Actualizado: 25/09/2020 0:20
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Atletismo

El postergado adiós de Iván Pedroso

Perseguido por las lesiones desde muy temprano, el saltador desea continuar en la disputa de las medallas como mínimo un año más.

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Contrario a lo que muchos vaticinaron, el saltador de longitud Iván Pedroso anunció hace unos meses que no se retirará. Al menos no por ahora. Perseguido por las lesiones desde muy temprano en su carrera, el campeón olímpico de Sydney 2000 desea continuar en la disputa de las medallas en su especialidad como mínimo un año más.
No debe ser fácil para Pedroso hablar de retiro cuando apenas se tienen 32 años y no se percibe en el horizonte la sombra de un invencible, estilo Carl Lewis o Mike Powell. Pero a los más grandes también les llega su hora y quizás ya a Iván, en lugar de despedirse ganando, sólo le reste cosechar otras nuevas frustraciones.

Recientemente, hubo noticias de un nuevo fracaso suyo. El escenario fue el Campeonato Mundial de Atletismo Bajo Techo, celebrado en Moscú. Allí Pedroso no pudo pasar siquiera de la primera fase eliminatoria, para confirmar no sólo su baja forma deportiva en la actualidad, sino el pésimo momento que vive este deporte hoy en la Isla.

El Saltamontes

Iván Pedroso fue desde muy joven un saltador extraclase, un hombre que hizo historia como pocos en el deporte cubano, a la altura de Javier Sotomayor y Alberto Juantorena. Sólo le faltó agenciarse un registro universal que dejara atrás a la terna norteamericana de los Beamon, Lewis y Powell. Casi lo alcanza en Sestriere (Italia), en 1996, pero lamentablemente su salto no fue homologado debido a la espesa niebla que cubría el estadio.

En 1996, pudo haber obtenido su primer pergamino olímpico en Atlanta. Era el favorito. Había demostrado convincentemente sus cualidades con los títulos en el Campeonato Mundial de Gotemburgo (Suecia) y en el de Barcelona (bajo techo) un año antes, pero el flagelo de las lesiones —estaba convaleciente de una operación en una de sus piernas— se lo impidió.

Recuperado de ese mal trance, lo ganó todo. No hubo reunión atlética universal entre 1996 y 2000 que no ganara, lo mismo en Maebashi (Japón) que en Mar del Plata o Winnipeg. Igual fueran Campeonatos Mundiales, Copas del Mundo o Juegos Panamericanos. Su consagración total llegaría con el ansiado título olímpico en Sydney, en espectacular duelo con el local Jan Taurima decidido en el último salto, cuando Iván clavó los pinchos en 8,55 metros.

En los últimos años, Iván volvió a ser víctima de las lesiones y su accionar disminuyó considerablemente. Fracasó estrepitosamente en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, donde quedó séptimo, y la mayoría comenzó a pensar que había llegado el momento del adiós. Sin embargo, en mayo de este año, un estirón de 8,22 metros hizo creer en un retorno a la estelaridad. Esta parecía ser la temporada ideal para su recuperación, pues se acercaba el Mundial de Helsinki, pero otra vez las lesiones lo alejaron de las buenas marcas y ni siquiera pudo ubicarse en la ronda final del certamen.

"Sólo me falta confianza, algunos ajustes técnicos y un poco de suerte", dijo recientemente a la prensa y agregó que con un poco de esfuerzo podía aproximarse e incluso superar los mejores registros de la temporada, que, a decir verdad, no son nada del otro mundo.

Pero nada es tan sencillo en la exigente escena competitiva del deporte actual. Ojalá no peque por exceso de entusiasmo y en los principales torneos atléticos que restan este año (descartado ya el Mundial bajo techo, quedarían la temporada europea de verano y los Juegos Centroamericanos en Colombia) pueda demostrar que sigue siendo Iván El Terrible, el Saltamontes, el mejor del mundo. Porque talento, temple y experiencia le sobran.