Actualizado: 25/10/2021 18:08
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India, Serie, Mujeres

No es país para mujeres

Una serie recrea un horrendo crimen ocurrido en la India en 2012. Un hecho que sacudió al país y lo sacó de su letargo respecto de la violencia que sufre la población femenina

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“Traer una niña al mundo es como regar las plantas del vecino”, dice un proverbio hindú. Ilustra de modo gráfico cuál es la situación actual de la mujer en la tercera economía más grande de Asia. En el año 2018, una encuesta realizada por la Fundación Thompson Reuters arrojó que la India es el país del mundo más peligroso para las mujeres, por encima incluso de otros en guerra como Siria y Afganistán. Esos riesgos van más allá de la violencia sexual, y se extiende a las prácticas tradicionales y culturales y el tráfico de personas, que incluye la esclavitud sexual, los trabajos forzosos y la servidumbre doméstica. Una de las consecuencias de esa violencia machista es su tremendo impacto económico. Desde 2005, al menos 20 millones de mujeres han dejado el trabajo debido, en parte, al maltrato que sufren.

Según las estadísticas oficiales, diariamente ocurren 4 violaciones cada hora, 100 al día, más de 40 mil al año, y la mitad son a menores. Es pertinente decir que ese número solamente contabiliza los casos de los cuales hay constancia, que son los menos. Las principales razones por las que el 70 por ciento de las víctimas prefieren no denunciarlas se deben a que los agresores son familiares o conocidos; a que cuando se celebra el juicio la tasa de condenas no llega ni al 30 por ciento; y a que el código penal de la India no considera violación el sexo forzado dentro del matrimonio, si ambos cónyuges comparten lecho. Asimismo, el violador no es procesado si acepta casarse con la agredida. Son frecuentes las violaciones en grupo, algo que, explican los expertos, contribuye a amenguar el sentido de culpa entre quienes las cometen.

Los violadores a menudo justifican sus actos argumentando que la víctima iba vestida de manera no adecuada, que caminaba sola de noche o simplemente que los estaba provocando. Un alto cargo del ministerio de la Mujer y la Infancia de Karnataka, un estado al suroeste del país, comentó que las mujeres deberían ser conscientes de cuánta piel muestran en su lugar de trabajo. Asimismo, el sistema judicial también dicta cómo deben actuar las mujeres cuando son violadas. En julio del año pasado un juez de Bihar ordenó el arresto de una joven, sobreviviente de una violación en grupo, por estar “alterada” en el tribunal debido a un interrogatorio que se prolongó. Un mes antes, otro juez de Karnataka liberó bajo fianza a un acusado porque la superviviente de la violación se durmió después de haber sido agredida. Todo eso ha llevado a que se pueda hablar de una “cultura de la violación”.

Desde los años 70, esas barbaridades se venían cometiendo en la India con una aterradora asiduidad, sin que se hiciera nada para combatirlas. Eso cambió el 16 de diciembre de 2012, cuando se produjo un hecho que sacudió al país y lo sacó de su letargo respecto de la violencia contra las mujeres. Jyoti Singh Pandy, una joven de veintitrés años, fue al cine con un amigo. Al regresar, fueron atacados en el interior del autobús por seis hombres, entre ellos el conductor. La chica fue llevada al fondo y violada por cada uno. Como trató de defenderse, la penetraron anal y vaginalmente con una barra de metal. Después, los cuerpos de la pareja fueron arrojados en la carretera, sin detener el vehículo. Pese a los esfuerzos de los médicos, a los trece días la joven murió a causa de las hemorragias que la salvaje agresión le provocaron. En el colmo de la desfachatez, uno de los violadores declaró: “Cuando la violan, una mujer no debe defenderse. Debe quedarse quieta y en silencio y permitir que la violen”. Y agregó que “una joven decente no deambula a las nueve de la noche”.

Aquel crimen desató en la India una ola de indignación sin precedentes y recibió además una inusual atención en la prensa internacional. El clamor social adquirió tanta dimensión, que el gobierno se vio forzado a intervenir. El Parlamento aprobó un extenso cambio legal, gracias al cual la pena mínima por violación pasó de 7 a 10 diez años, si la mujer es adulta, y de 10 a 20 si es menor de dieciséis años. En el caso de que la agredida muera, se aplicará la pena capital. Asimismo, por primera vez se incorporó el acoso sexual como delito, con penas de entre 3 y 7 años. Por último, se prometió la creación de tribunales de vía rápida para aplicar justicia, así como la asignación de un fondo controlado por el gobierno para ayudar a enjuiciar ese tipo de delitos. En 2019, el 90 por ciento de ese fondo estaba sin usar, mientras que, paradójicamente, en algunos estados no se han establecido los tribunales porque carecen de dinero.

En la edición de 2019 del Festival de Sundance se proyectaron los dos primeros capítulos de Delhi Crime, una docuserie basada en aquel horrendo crimen. Netflix logró hacerse con los derechos y desde marzo de aquel año se puede ver en esa popular plataforma. Consta de siete capítulos de unos cincuenta minutos y fue escrita y dirigida por Richie Mehta, cineasta canadiense de origen indio. La serie ha sido valorada positivamente por los críticos y en noviembre del 2020 obtuvo el codiciado e importante Emmy Internacional al mejor drama. Tras recibir el galardón, Mehta declaró: “Nunca pensé llegar aquí. Es la culminación de años de trabajo de cientos de personas, a veces en total aislamiento y desafío. Delhi Crime es una labor de amor, nacida de la tristeza, la ira, la frustración y, en última instancia, la compasión. Todo el equipo, del primero al último miembro, debería recibir el aplauso por dar todo de sí para lograr esta visión”.

Se evitó caer en la pornografía de la violencia

En varias entrevistas, Mehta contó que un amigo de su familia fue quien lo puso al tanto de los hechos ocurridos en 2012. Se trata de Neeraj Kunar, quien fue comisionado de la policía de Nueva Delhi. Las experiencias vividas durante los treinta y siete años que desempeñó esa labor fueron relatadas por él en el libro Khaki Files: Inside Stories of Police Investigations. Había visto los anteriores filmes del cineasta y pensó que aquel caso era un buen proyecto para él. Acerca de aquellos primeros encuentros, Kunar comentó:

“La reacción de Richie Mehta fue cautelosa y circunspecta. Pensó que era una historia demasiado controvertida para manejarla. Lo convencí de que leyera la hoja de cargos y la orden judicial del caso antes de rechazar mi sugerencia. Prometí ayudarlo durante el proyecto y ponerlo en contacto con mis compañeros de equipo. Tras hacer lo que ellos le dijeron, gradualmente se involucró y luego se comprometió por completo con la realización de la serie”.

Por su parte, Mehta confesó que “al principio, cuando estaba investigando, fue abrumador. A menudo tenía que detenerme, tomar un respiro e interrogarme realmente sobre lo que estaba haciendo y por qué. ¿Cuál era el objetivo de volver a sumergirse en semejante horror? ¿Qué podría salir de eso? Pero al final, las personas que conocí se convirtieron en una especie de brújula optimista para mí, y me dieron la razón por la que quería continuar”.

El proyecto demoró seis años en materializarse. Cuatro de ellos los dedicó Mehta a investigar, revisar documentos judiciales e informes médicos, acumular materiales, entrevistar a los policías que tomaron parte en la captura de los perpetradores. El rodaje duró 62 días y el elenco estuvo compuesto íntegramente por actores hindúes. Los personajes principales corresponden a personas reales, pero sus nombres fueron cambiados. No se utilizaron decorados y todos los sitios y espacios interiores que aparecen son auténticos. La filmación se realizó en secreto, pues el equipo no tenía permisos oficiales. El jefe de la policía era ya otro, y de habérselos pedido no los habría autorizado, ni tampoco accedido a ofrecer ningún apoyo. Mehta sí contó con la autorización de los padres de la joven agredida, quienes finalmente comprendieron que algo positivo podría lograrse con la serie.

Desde el punto de vista dramatúrgico, Delhi Crime tiene un gran acierto: aborda los hechos desde la perspectiva de los policías que se ocuparon del caso. Eso significa que la violación nunca se muestra. La única información sobre la misma que los espectadores reciben es verbal. De ese modo, se evitó caer en la pornografía de la violencia, algo bastante usual en muchas producciones cinematográficas y televisivas que hoy se ven. Mehta y su equipo eran conscientes del delicado tema que tratan y realizaron la serie con responsabilidad, respeto y sensibilidad. Por eso evitaron cualquier indicio de sensacionalismo o de morbo, algo muy de elogiar y agradecer.

El primer capítulo comienza con el hallazgo en una zanja de los cuerpos desnudos de un chico y una joven. Él fue golpeado y ella violada y agredida brutalmente en el interior de un autobús en movimiento. A partir de ahí, la serie se centra en diseccionar y seguir minuciosamente la investigación que llevó a la búsqueda de los perpetradores, todos los cuales fueron capturados a los seis días. Vartika Khanna, comisionada adjunta de la policía, se da cuenta de inmediato de la espantosa naturaleza de un crimen que requiere atención especial y decide encargarse personalmente de supervisar el caso. Para ello forma un equipo con oficiales y policías en quienes sabe puede confiar, y así poder trabajar fuera de la madeja de la burocracia. Sus dos colaboradores más cercanos son el veterano Bhupender y Neeti, una chica joven que acaba de ingresar en el cuerpo y de cuyo potencial la comisionada se percata.

Varios minutos después de haber comenzado el primer capítulo, la acción retrocede mediante un flashback a doce horas antes del incidente. Su propósito es presentar a los principales personajes y mostrarlos en su vida privada. Eso pone de manifiesto el interés de los creadores por humanizarlos, algo que estará presente a lo largo de toda la serie. Cada uno es identificado con su nombre, puesto que desempeña y años de servicio. A esas escenas, siguen luego unas imágenes nocturnas de Nueva Delhi. Una voz en off comenta que cada año se denuncian 11 mil delitos, pero, lamentablemente, resulta casi imposible prevenirlos: se trata de una ciudad que no está bien vigilada, ya que la mitad de los agentes se hallan atascados en el infernal tráfico o bien protegiendo a personalidades VIP. (A esa información, quien esto escribe puede agregar una cifra muy elocuente: para proteger a los 22 millones de habitantes, Nueva Delhi solo cuenta con 80 mil policías.)

Las protestas a las que el crimen dio lugar en 2012 cargaban su ira contra una policía que no hacía nada para proteger a las mujeres. Mehta ha contado que a medida que fue conociendo a los agentes que se encargaron del caso, se dio cuenta de lo increíbles, laboriosos y entregados a su labor que eran. Eso queda plasmado en la serie, en la cual los investigadores realizan un trabajo arduo, paciente y esforzado para lograr que se hiciese justicia. Lo hacen además en jornadas agotadoras, en las que apenas pueden descansar, y con una precariedad de recursos que convierten su faena en algo casi heroico. Los laboratorios forenses son escasos, las dependencias policiales se hallan en un edificio destartalado y en varias ocasiones se quedan a oscuras por no haberse pagado la factura de la electricidad. Asimismo, para poder avanzar en la investigación deben recurrir a menudo al cobro de favores o a comprometerse a otros nuevos.

Es también un mérito de la serie el no caer en el sobado cliché de presentar la captura de los agresores como la proeza de uno o dos agentes superdotados. Se muestra claramente que se debió a la labor conjunta de todos los miembros del equipo. Un trabajo que, ya lo anoté antes, fue difícil y se vio obstaculizado por las circunstancias en las que tuvieron que llevarlo a cabo. Lo hicieron además con una gran presión e incluso intromisión de las altas esferas del gobierno, que se vieron contra las cuerdas por la ola de protestas y por la resonancia que el crimen tuvo en la prensa internacional.

Sobrecoge, pero no es melodramática

El equipo de policías viene a ser una especie de microcosmos de la propia India. Lo integran hombres y mujeres de diferentes edades y orígenes sociales. Eso se da a través de detalles, como el idioma a través del cual se comunican. La comisionada habla con su familia y con sus colaboradores más cercanos en inglés, mientras que estos emplean entre sí el hindi. También son un prisma de las enormes brechas existentes entre ricos y pobres las imágenes de Nueva Delhi que se incorporan. Las calles oscuras y llenas de polución y el ritmo frenético del tráfico son captadas con detalles vívidos por la cuidada fotografía, que ofrece una visión distópica de la vida urbana.

Delhi Crime es, en suma, una estupenda serie. Narra una historia que por su estremecedora potencia resulta incómoda de ver, pero no es sangrienta. Sobrecoge, pero no es melodramática. A eso contribuye, en primer lugar, un guion inteligentemente escrito. Al mismo se suman otros sólidos valores: la puesta en escena, la fotografía, la edición, la música. Y naturalmente, el muy logrado trabajo del elenco, tanto en los personajes centrales como en los secundarios. Entre todos, voy a dedicar un aparte a Shefali Shah, quien da vida a la comisionada adjunta. La suya es una interpretación a fuego lento, que consigue crear un personaje fuerte, que no se detiene hasta llevar a los agresores ante la justicia. Toma el caso con pasión y con rabia, pero no deja que sus emociones afecten la investigación. Se muestra además como una jefa inspiradora y una madre cariñosa y preocupada.

Conviene volver al hecho real en el cual se basa la serie para ver qué se ha hecho desde entonces en la India para proteger a las mujeres. Lo primero a señalar es qué sucedió con los agresores. Uno de ellos se suicidó cuando se hallaba en la cárcel. Otro, por ser menor de edad, fue internado por tres años en un reformatorio. Su salida en libertad provocó protestas, algo que hizo que el Parlamento modificase la Ley de Justicia Juvenil. Desde entonces, se permite juzgar como adultos a los menores entre 16 y 18 años que cometan crímenes. En 2013, los otros cuatro perpetradores fueron procesados y se les condenó a la pena de muerte, lo cual fue ratificado cuatro años después en la máxima instancia. Por increíble que parezca, la defensa consiguió tres aplazamientos del cumplimiento de la sentencia. No fue hasta marzo de 2020 cuando finalmente esta se ejecutó. Por qué una demora de tanto tiempo, es algo que no se puede explicar.

Varios años después de producirse el crimen, este seguía siendo un tema delicado del cual casi no se podía hablar en los medios. Acerca de aquel hecho, la BBC realizó un poderoso documental titulado India’s Daughter (2015), que no gustó a las autoridades hindúes. Incluso hubo un ministro que acusó a sus realizadores de faltar a la verdad y difamar al país. El motivo de la controversia fue la entrevista realizada a uno de los violadores. Uno de ellos, el chofer del ómnibus, expresa que las mujeres son las responsables de las violaciones por salir a la calle y que si la muchacha muerta no se hubiera resistido estaría viva. Asimismo, uno de los abogados de la defensa compara a las mujeres con flores que necesitan ser constantemente cuidadas, insinuando que esta “negligencia” fue parte de las razones de lo ocurrido. Eso dio lugar a que la trasmisión de India’s Daughter fue prohibida. La noche en que estaba programado, el canal NDTV mostró la pantalla en blanco con el título del documental durante los sesenta y tres minutos que habría durado.

La de la India es una sociedad patriarcal, misógina y anclada en tradiciones feudales (por ejemplo, hasta hoy siguen siendo usuales los matrimonio concertados y con menores). La falta de educación sexual, unida a los tabúes que rodean todo lo que tiene que ver con el sexo, engendran un estado de frustración y violencia refrenada y hacen que el erotismo se canalice de forma oscura y reprimida. Una de los medios a los cuales se acude es la pornografía, de donde procede la idea de que lo que la mujer no acepta dar, se puede tomar a la fuerza sin pensar en las consecuencias. Después de todo, estas siempre se pueden evadir.

Lejos de disminuir, las agresiones sexuales a mujeres siguen alcanzando actualmente cifras alarmantes. En 2018 salieron a la luz los casos aberrantes de dos niñas, una de ocho años violada y otra de tres, que fueron violada por ocho hombres. Estos justificaron su repugnante crimen diciendo que lo hicieron para “intentar asustar a los nómadas predominantemente musulmanes y que abandonen la región”. En diciembre de 2019, otra agresión de brutalidad extrema conmocionó al mundo. Cinco hombres prendieron fuego a una joven de veintitrés años cuando se dirigía a testificar por la violación que había sufrido un año antes. Tras sufrir quemaduras en el noventa por ciento de su cuerpo, la chica falleció en el hospital de Nueva Delhi al cual había sido trasladada. Antes de ser llevada para recibir atención médica, pudo identificar a sus agresores, entre los cuales se encontraban sus dos violadores. Todo eso significa que los cambios para que la India deje de ser el país más peligroso para las mujeres demorarán aún varias décadas.