Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Billy Joel, Música, URSS

Rocking the Kremlin

En 1987, el cantante y compositor norteamericano realizó seis históricos conciertos en Moscú y Leningrado. Un documental permite apreciar qué pasó entonces y qué trascendencia tuvo aquella gira para soviéticos y norteamericanos

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A comienzos de este año, el canal de pago Showtime estrenó un documental que después ha sido proyectado en varias ocasiones. Ahora que ha salido a la venta en dvd/ blue-ray, es la ocasión idónea para volver sobre el mismo. Me refiero a Billy Joel: A Matter of Trust. The Bridge to Russia (2014, 75 minutos). Lo dirigió Jim Brown, quien se ha dedicado fundamentalmente a realizar documentales sobre figuras y manifestaciones musicales de Estados Unidos. Con ellos ha ganado cuatro premios Emmy, el más reciente de ellos por Pete Seeger: The Power of Song (2007).

El filme ofrece un interesante testimonio documental de los seis conciertos que Billy Joel realizó en la extinta Unión Soviética, en el verano de 1987. Fue un hecho histórico, pues desde que se construyó el muro de Berlín era el primer artista norteamericano de fama internacional que se presentaba allí. Eso hizo que fuera cubierto por reporteros de muchos países y ocupara las primeras planas de los periódicos de medio mundo. Con su música, Billy Joel ayudó a romper barreras culturales y políticas, y la gira marcó un punto de inflexión en las relaciones culturales entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Como la mayoría de sus contemporáneos, Billy Joel creció en la etapa de la Guerra Fría. Cuenta que vivía con el temor permanente de que se produjese una catastrófica conflagración entre los dos países. Por eso, cuando el Kremlin lo invitó, a través del Ministerio de Cultura, a presentarse en la Unión Soviética, pensó que era la oportunidad de cumplir un sueño suyo: cantar para ese público y contribuir con su música a un mejor entendimiento entre los dos pueblos. No dudó por eso en asumir los gastos de la gira con su propio dinero. Unos gastos que fueron enormes, pues quiso que los conciertos se dieran con las mejores condiciones técnicas. En ese sentido, la gira significó para él una pérdida financiera, pero fue compensada por lo logrado en otros aspectos.

En el otoño de ese mismo año. Columbia Records lanzó el disco Kohuept, cuyo título es una corrupción fonética de la palabra concierto en ruso. Incluía 16 canciones grabadas en vivo durante los conciertos en Moscú y Leningrado. Entre ellas, estaba la versión de Back in the U.S.S.R., de John Lennon y Paul McCartney. Por otro lado, el músico decidió filmar aquellas presentaciones, pues pensó que era importante mostrar a sus compatriotas cómo fueron. Parte de ese material se recogió bajo el título de A Matter of Trust. The Bridge To Russia, donde se pueden ver diez de sus interpretaciones.

Para realizar Billy Joel: A Matter of Trust. The Bridge to Russia, Jim Brown partió de los 70 mil pies de película filmados en 35 milímetros. De ahí seleccionó imágenes de las presentaciones, así como otras tomadas fuera del escenario y durante las visitas de Billy Joel, su familia y sus músicos a distintos sitios de Moscú y Leningrado. Filmó además entrevistas a muchas de las personas que estuvieron involucradas en la gira. Por ejemplo, en el documental se incluyen los testimonios de Oleg Smirnoff, quien sirvió de traductor; Andrei Makarevich, músico y fundador de Machina Vremeni, el grupo de rock más antiguo de Rusia; y Stephen Rhinesmith, que en ese momento era embajador de Estados Unidos en la Unión Soviética. Esta mirada hecha veintisiete años después permite apreciar qué pasó entonces y qué trascendencia tuvieron aquellos conciertos tanto para soviéticos como para norteamericanos.

En los años 70 y 80, Billy Joel (1949) creó un catálogo de excelentes canciones con las cuales consiguió consecutivos éxitos de venta, además de seis Grammy. En ellas logró combinar su talento como compositor y su justa medida como rockero. Aunque no siempre valorado con justeza por parte de la crítica, contó con el apoyo entusiasta del público, lo cual lo ha llevado a vender más de 100 millones de discos. Asimismo sus temas han sido interpretados por numerosos artistas, y uno de ellos, Just the way you are, figura entre los más versionados de todos los tiempos. Pero a pesar de su gran fama y de dar conciertos por todo el mundo, su música, como la de muchos artistas occidentales y como el rock mismo, no se escuchaba tras el Muro de Acero. De ahí que al emprender la gira a la Unión Soviética ni él ni los funcionarios de Gosconcert sabían qué iba a pasar.

Después de todo, no podían ser tan malos

Al inicio del documental, Billy Joel comenta que siempre tuvo la idea de que “los soviéticos eran los tipos malos, que querían destruir a los Estados Unidos”. Esa imagen empezó a modificarse a partir de 1958, cuando el entonces joven pianista norteamericano Van Cliburn ganó el máximo premio en el I Concurso Internacional Tchaikovski. Eso, cuenta Billy Joel, demostraba que los soviéticos también aman la música, y le hizo pensar que, después de todo, no podían ser tan malos. Así que cuando recibió la invitación del Ministerio de Cultura dijo que sí. No obstante, antes de salir hacia Moscú tuvo que declarar ante la prensa norteamericana: “No soy político. Voy allí como músico. Este tipo de comunicación puede ayudar”.

Billy Joel estaba consciente de que iba a cantar en un país donde el rock estaba prohibido desde hacía décadas, por considerarlo una manifestación capitalista. Sin embargo, conviene recordar el momento histórico en que llegó a la Unión Soviética. Entonces los tiempos de la Guerra Fría estaban empezando a quedar atrás. Eso fue posible gracias a las reformas de la perestroika, impulsadas a partir del año anterior por Mijaíl Gorbachov. Con su llegada al Kremlin, se inició una nueva línea política encaminada a traer apertura, transparencia y cambios en la sociedad soviética. Desde los primeros días, los visitantes se dieron cuenta de que en la Unión Soviética algo estaba cambiando y de que el viejo orden estaba por ser barrido. Asimismo Billy Joel cuenta que le comentaron que Gorbachov amaba el rock cuando estudiaba en la universidad.

La llegada de los músicos dejó sorprendidos a los funcionarios. Traían nada menos que seis enormes camiones, donde llevaban los equipos de sonido y luces. Pero aún faltaban algunos días para que se presentaran en Moscú. Los primeros en disfrutar la música de Billy Joel fueron los georgianos. Acompañado de su familia y su banda, viajó a Tbilisi. Allí visitaron un monasterio, donde pudieron escuchar a un coro masculino. Durante la audición, Billy Joel se les unió espontáneamente con woo-dop. La química funcionó tan bien, que él les pidió que lo acompañasen en la presentación que iba a tener esa noche. Fue un concierto acústico, realizado en un teatro, con el cual el público quedó encantado. Pero el piano estaba en malas condiciones, lo cual obligó al cantante a esforzar mucho la voz. Tanto, que la tuvo afectada durante toda la gira. En Tbilisi los músicos fueron recibidos con mucha hospitalidad y mucho cariño. La gente les daba todo lo que tenía. Ellos estaban gratamente sorprendidos. Billy Joel lo resume al expresar: “No sabía que me iba a sentir tan feliz”.

Tras la visita a Tbilisi, a Billy Joel y su banda les aguardaba la verdadera prueba de fuego en Moscú. Allí no se iban a presentar en un pequeño teatro, sino en el Estadio Olímpico, que fue acondicionado para acoger a 20 mil personas. Los asientos no eran suficientes y fue necesario traer sillas de escuelas e iglesias. En el contrato, Billy Joel estableció que las entradas de sus conciertos debían distribuirse en los sindicatos y venderse en los quioscos de Moscú y Leningrado. Pero al comenzar el primer concierto, se dio cuenta que quienes ocupaban las primeras filas nada tenían que ver con el rock. Muchos eran personas maduras a las que, evidentemente, les molestaba el volumen de aquella música, pues se tapaban los oídos con las manos. Y después de dos canciones, muchas se marcharon. Billy Joel trataba desesperadamente de conectar con aquel público, que en su inmensa mayoría no hablaba inglés y que tampoco sabía cómo comportarse en un concierto de rock. Si aquella gira salía mal, eso iba a tener un impacto tremendo en su carrera en Estados Unidos.

Cuando se fueron los espectadores de las primeras filas, los jóvenes que estaban detrás ocuparon sus asientos. El cantante saltó entonces del escenario en busca de sus verdaderos fans, y estos poco a poco fueron respondiendo. Uno hasta se atrevió a subir al escenario y le expresó algo en ruso. “Whatever you say, baby”, le contestó él. Incluso los soldados que se encargaban de mantener el orden (los asistentes tenían prohibido bailar o saltar) se animaron a aplaudir, aunque, eso sí, sin sonreír. La música trajo un aire de libertad que los espectadores disfrutaron, y que era un signo de la nueva situación política. Acerca de ello, Billy Joel comenta en el documental: “Es como cuando ves por primera vez la televisión en colores: después de eso, no se puede volver al blanco y negro”.

Para demostrar a los soviéticos su confianza, Billy Joel llevó a su familia en la gira. Con él viajaron Christie Brinkley, su esposa, y su hija Alexa, que entonces tenía tres años. Estimulado por la positiva reacción que empezó a encontrar en el público, durante ese primer concierto el músico tuvo un gesto espontáneo: cargó a su hija en los brazos y comentó: “¿No es adorable?”. Entonces se acercó a los espectadores próximos al escenario y se la entregó. Era un modo de expresarles: Aquí les dejo a mi hija. Yo confío en ustedes, sé que nada le va a pasar. Eso lo lleva a decir en el documental: “No puedo creer que esta es la gente a la cual yo le tenía tanto miedo desde la escuela. Nosotros no vamos a tener una guerra con ellos. Los soviéticos no son el enemigo, y me di cuenta de que para mí la Guerra Fría había terminado”.

A propósito de ese primer concierto, el diario The New York Times escribió: “At the rock concert, held Sunday night at the Olympic Stadium, thousands of people, energized by the presence and music of Billy Joel, bolted from their seats an hour into the performance and started dancing in the aisles and pressing around the stage… Many of the people there said they had never witnessed, much less taken part in, such a breakdown in the normal decorum at a public performance”.

Un auditorio más entregado y entusiasta

En el segundo concierto, Billy Joel y su banda tuvieron ya un auditorio más entregado y entusiasta. Las medidas de seguridad fueron suavizadas y se permitió a los jóvenes situarse al lado del escenario. Los propios guardias que mantenían el orden estaban fuera de control. La interacción entre artistas y espectadores era increíble, sobre todo si se toma en cuenta la época. Uno de los músicos, el saxofonista Mark Rivera, narra en el documental una anécdota que le ocurrió esa noche. Entre los espectadores había un joven soldado y él le pidió mediante gestos que le prestar su gorra. El chico estaba aterrorizado, pero la gente alrededor suyo lo animó a que se la diera. Al terminar la canción, Mark Rivera se la quiso devolver, pero el soldado le dijo que se quedase con ella. Hasta hoy, comenta el músico, conserva esa gorra como uno de sus tesoros más valiosos.

En ese segundo concierto tuvo lugar un incidente que la prensa bautizó como Billy´s Red Rage (la Cólera Roja de Billy). Estaba interpretando Just a fantasy, cuando empezó a dirigirse a los técnicos con enfado: “¡Dejad de iluminar al público!”. Pero debido al volumen de la música, ellos no lo escucharon. Entonces el cantante tiró al suelo el teclado y después golpeó el micrófono contra el suelo, hasta hacerlo añicos. Finalmente, los técnicos comprendieron lo que les pedía y apagaron las luces. Billy Joel se había dado cuenta de que cuando la luz se dirigía a los espectadores, estos se mostraban cohibidos y dejaban de bailar. Oleg Smirnoff, el traductor, confiesa que pensó que todo aquello formaba parte del espectáculo y se preguntó qué iban a destruir la noche siguiente.

En una de las imágenes tomadas entonces, Billy Joel comenta que estaba disfrutando los conciertos como no lo había hecho en muchos años. En efecto, eso es algo que se pone de manifiesto en el documental, donde prueba que es además un gran showman. Canta acostado sobre el piano, se mueve continuamente de un lado a otro, se quita medias y zapatos, hace burlas a la cámara. En Moscú se atrevió por primera vez a hacer lo que en inglés se conoce como crowd surfing. Es cuando un rockero salta desde el escenario sobre los espectadores, que entre todos lo van llevando con los brazos levantados sobre sus cabezas. Oleg Smirnoff comenta que sintió miedo de que lo fueran a dejar caer, y se dijo: “¿Cómo va a volver al escenario? ¿O es que piensa continuar dando el concierto así?”.

Aparte de los seis conciertos que dio, Billy Joel y su familia se dedicaron a recorrer sitios de interés y a encontrarse con la gente. Recuerdan que los conmovieron las dificultades de la vida diaria. El músico cuenta que un día que paseaba por Moscú vio una cola enorme frente a la famosa tienda de departamentos GUM. En la vidriera había unas cajas envueltas en papel marrón. Quiso saber qué contenían, preguntó y las personas de la cola no sabían. Entonces, ¿por qué hacen cola?, indagó él. La respuesta fue: “¡No sabemos qué es, pero es algo!”. Pero de igual modo, Billy Joel se admiró de ver una enorme cola de personas que aguardaba bajo la lluvia para visitar el mausoleo de Lenin.

En otro de sus paseos, charló en la calle con varios jóvenes. Le comentaron lo difícil que era en la Unión Soviética ser diferentes, usar jeans, llevar el pelo largo. Una mujer madura se acercó al grupo y empezó a insultar a los chicos: “Esto no es Rusia. Sois la vergüenza del país”. El músico se limitó a decirle: “Esto mismo decía mi madre cuando yo era más joven”. Otra de sus visitas fue al Circo del Parque Gorki, donde él y su familia pudieron asistir a un ensayo. Allí conocieron a dos gemelos y con uno de ellos, llamado Viktor, el cantante estableció una conexión muy especial.

El joven asistió a todos sus conciertos y siempre estaba pegado al escenario. Fue el espectador más devoto y expresivo que tuvo Billy Joel, algo que se puede apreciar en el documental. Por su parte, el músico le expresó en uno de sus encuentros: “Tú me das la energía para hacer el show”. A su vuelta a Estados Unidos, le dedicó una hermosa canción titulada Leningrad, incluida en Storm Front (1989), y en la cual expresa: “Viktor was born in the spring of 44/ And never saw his father anymore/ A child of sacrifice, a child of war/ Another son who never had/ a father after Leningrad”.

En algunas situaciones, el músico no necesitó hablar para entenderse con las personas. En las otras, contó con la colaboración de Oleg Smirnoff. Inicialmente, el Ministerio de Cultura la había asignado un traductor oficial. Pero él prefirió contratar a ese freelancer, que le recomendaba cómo debía comportarse y le advertía sobre quiénes eran de la KGB. A sugerencia de Smirnoff, Billy Joel empezó a hablar en los conciertos. En uno de ellos dedicó su canción Honesty a Vladimir Visotsky, el poeta, actor y cantante por el que los soviéticos sienten una verdadera devoción. Supo de su existencia un día que vio una enorme cola de personas que aguardaban durante horas para visitar su tumba y dejarle flores. En el documental se incluyen también imágenes de la visita que Billy Joel hizo a la madre de Visotsky.

Veintisiete años después, todos los que participaron en aquella gira reconocen que fue una experiencia que los cambió. Y afirman que no pueden agradecer suficientemente a los soviéticos por haberlos recibido con tanto cariño. Por otro lado, y aunque las composiciones de Billy Joel no tienen contenido político, sus conciertos tuvieron un impacto que fue más allá de lo musical. Para él, aquella gira fue un momento importante de su carrera, y además demostró el poder de la música para conectar y comunicar a personas de distintas nacionalidades, culturas e ideologías. Por eso el cantante no duda en reconocer que cada centavo, de los 2 millones que invirtió en aquellos históricos conciertos, mereció la pena.

Cuenta Billy Joel que más de una vez pensó que un día, cuando su hija Alexa creciera le iba a preguntar: Papá, ¿qué hiciste tú durante la Guerra Fría para tratar de acercar a los pueblos de Estados Unidos y la Unión Soviética? Después de ver Billy Joel: A Matter of Trust. The Bridge to Russia, ya sabemos que su padre tiene algo que contestarle.