabezas, cuyas piezas han sido desordenadas deliberadamente. La estructura se desentiende de la sucesión cronológica. La historia está narrada de forma discontinua y con diversas modalidades, diversas voces. Conviene, por tanto, hacer el aviso para navegantes: es una novela que demanda un lector atento y activo, dispuesto a aceptar las reglas del juego establecidas por la autora. Pero de igual modo, es pertinente agregar que, pese a su carácter experimental, es absolutamente legible. Plantea retos al lector, pero en modo alguno es literatura críptica.

Una vez armado el puzle que es Making of, van emergiendo los personajes y sus historias. En primer lugar, está la historia personal de Amelia, una joven que habita en La Habana de nuestros días. Disfruta de cierta situación ventajosa (trabaja con unos cineastas extranjeros que se hallan filmado un documental en Cuba), pero eso no le permite escapar del todo a la angustia y el agobio que significa la vida diaria en la Isla. Carga además con los recuerdos de su relación amorosa con una chica que hoy reside en el extranjero. Ni siquiera el alcohol consigue ahogar la nostalgia que la lacera y la persigue a todas partes.

En la novela intervienen además otros personajes, “un mar donde nadan codo con codo heteroflexibles, homoamigables, asexuados democráticos, penes de izquierda y Amalia y Rosy, que son una especie aparte”. En ese elenco aparece una Dazra Novak, que al igual que la otra, estudió Historia en la Universidad de La Habana y es de pequeña estatura. Interrogada sobre su nombre, contesta que lo soñó: “Es otro país con una vida permanente, mi visa particular, el penthouse que en la vida real no puedo comprarme, un personaje donde a veces me doy el lujo de existir…”.

No voy a emplear la sobada frase de que viene a ser un personaje más. Pero en todo caso, en Making of La Habana es una presencia importante. Aparece, como es natural, esa Habana que la literatura y el periodismo tanto divulgan: “Le sube el volumen para que Harry mire por la ventanilla la falta de luces que tiene esta ciudad, la cantidad de carros viejos que transitan cayéndose a pedazos, la contaminación, las arengas rotuladas al borde de la carretera y en todas partes sustituyendo a McDonald, Peugeot, Adidas, Chanel”. Pero no es a esa a la cual Dazra Novak dedica más espacio. Se concentra más en mostrar, de manera fragmentada, una ciudad que es tan real como metafórica, tan seductora como desconcertante. Algo de eso alcanza a atrapar el viejo sonidista del equipo de filmación: “Aquí la gente existe, no sé cómo, pero existe. Todo el mundo se hace sentir. La Habana es una ciudad bulliciosa, vulgar y encantadora”.

“Amelia estaba allí, pero no estaba. Estaba en todas partes y en ninguna. Estaba en Alaska con su esposa, y estaba en esta isla, estaba en cada rostro que se iluminaba por un instante en la masa de cuerpos andróginos sin otra ocupación que la de ser ellos mismos. Estaba muda en la voz del juez que las declaraba «unidas en matrimonio» y estaba en los hijos de las dos, hijos de alguien más. Estaba en este hombre con tetas y en la rubia que se acercaba ahora y más que guiñarle un ojo se le paraba de frente, bien de cerca y la agarraba por un brazo. Y Amelia era tantas cosas a la misma vez que no se enteró de que María se la llevaba abriendo un atajo insospechado en el mar de gente, la arrastraba dentro de ese vértigo escaleras arriba zigzagueando por el pasillo hasta salir a la calle Zanja, zigzagueando sobre una Harley Davidson y se la llevaba como quien dice, saco al hombro, mujer remolcada por otra mujer, para tirarla sobre un colchón yermo y el mundo derrotado por fin bajo esta mujer desconocida que hace de esta noche todas las noches y de este colchón todos los lugares de una vez y por todas”.

Copié ese fragmento para confirmar lo que se expresa en el breve texto de la contraportada. Como justificó el jurado que premió Making of, Dazra Novak maneja el lenguaje con concisión y logra mantener una lograda atmósfera narrativa. A su audacia formal, suma su crudeza temática, aunque no estoy muy seguro de que, como señaló Marilyn Bobes cuando presentó la novela, vaya a enrojecer o disgustar a muchos lectores pacatos. En cuanto al primer aspecto, siempre es bienvenido cuando, como este caso, viene acompañado de talento. La aventura, la experimentación, el riesgo siempre son saludables, pues de ellos depende que la literatura no se estanque y siga hacia adelante.