Actualizado: 06/12/2021 17:08
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Literarura

Sin temor a los temas difíciles

El guantanamero Eldys Baratute Benavides constituye un buen exponente del relevo generacional que se está produciendo en la literatura cubana para niños y jóvenes

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En El fuego sagrado. Los escritores cubanos para niños se confiesan (2006), Enrique Pérez Díaz recopiló entrevistas a veinticuatro autores que se dedican a esa manifestación. Como aclara en las páginas introductorias, los textos están ordenados atendiendo al criterio cronológico, es decir, a la edad de los entrevistados. Así, el libro lo inicia Dora Alonso, la mayor de todos. La nómina incluye, entre otros, a Nersys Felipe, Magali Sánchez Ochoa, Julia Calzadilla, Ivette Vian, Luis Cabrera Delgado, Olga Marta Pérez, Albertico Yáñez, Enid Vian. Al presentar al benjamín del grupo, el guantanamero Eldys Baratute Benavides (1983), Pérez Díaz apunta que en el mundo de los concursos literarios los jurados se suelen encontrar a veces “con libros interesantes, ciertamente renovadores, que permiten descubrir cómo un autor tiene auténtica madera de escritor”. Y señala que a pesar de la sencillez y la ingenuidad de quien se inicia en el oficio, “uno advierte que se encuentra frente a una voz nueva, valiente, indagadora, llena de sueños y perspectivas provocadoras”. Concluye que por esas razones, y a pesar de su juventud, EBB “se ha ganado con creces la posibilidad de aparecer en este libro”.

Recientemente, he tenido la oportunidad de leer cuatro libros de EBB, y puedo confirmar que la apuesta que por él hizo Pérez Díaz fue acertada. (Aunque no he podido acceder a ellos, aclaro que su bibliografía también incluye Cuentos para dormir a María Cristina, de 2005, y Las flores de Pablo, de 2006). Marité y la hormiga loca (Casa Editora Abril, La Habana, 2007), Los gnomos están tristes (Ediciones Sed de Belleza, Santa Clara, 2010), Cucarachas al borde de un ataque de nervios (Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2010) y ¿Tres tristes cuentos? (Editorial El Mar y la Montaña, Guantánamo, 2011), permiten apreciar la trayectoria de un autor en quien se advierte con claridad un proceso de depuración y crecimiento cualitativo. De una obra a la siguiente se nota cómo va encontrando y definiendo un estilo y un repertorio temático propios.

En Marité y la hormiga loca hallamos ya algunos de los elementos que van a distinguir la obra de EBB. Marité, la protagonista, es hija de una carpintera aficionada y un farolero medio loco. Sin embargo, apenas alcanzó a conocerlos. El padre se enteró por un amigo que en otro pueblo habían abierto una fábrica de faroles, y partió para allá. Debido a eso, la madre se quedó muy triste. Además las escobas de yarey, lo mejor que hizo en su vida, ya no le salían bien. A eso se sumó que el llanto de la recién nacida la desesperaba, así que decidió abandonarla en un latón de basura.

Marité fue a parar a un basurero. Allí pasó a ser criada por unas perras paridas y luego se hizo cargo de ella la directora de un grupo de rap. Algunos años después tuvo un incidente con un rapero que se creía el mejor del mundo. Eso provocó que la Federación Internacional de Raperos la desterrara (“nunca se debe maltratar a un hermano del rap”). Se vio así de nuevo en la calle, hasta que descubrió que la casona vieja del pueblo estaba deshabitada y la convirtió en su hogar.

Aunque tiene buenas relaciones con niños, roqueros y vendedores ambulantes, sus verdaderos amigos son dos: Tojosita, una de las perras que le dieron leche y que desde entonces la acompaña, y Roly, un negrito tímido e inteligente con quien ha a prendido a cuidar su aspecto y a pronunciar bien algunas palabras. A los tres les agrada sentarse en el parque, con una botella de guarapo y un libro de chistes. Algo que molesta a las cuatro hermanas chismosas que viven en la esquina de la casa de Marité, y que cuando pasan frente a ellos no paran de cuchichear: “Esa niña es una borracha, mira como le pasa la botella al negrito y la mano a esa perra pulgosa, qué deshonra”.

Marité es además una adolescente poco convencional, por decirlo de algún modo. No le gusta la moda y prefiere vestirse como a ella le da la gana. A veces acompaña en sus tertulias a los bandoleros. En realidad, estos son buenos muchachos, pero en otra etapa eran rechazados y la gente se apartaba de ellos. Incluso “terminaron sembrando frutas en las afueras del pueblo. Sin más delito que creer que las cosas tenían otro color”. Para desentonar más, a Marité se le ocurrió que, en lugar de tener un novio, iba a tener dos o tres al mismo tiempo. Por eso quienes no la entienden, fueron a la policía para decir que una loca había llegado al pueblo.

Elude las formas tradicionales y acomodaticias

En el libro se cuentan otras cosas. Por ejemplo, el encuentro accidental de Marité con su padre, aunque ninguno de los dos llegó a saber la relación que existe entre ellos. El hecho fortuito de quedarse sin dinero llevó a la adolescente a pararse en una esquina y empezar a rapear. Fue tal el éxito que tuvo, que a partir de ese momento decidió que se iba a ganar la vida como rapera. Creó una peña y quiso grabar un disco. Sin embargo, no logró que ninguna discográfica se interesara. Entonces su amigo Roly tuvo la idea de escribir un libro sobre ella. Lo hizo, fue publicado y lo presentaron en medio del parque. Asistieron muchas personas, pero casi nadie tenía dinero para adquirirlo. Marité compró todos los ejemplares y se los regaló a la gente, “porque los libros son tesoros que no se deben vender”.

Uno de los hallazgos de EBB es presentar una imagen distinta de unos personajes a los que se suele calificar de marginales, cuando lo cierto es que en la mayoría de los casos es la sociedad la que los margina. En ese sentido, es inevitable la referencia a ¿Dónde está la princesa?, un libro de Luis Cabrera Delgado que hace unos años comenté en este mismo diario. Asimismo a través de esa adolescente liberal y poco dada a someterse a las convenciones, el autor, como expresa Enrique Pérez Díaz en el texto de la contraportada, hace un canto a la libertad y la autodeterminación. Con ella EBB inició una galería de personajes que defienden su derecho a pensar y vivir de otra manera.

También participan de ese interés por eludir las fórmulas tradicionales y acomodaticias y tratar aspectos de la realidad de la vida contemporánea, los seis cuentos que integran Los gnomos están tristes. En esos textos EBB asume el desafío de enfrentar temas más difíciles y controversiales. Así, en “Casa de muñecas” aborda la reacción violenta y la incomprensión del padre ante el hijo varón que, en lugar de jugar con trompos y bolas, prefiere hacerlo con muñecas; en “El niño de la cama cuatro”, la soledad y la falta de cariño maternal; y en “La casa en el fondo del patio”, el trauma que ocasiona en los niños el divorcio de los padres. En todas las narraciones, la realidad aparece mezclada con una dosis de fantasía. En ese libro también se incluye “Alicia y el mundo de las maravillas”, un cuento en el cual EBB establece un juego intertextual con la célebre obra de Lewis Carroll. Es algo que ha hecho con otros textos de la literatura para niños, tanto de autores cubanos como extranjeros.

En ¿Tres tristes cuentos? y Cucarachas al borde de un ataque de nervios, EBB incorporó un ingrediente nuevo, el humor. Eso ha dado a su escritura una frescura y un desenfado muy saludables, y que personalmente echaba en falta en Los gnomos están tristes. En el primero de esos títulos encontramos a Yumisisleidys, uno de sus personajes característicos. “Era una hormiga loca. O sea, no era de las hormigas comunes y corrientes que se levantan, desayunan, van al trabajo, almuerzan, siguen trabajando, ven las aventuras, la telenovela y las películas; los fines de semana van a la playa, al cine o llevan a sus hijos al parque (…) Era una hormiga loca y las de su especie se conformaban con pasar el tiempo en las nubes, pensando en las musarañas, dispuestas a responder cualquier cosa, menos lo que le preguntan”.

A Yumisisleidys las demás hormigas no la entienden, y por eso prefiere pasear sola y no en grupo, como hace su familia. Por eso, al final la madre determinó llevarla al psiquiatra. Tras saber su nombre, lo primero que este le dijo fue: “Claro, ahora lo entiendo todo, con un nombre así cualquiera se enferma de los nervios”. En el hospital, Yumisisleidys conoció a otros pacientes que tenían unas historias muy singulares. Entre todos formaron una banda de rock, con la cual les fue muy bien. Luego se les ocurrió ser boleristas, y la aceptación que tuvieron fue igualmente buena. Después de salir del hospital, se juntaron para buscar un sitio en donde pudieran dedicarse a soñar. Al cabo de un año, todos los canales de televisión hablaban del hospital psiquiátrico más famoso del mundo. Lo dirige una hormiga loca, y aunque no se sabe la razón, ningún paciente quiere salir de allí.

También forma parte de la nómina de personajes inconformes y tenidos por locos, la protagonista de “Cuento de amor sin título para evitar una cursilería al estilo de Corín Tellado”. Se llama Katalina y es una polilla que, para consternación de su familia, ha anunciado que quiere ser escritora. Eso ha motivado que cada cinco minutos tiene que escuchar los reproches de las otras polillas: “Niña, nosotras estamos para comer libros, no para hacerlos. Por ahí comentan que estás medio loca”. Ella, sin embargo, no les contesta, pues ha escuchado que las escritoras son muy educadas y no pueden andar por ahí discutiendo con los demás.

Sus sueños literarios se esfumaron cuando presentó el primer libro a una editorial y se lo rechazaron. Ya estaba decidida a empezar a escribir al estilo de Corín Tellado, cuando conoció a Sobrio, un lagarto que creció tomando vino de uvas, cosecha de 1895, debido a que las vacas estaban en huelga. Gracias a las historias que ella le contó, el lagarto se curó de su adicción etílica. Se casaron y entre ambos crearon una editorial que solo publica libros a las polillas. Al cabo de un año, uno escrito por Katalina, ¿Tres tristes cuentos?, se ha convertido en el más vendido en todo el mundo.

¿Qué es lo permisible para el otro?

A diferencia de las obras dirigidas a los adultos, las escritas para el público infantil usualmente tienen una recepción normal y apacible y no suelen suscitar polémicas. No ha sido ese el caso de Cucarachas al borde de un ataque de nervios. Su publicación ha estado acompañada de acalorados debates. Dio lugar a que circularan emails maliciosos y no faltaron quienes han tildado el libro de inmoral. Asimismo hubo padres que protestaron por el hecho de que su autor se haya atrevido a tratar unos temas “difíciles”, o que en todo caso no son apropiados para los niños. El propio EBB ha tenido que referirse a eso en más de una entrevista. En una que le hizo Yordis Monteserín y que se puede leer en La página del Arte Joven Cubano, declaró:

“Si hay algo que aprendí de mis clases de filosofía en la universidad es que la moral es un término muy relativo y que depende de lo que te hayan enseñado sobre lo permisible o no. Todo lo que no es permisible es inmoral. Sin embargo, ¿alguien sabe en realidad qué es lo permisible para el otro? Eso es muy difícil de responder. Claro que Cucarachas… es un libro inmoral para las personas que aun viven en el siglo X d.n.e, con doctrinas inquisidoras y piensan que los niños son pequeños tontos sin cerebro que no tienen derecho a pensar; que la literatura escrita para ellos solo debe tener palabras rimadas para que se diviertan. O mejor, muchas imágenes para que los hijos recorten las páginas y se queden entretenidos mientras los padres hacen los deberes de la casa. Y que conste, bajo esas circunstancias respeto su criterio, con una educación basada en esos principios no se puede pensar de otra manera”.

Debo admitir que los niños que se orienten por las líneas que aparecen en la contraportada, van a iniciar la lectura totalmente despistados. Allí se apunta: “¿Te gustan las cucarachas? Imagino que no, a casi nadie le gustan. Seguro tus padres te dicen que son feas y sucias. Pero cuando conozcas a estas Cucarachas al borde de un ataque de nervios, vas a cambiar de opinión. Descubrirás que como personajes pueden ser dulces, simpáticas y amigables”. A dar esa impresión contribuyen las ilustraciones en colores de Dagnae Tomás Martínez, cuyo excelente imaginativo trabajo merece ser resaltado.

Sin embargo, nada más abrir el libro los lectores se van a encontrar con “Yacqueline vs. Yaco”, un cuento acerca de una cucaracha que confronta un serio problema de identidad. Los abogados del Registro Civil le han insistido más de mil veces para que acabe de ponerse un nombre, pero ella siempre les da la misma respuesta: “Hay muchos nombres en el mundo… no sé cuál ponerme. Me gustaría llamarme Isabel, como la reina de España; Cristóbal, como el descubridor del mundo; Katherina, como una escritora que conocí hace poco; o Héctor, como el troyano”. Unas veces amanece con ganas de pintarse los labios, y así lo hace. Otras, en cambio, se va al gimnasio a fortalecer los músculos, y cuando pasa por el parque piropea a las cucarachas jovencitas.

Otro cuento que me imagino debe haber hecho que algunos se rasgaran las vestiduras es “Amor sin espejuelos oscuros”. Su protagonista quiere amar a alguien, no importa a quién. Tiene muchos pretendientes, pero ninguno ha logrado despertar su amor. Un día vio a otra cucaracha que revisaba libros viejos en una biblioteca. Entonces supo que se había enamorado. A partir de ese día, las dos empezaron a salir tomadas de la mano a contemplar la puesta de sol.

Los cucarachones estaban escandalizados de que aquella cucaracha se hubiese enamorado de otra cucaracha igual a ella. Les arrojaban papeles, les decían groserías. Asimismo los vecinos comenzaron a criticarlas. Algunos incluso les torcían los ojos al pasar a su lado. Después pasaron a tirarles piedras a la puerta de su casa, hasta que la dejaron destruida. Las dos cucarachas se mudaron a otro barrio, pero de allí también se tuvieron que ir. Una tarde se dieron cuenta de que ya no les quedaba sitio a donde escapar. De todas formas, ellas se sentían felices. “El andar juntas de un lado para otro, en medio de la incomprensión, las había unido más”.

EBB ha convertido a las cucarachas en protagonistas de los nueve cuentos recogidos en el libro. Invierte así la imagen que tradicionalmente se tiene de esos insectos, aunque no hay que olvidar que la literatura para niños cuenta con el antecedente de la cucarachita Martina (en algunos países latinoamericanos se le conoce indistintamente como Martínez y Mandinga). Él mismo ha expresado que quiso tomarlas como símbolo de lo marginal, de lo apartado, de lo que a nadie le gusta. Las cucarachas además le sirven como pretexto para criticar, a través de ellas, defectos, errores y comportamientos de los seres humanos: la falsa moral, la maledicencia, el ego desmedido, los preconceptos que impiden que las personas se acepten tal cuales son.

Como antes señalé, el humor es un elemento importante en el libro. Su presencia es siempre agradecida por los niños, y bien empleado representa un recurso de gran eficacia. Eso se pone de manifiesto en Cucarachas al borde de un ataque de nervios, donde proporciona el vehículo idóneo para tratar unas temáticas socialmente riesgosas y controversiales. EBB logra un buen balance entre el tono jocoso y la seriedad en el tratamiento de los asuntos. En los cuentos no asistimos al enfrentamiento clásico entre personajes buenos y personajes malos. Aquí se trata de unas cucarachas en las que muchos niños y adolescentes han de identificar a las personas con quienes conviven a diario, a modo de un espejo que les muestra a los adultos que algún día ellos pueden llegar a ser. Asimismo en su preocupación por no simplificar los textos, el autor prescinde de las soluciones fáciles y las moralejas, pues como él sostiene, “en cuestiones de moral, con los padres y los maestros los niños ya tienen bastante”.

Aparte de textos como los mencionados, además de otros como “Cucarachamidas”, “Tembleque”, “Los chismes de Manolo” y “Yo quiero ser una diva”, hay dos en los cuales EBB reincide en su interés por revisitar personajes y motivos de cuentos famosos. Concluiré estas líneas reproduciendo uno de esos cuentos, el titulado “¿La historia verdadera?”, y sobre el cual no creo que hagan falta más aclaraciones:

“-Oiga, señor Ratoncito Pérez, ¿se quiere casar conmigo?
“-¿Yoooo?, juh, ¿y quién es usted?
“-¡Ahh! ¿Pero no me conoce?... la cucarachita Martina.
“-¿Y qué hace usted de noche?
“-Eh, eh, eh… dormir y callar.
“-Pues mire, no me caso… no me gustan las cucarachas tan aburridas”.