Actualizado: 21/07/2019 2:08
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Ibsen, Teatro, Teatro cubano

Una lección de buen teatro

Jorge Ferrera ha adaptado Peer Gynt de Ibsen para un solo actor. Un trabajo que constituye un verdadero despliegue de técnica y de virtuosismo

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De 1992 data la fundación del Teatro El Puente, surgido en el seno del Instituto Superior de Arte, donde sus integrantes cursaban estudios. Entonces era un grupo con un equipo estable de actores y actrices. Establecido desde el año 2000 en España, primero en Barcelona y después en Madrid, el Teatro El Puente ha pasado a ser ahora un espacio de creación, abierto y dinámico. A su frente sigue estando Jorge Ferrera, quien además ha trabajado en puestas en escena de directores como el catalán Joan Baixas y la también cubana Liuba Cid.

Una de las líneas que caracteriza el repertorio del grupo son los montajes de pequeño formato y los unipersonales. El propio Ferrera ha dirigido e interpretado algunos de estos últimos: Estudio 44, Mascarada de los ángeles, Jorge, Gulliver que ha presentado en escenarios de varios países. Justamente, para celebrar los 27 años de trabajo del Teatro El Puente, ha estrenado una adaptación para un solo actor de Peer Gynt, la obra del dramaturgo noruego Henrik Ibsen.

Sin que yo se lo preguntase y sin que Ferrera me lo haya confirmado, me atrevo a afirmar que, de todos los unipersonales estrenados por él, Peer Gynt debe haber sido el de más ardua y complicada creación. Adaptar la obra original para que sea interpretada por un solo actor es, para expresarlo en buen cubano, algo equivalente a meter La Habana en Guanabacoa. Lo digo porque se trata de un texto que tiene un abundante número de personajes, su acción se va desplazando por una multiplicidad de escenarios y posee una estructura difícil de llevar a escena (de hecho, originalmente se escribió para ser leída e incluía un acto entero a oscuras).

A diferencia de otros textos de Ibsen, Peer Gynt no es un drama realista, sino una obra fantástica en verso. Narra las aventuras de un chico con gran imaginación y muchos sueños de grandeza, que se mete constantemente en problemas. Eso lo hace tener una relación conflictiva con su madre, que se disgusta con él por las quejas de los vecinos. Un día, Peer asiste a una boda y se queda prendado de Solveig, una hermosa joven que aparentemente le rechaza. El novio pide ayuda a Peer para convencer a Ingrid, la novia, de que se case, ya que se resiste a ello. En lugar de hacerlo, en plena boda Peer se escapa con Ingrid hacia las montañas. Una vez allí, abandona a la joven, quien, despechada, le acusa de haberla raptado y abandonado.

Mientras da un paseo por el bosque, Peer se encuentra con una misteriosa dama que le dice es una princesa, hija del Rey de las Montañas de Dovre, y lo invita a su reino. La princesa promete hacer feliz a al joven, quien encandilado por la ambición se deja conducir al palacio del viejo Rey. Su sorpresa es mayúscula cuando descubre que su reino es, en realidad, una cueva llena de trolls, personajes legendarios de la cultura noruega. Estos pretenden que Peer se quede a vivir para siempre con ellos, y lo amenazan con devorarlo si no se casa con la princesa, quien ha perdido su belleza. Peer escapa milagrosamente al sonar las campanas lejanas, despertando en brazos de Solveig.

Como Peer fue desterrado por la justicia y condenado a vivir en el bosque, Solveig abandona a su familia para marcharse con él. Cuando este sale en busca de leña, se encuentra con la hija del Rey de las Montañas, que ha tenido un hijo horripilante, fruto de la unión de ambos. Tras la muerte de su madre, Peer abandona a Solveig y se marcha a África, donde amasa una pequeña fortuna gracias a turbios negocios de trata de esclavos. Un jeque lo aloja en su séquito pensando que es un profeta. Él se enamora de la bella Anitra, quien, haciendo uso de su poder de seducción, lo va despojando de sus riquezas hasta dejarlo abandonado y sin nada en medio del desierto.

Peer regresa a su país. Sin embargo, el destino le depara un nuevo infortunio: el barco en que viajaba se hunde frente a la costa. Logra salvar su vida sacrificando la de un cocinero con la familia. Tras veinte años de vagar, Peer es un anciano atormentado y agotado que regresa a su pueblo y se encuentra con el Fundidor. Este lo amenaza con conducirlo al infierno, ante lo cual Peer pide ayuda a Solveig, que nunca ha dejado de esperarlo y que, con sus palabras de amor, en el minuto final consigue la salvación de su alma. Tras haberlo probado y perdido todo, Peer comprende que cada ser humano debe bastarse a sí mismo, como le dice el Rey de los Duendes. Ha tenido que pasar muchos años fuera de su país para que se dé cuenta de cuál es su verdadero hogar.

Pienso que este resumen del argumento permite tener una idea de las enormes dificultades que implicaba convertir la obra de Ibsen en un espectáculo unipersonal. Para conseguirlo, Jorge Ferrera realizó un serio trabajo de dramaturgia, en el cual dio protagonismo a los caracteres femeninos: Aese, la madre de Peer Gynt, Ingrid, Solveig, la hija del Rey de la Montañas de Dovre. Conservó también algunos personajes masculinos, importantes para que se pueda seguir la historia.

Ferrera es un artesano del teatro y ha concebido una puesta en escena sustentada por completo en la labor actoral. A lo largo del espectáculo se vale de una especie de cayado, del cual va sacando unos pañuelitos de diferentes colores que emplea para caracterizar los personajes de Ingrid, Solveig y la hija del Rey de las Montañas de Dovre. De igual modo, trabaja en un espacio escénico despojado, y en su audaz y maratoniano recital interpretativo solo incorpora como recursos técnicos unos adecuados diseños sonoros y de iluminación.

En lo que se refiere a su trabajo como actor, se puede resumir diciendo que es un tour de force que deja sin aliento. Ferrera interpreta el ciclo vital de un Peer Gynt embustero, romántico, aventurero y fabulador. Un antihéroe de naturaleza tumultuosa y extrema, contradictorio en sus defectos y sus virtudes. Da vida además a varios de los personajes con los que Peer se va cruzando a lo largo del trayecto de su vida. Esa prodigiosa multiplicación le exige constantes cambios de voz, de gestos, de ritmo. Unas transiciones que hace con sutileza y con un despliegue de técnica y de virtuosismo. Quiero resaltar particularmente el hecho de que, en un montaje con tanto texto, mantenga siempre una dicción correcta y clara. Lo destaco porque en las últimas generaciones de actores formados en la Isla, la pésima articulación constituye una deficiencia casi endémica.

Con Peer Gynt, el Teatro El Puente se ha venido presentando, desde el mes de febrero, en la sala Off Latina (Mancebos, 4, Madrid). La temporada allí finalizará con la función de hoy viernes. Tras esa temporada, Ferrera iniciará una gira con el espectáculo que lo llevará a Colombia (julio, agosto y septiembre), La Habana (octubre), Miami (octubre) y Argentina y Uruguay (noviembre y diciembre).