Actualizado: 19/01/2019 3:35
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Literatura, Literatura cubana, Ensayo

Reflexionar desde la poesía

Un volumen reúne trabajos de Fina García Marruz, en lo que constituye su primera carta de presentación como ensayista en España

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Desde hace varios años, Fina García Marruz (La Habana, 1923) es considerada una de las grandes poetas cubanas, con una obra cuya calidad la sitúa al lado de las mejores autoras del nuestro idioma. Unos valores literarios que han venido a reconocer los premios Pablo Neruda (2007), Reina Sofía (2011) y Federico García Lorca (2012) que ha recibido, y que han contribuido a que su poesía tenga la difusión internacional de la que es merecedora. Mucho menos conocida es, en cambio, su faena crítica y ensayística, pese a que, en su caso, lejos de constituir una actividad marginal o circunstancial, mantiene un vínculo indisoluble con su poesía.

El desconocimiento de esa faceta se debe, en parte, a la propia autora. Durante años, la mantuvo relegada con una púdica discreción. En contraste con Poemas, su primer poemario, que entregó a la imprenta en 1942, aguardó hasta 1986 para recoger por primera vez una selección de sus ensayos en el volumen Hablar de lapoesía (Editorial Letras Cubanas). Antes, solo había publicado una muestra de ellos en Temas martianos (Colección Cubana, Biblioteca Nacional José Martí, 1969), donde junto a los suyos también se incluían textos de su esposo, el escritor Cintio Vitier.

Su bibliografía se ha engrosado después con la publicación de La familia de Orígenes (Ediciones Unión, 1997), Darío, Martí y lo germinal americano (Ediciones Unión, 2001), Ensayos (Editorial Letras Cubanas, 2003), Quevedo (Fondo de Cultura Económica, 2003; Huso, 2017), Estudios delmontinos (Ediciones Unión, 2008) y Como el que dice siempre. Antología de ensayos (Universidad Nacional Autónoma de México, 2009). A esos títulos se ha sumado recientemente El orden del homenaje (Ediciones Huso, Madrid, 2018, 333 páginas), que es su carta de presentación como ensayista en España.

Pero con ser varios, esos libros no permiten tener una idea exacta del volumen de la producción crítica y ensayística de García Marruz. Además de los textos allí recogidos, hay muchos otros que se hallan dispersos en publicaciones periódicas de Cuba y otros países del ámbito hispanoamericano. Así, aparte de los que son sus trabajos más importantes y conocidos (entre ellos, están los que ha escrito sobre José Martí, José Lezama Lima, Juan Ramón Jiménez, Gustavo Adolfo Bécquer), cuenta también con textos dedicados a Manuel Justo de Rubalcava, Serafina Núñez, Ramón Gómez de la Serna, Mirta Aguirre, Julio Cortázar, Miguel Collazo, Cleva Solís, Baltasar Gracián, Roberto Friol, Alfonso Reyes, Lope de Vega, Eliseo Diego, Alicia Alonso, Luis de Góngora, Samuel Feijóo, Manuel de Zequeira y Arango, Juana Borrero, Gastón Baquero…

Los textos reunidos en El orden del homenaje fueron seleccionados por José Adrián Vitier, nieto de la escritora. En el breve texto que aparecen la contraportada, este apunta que se trata de una muestra variada de la vasta obra ensayística de García Marruz. Y en efecto, aunque en su obra hay temas y autores sobre los cuales volvió en varios trabajos, también se ha ocupado de otros que pueden parecer ajenos a sus intereses. Al primer grupo pertenecen “Por Dador de José Lezama Lima”, “La poesía es un caracol nocturno”, “Estación de gloria”, “José Martí” y “Juan Ramón”, que ocupan casi la tercera parte de las páginas del libro. En cuanto al dedicado a Martí, hay que agradecer al compilador por su inclusión, pues es un texto escasamente conocido. Apareció originalmente en 1952 en la revista Lyceum, y como ha hecho notar Jorge Luis Arcos, constituye el origen y el centro unificadores de la vastísima serie de ensayos posteriores que Fina García Marruz ha dedicado a Martí. Y, por último, en “Juan Ramón”, su autora evoca la figura del gran poeta español.

En El orden del homenaje también se recogen “El libro de Job”, “San Juan de la Cruz: De la palabra y el silencio” y ese magistral y hermoso texto que es “Hablar de la poesía”. En todos los trabajos mencionados hasta aquí, hay una recurrente reflexión sobre la naturaleza del hecho poético. Por eso ha de causar cierto asombro encontrar en el libro indagaciones que remiten a la narrativa (“En torno a un cuento y una novela de Gabriel García Márquez”), la danza (“Antonio Gades”), el teatro (“Shakespeare y el sueño”) y el cine (“Cantinflas”, “Marilyn Monroe”). La selección, ya digo, está hecha con buen criterio, si bien hubiera sido oportuno incluir “Bécquer y la bruma”. Lo digo porque, además de ser uno de los mejores ensayos de la escritora, hay que recordar que la antología está destinada a los lectores españoles.

Estamos, hay que decirlo, ante una escritora y pensadora de filiación católica. Pero a eso es pertinente agregar, como lo ha hecho Arcos, que, aunque encarna el pensamiento más ortodoxamente católico del Grupo Orígenes, ello no es óbice para que García Marruz “pueda realizar algunas de sus penetrantes lecturas críticas”. Poseedora de una inteligencia despierta y singular, es una lectora muy sagaz que sabe ver más allá de los indicios externos.

En sus textos pone de manifiesto además una refinada independencia, que ha cristalizado en brillantes e iluminadoras relecturas de los clásicos. Un buen ejemplo de ello es su ensayo sobre Francisco de Quevedo, acerca del cual el mexicano Adolfo Castañón ha escrito que en él su autora se acercó al poeta español y a su paisaje “con un dominio y una familiaridad singularísima, como si ella estuviese salvando a Quevedo y a su Siglo de Oro por dentro y comprendiéndolos plenamente, es decir, abrazándolos con el pensamiento”. Y califica ese libro deslumbrante y lapidario como “una de las obras más ambiciosas y significativas entre las producidas por el ensayo crítico hispanoamericano a fines del siglo XX”.

La prosa de García Marruz posee una conciencia formal y una voluntad de estilo que la equiparan a la de los grandes autores de nuestra lengua. Siempre expresa sus reflexiones desde la poesía, y en ella, como en la española María Zambrano, lo analítico y lo imaginal van íntimamente ligados. Pero en sus trabajos críticos y ensayísticos —y perdóneseme que acuda una vez más a Arcos— la intensa expresividad no es un mero ornato, sino que “funciona como un eficaz medio de conocimiento del objeto; porque lo imaginal actúa entonces como medio idóneo de participación cognoscitiva, allí donde lo analítico-conceptual no puede agotar la aprehensión integral del objeto”.

Una ensayista de ascendencia martiana

Su vigoroso pensamiento crítico se distingue por su deslumbrante penetración y su rigor filológico, aunque nunca cae en la adustez, la seriedad envarada y la rigidez normativa del estilo académico. García Marruz es poseedora además de un universo cultural y filosófico, que emplea funcional y creadoramente. Sus citas y referencias son por eso muy oportunas y se integran con gran naturalidad al discurso reflexivo. Recuerdo, por ejemplo, la alusión que hace en “Por Dador de José Lezama Lima” a una famosa película de Akira Kurosawa:

“«Solo lo difícil es estimulante» escribió nuestro poeta a la entrada de su memorable Expresión americana. Al lado de tanta regalía, bien haya el dador del buen estímulo, el don solar estimulante, que es el paterno, negro don. ¿Por qué, nos habíamos preguntado, empezar por un enmascaramiento? Lo regio, responde un árbol, responde cualquiera de las criaturas naturales, esconde la faz: lo real, el rey. El sol. En una película japonesa que parece un cuento, La fortaleza escondida, vemos algo de lo que debio haber sido el mundo real, la familia real, no en sus adulteraciones conocidas, las aristocracias ya marchitas y siempre manchadas del mundo, sino en su intuición verdadera, que quizás solo haya recogido la fábula o su reflejo en los ojos del niño que la oye. La princesa, la Fábula del Bien que tenía la fuerza, por primera vez, para obrar, para el mundo, el alma reinante, se esconde de sus súbditos para llevar la miseria. Pues lo regio solo presenta el rostro solar, el que puede calentar lo que está en torno”.

Muy significativa ha sido su aportación a los estudios acerca de José Martí, que tanta influencia ha tenido en su obra. Con razón se ha dicho de ella que es de ascendencia martiana. En efecto, Martí es una presencia entrañable que García Marruz ha integrado a su pensamiento de manera orgánica. Asimismo, al leerse sus textos críticos y ensayísticos, se comprueba que, aunque abordan temas disímiles, responden y se articulan a un pensamiento de gran coherencia. Conviene apuntar que ese discurso está hecho con una variada gama de perspectivas, lo cual le da su riqueza de matices. Un trabajo de alto vuelo teórico, conceptual y reflexivo como “Hablar de la poesía”, la escritora lo finaliza maravillosamente con este párrafo de carácter confesional:

“Pensé iniciar estas palabras diciendo que yo no sé lo que es la poesía. Pero después de la famosa frase del más sabio de los hombres me temo que esa frase sea una declaración demasiado arrogante. A mis diecisiete años yo sabía muchísimas cosas más acerca de la poesía. Como cualquier joven ignorante, lo sabía, naturalmente, todo. Recuerdo que escribí un tratado de unas cuarenta páginas del que ahora hubiera podido valerme si no fuera porque un pobre hombre, aprovechando mi previsible distracción, me robó la bolsa que contenía el voluminoso trabajo que solo pude reconstruir después en parte. Por desdicha mía y suya, en la bolsa solo tenía cinco centavos. Siempre compadecí a aquel ladrón que creyó encontrar algo con qué aliviar su miseria y solo halló una arrogante disertación sobre la poesía. ¡Con qué aborrecimiento tiraría mis papeles a un rincón! Poesía sería para él un plato de sopa bien caliente, un colchón nuevo, un abrigo. Muchas veces imaginé el miserable cuartín en que debió haber abierto su desolado tesoro y me sentí maldecida por aquel desconocido que esperaba, sin duda, otra cosa mejor. Poder reparar una vez por todas ese error, no defraudar de nuevo esa esperanza, siento que es lo único que nos daría a todos el derecho para poder hablar de la poesía”.

Como es usual en los libros de Huso, El orden del homenaje está muy cuidado en cuanto a diseño, maquetación y tipografía. Una labor de la cual se responsabiliza Carril Bustamante. Sin embargo, a la edición hay que hacerle un par de objeciones. La primera, que no se indica la fecha ni de dónde proceden los textos. Tampoco se les ha ordenado cronológicamente, pues trabajos correspondientes a los años 80 aparecen antes que el dedicado a José Martí, que data, como ya apunté, de 1952.

La segunda es que el libro carece de una introducción. Unas pocas líneas en la contraportada resultan insuficientes para presentar por primera vez en España a Fina García Marruz como ensayista. Jorge Luis Arcos y Enrique Saínz son reputados especialistas en la obra de la escritora, y cualquiera de ellos habría redactado un excelente prólogo. De hecho, ambos cuentan con estudios sobre el ensayismo de la escritora. ¿No expresa José Adrián Vitier que se trata de “quien es, seguramente, una de las ensayistas más geniales con quien hayamos tropezado nunca en nuestro idioma”? Pues razón de más para haber cuidado que tuviese la edición que merece.