Actualizado: 24/03/2023 18:17
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CON OJOS DE LECTOR

Manuela cumple cuarenta años

Con su mediometraje de ficción, Humberto Solás realizó el primero de los primeros retratos de mujeres al que después se sumaron 'Lucía' y 'Amada'.

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Manuela se estrenó exactamente hace ahora cuatro décadas, el 25 de julio de 1966, y no hace falta que aclare por qué se escogió esa fecha. Yo debo haberla visto algunas semanas o meses más tarde. En mi pueblo no había cine. Lo derribaron poco después del triunfo de la revolución, dizque para construir uno nuevo, pero luego se olvidaron de ello. Vinieron a hacerlo finalmente creo que en 1978 ó 1979. De modo que debo haber visto la película en Bayamo o en Santiago de Cuba, las dos ciudades a donde iba al cine cuando me era posible. Mis recuerdos de aquella visión son bastante vagos. Los escasos que conservaba mi memoria se han refrescado ahora, cuando he vuelto a verla un par de veces, para escribir estas líneas.

No se trataba del primer trabajo cinematográfico de Humberto Solás Borrego (La Habana, 1941). Para entonces contaba ya con una filmografía conformada por varios cortometrajes: La huida (1959), Casablanca (1961, codirigido con Octavio Cortázar), Variaciones (1962, codirigido con Héctor Veitía), Minerva traduce el mar (1963, codirigido con Oscar Valdés), El retrato (1963, codirigido con Oscar Valdés), El acoso (1965), Pequeña crónica (1966). El del cortometraje es, por cierto, un género que Solás nunca ha abandonado, y retornó al mismo cuando ya había estrenado con éxito algunos de sus largometrajes. Lo hizo con Crear, dos, tres… (1970), Simparelé (1974), Nacer en Leningrado (1977), Wifredo Lam (1979), Obataleo (1988) y Buendía (1989). Hasta Manuela, sin embargo, su obra no había llamado la atención. Fue esa película de ficción de 41 minutos la que lo convirtió en un cineasta conocido y le reportó sus primeros galardones internacionales.

Con Manuela, Solás retomó un tanto extemporáneamente una línea de la entonces joven cinematografía cubana que tenía como fuente temática la lucha contra Batista. Se sumaba así a títulos como Historias de la revolución (1960), El joven rebelde (1962) y Cuba 58 (1962), aunque venía a hacerlo cuando el cine de la épica revolucionaria había sido desplazado por el abordaje de los asuntos contemporáneos. Basta recordar que un día antes, el 24 de julio de ese mismo año, Tomás Gutiérrez Alea había estrenado La muerte de un burócrata. También de 1966 es Papeles son papeles. Y otras películas anteriores como Las doce sillas (1962), Crónica cubana (1964), En días como éstos (1965), Un día en el solar (1965) y La salación (1966), ambientaban sus historias en la Cuba posterior a 1959. Manuela, por otro lado, se inscribe dentro de los retratos de mujeres realizados por el director. Contaban ya un antecedente en Pequeña crónica, y después cristalizaron en obras de madurez como Lucía (1968) y Amada (1983).

La anécdota que se cuenta en el filme tiene algunos puntos de contacto con la de El joven rebelde. Aquí también asistimos al proceso de aprendizaje de un combatiente que acaba de incorporarse a las filas del Ejército Rebelde. Manuela ha llegado allí por razones personales. Un destacamento de "casquitos" irrumpió en el caserío donde vivía y uno de ellos asesinó a su madre. Poseída de una furia que no puede controlar, aprovecha que uno de los soldados está borracho en una cantina y lo ataca con un machete. Eso la obliga a escapar a las montañas, donde se une a los rebeldes. Entre éstos conoce la amistad y el amor. La Gallega y el Mexicano son quienes más la ayudan en su proceso de formación. Con este último Manuela aprende que la guerra que libran no es contra los "casquitos" que mataron a su madre, sino contra el orden social y político bajo el cual crímenes como ése se pueden cometer impunemente. Al final, la muchacha ha asimilado la lección, y es ahora a ella a quien le toca recordársela al Mexicano, cuando éste quiere tomar venganza con los soldados prisioneros.

Uno de los puntos que tiene Manuela a su favor es que no es una película pretenciosa. La historia sigue una progresión más o menos lineal y convencional, aunque Solás incluye algunas retrospectivas e introspecciones (de la imagen inicial, donde se ve a Manuela huyendo por el monte, se pasa a una escena cronológicamente anterior, donde se muestra el asesinato de su madre). Esas secuencias no afectan, sin embargo, la claridad y el equilibrio de la estructura dramática, y por otro lado suministran al espectador una información necesaria y ayudan a comprender un poco mejor el comportamiento de la protagonista. Solás tampoco abunda mucho en la vida interior de Manuela ni en la relación sentimental que surge entre ella y el Mexicano. Se muestra muy parco en ese sentido y prefiere darla a través de escenas breves, a manera de fogonazos.


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