Actualizado: 23/07/2019 15:01
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Béisbol: Serie Nacional

¿Industriales o Santiago?

Ver a ambas novenas discutir el campeonato es el clásico que todos los cubanos desean para este torneo, que por unas horas al día hará olvidar penurias propias y ajenas.

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Una nueva edición de la Serie Nacional de Béisbol recién comienza en Cuba. El primer pasatiempo nacional reanudó desde el pasado domingo la porfía de dieciséis equipos distribuidos en cuatro llaves, todos dispuestos a arrebatar a los Industriales de la capital el banderín de mejor conjunto de la temporada.

Y deberán batallar fuerte porque otra vez los azules de Rey Vicente Anglada salen como favoritos, gracias a su poderío ofensivo y a la profundidad de su cuerpo de lanzadores, con los estelares Frank Montieth, Yadel Martí y Deynis Suárez a la cabeza. Con el madero en mano, Alexander Mayeta y Yoandri Urgellés comandan un line up resolutivo y muy impulsador, en el que sobresalen también Yasser Gómez, Doelsis Linares, Rudy Reyes y el hombre proa, el veterano camarero Enriquito Díaz, principal robador de bases de la pelota cubana actualmente.

Lo que más suele gustar de los capitalinos es su agresividad. Salen siempre a ganar y si no pueden, saben dejar buenas impresiones. No son pluricampeones por gusto y saben mostrar garra, cosa que no sucede lamentablemente con otras selecciones grandes, como Villa Clara y Pinar del Río, por ejemplo, que un día satisfacen y al otro decepcionan a sus seguidores.

Es cierto que la historia pesa mucho en este sentido, pero también debe destacarse que Industriales ha logrado mucha estabilidad en su alineación y ha sabido suplir las ausencias de algunos estelares que en los últimos años han decidido probar suerte en Grandes Ligas, léase Orlando El Duque Hernández y Kendry Morales, entre otros.

Si Industriales ocupa la esquina azul en este ring imaginario del béisbol cubano, en el ángulo opuesto estará seguramente Santiago de Cuba, subcampeón en el pasado torneo, otra vez dirigido por Antonio Pacheco. Aunque ahora no aparece el versátil Manuel Benavides en la selección —el porqué no se ha aclarado aún—, ellos conforman, con seguridad, la otra alineación más seguida de la Serie, en virtud de su excelente comportamiento sobre el terreno y otra vez la historia. Mucha atención habrá que poner sobre dos magníficos bateadores: el torpedero Luis Miguel Navas —una y otra vez excluido del equipo nacional— y el joven José Julio Ruiz.

Ver a ambas novenas discutiendo el campeonato es el clásico que todos desean. Así ha sido también en los últimos años, cuando otros equipos han intentado llegar pero no han podido. Entre los que pueden sumar victorias hasta llegar a las fases finales, vuelven a estar los gallos de Sancti Spíritus, con Lourdes Gourriel de nuevo en el timón de mando, y los aguerridos de Isla de la Juventud, Granma y La Habana, sin olvidar a los mencionados Villa Clara y Pinar del Río. Esa sigue siendo la élite del béisbol cubano.

Algunos tal vez propongan ampliar la lista con la inclusión de Ciego de Ávila y Las Tunas, por sus buenas actuaciones en las últimas temporadas, pero sobre la grama deberán demostrar que saben llegar más lejos y que tienen poder para dejar de ser por fin eternas promesas. De todas maneras, nada induce a creer que esta temporada no repetirá las emociones de ese clásico entre Industriales y Santiago.

Las nuevas regulaciones

Entre las nuevas medidas que se pondrán en práctica este año, ninguna resulta más llamativa que la de limitar a cien el número de lanzamientos de los pitchers abridores, una necesidad flagrante y antigua de nuestro béisbol, debido al exceso de trabajo de algunos y la proliferación de lesiones.

Este límite contribuirá a configurar mejor las especializaciones del pitcheo (abridores, relevistas largos y cerradores), algo que no se respeta ni en el equipo Cuba, y afectará sin duda a los equipos más débiles, que no cuentan con un buen cuerpo de serpentineros. Pero a la postre redundará en beneficio de este deporte, que ha visto cómo figuras jóvenes con grandes perspectivas debieron decir adiós ante la inclemencia de las lesiones, en buena medida por la irracionalidad de su utilización.

El otro aspecto destacable es la reducción de la cantidad de juegos en terrenos inadecuados, sobre todo en municipios y poblados, factor que también incidió en las lesiones. Aquí debe hacerse un aparte y recordar el pésimo estado de conservación de la mayoría de los estadios y campos de juego que no logran beneficiarse de la errática y cada vez más centralizada política de distribución de recursos por parte de las autoridades gubernamentales. Muy contadas capitales de provincia lucen condiciones óptimas: cercas acolchadas, buena iluminación, césped reverdecido, drenaje apropiado y palcos confortables.

Los peloteros cubanos mantienen sus privilegios sobre el resto de la familia deportiva nacional. Eso es cierto. Cuentan con buenas atenciones (transporte, hospedaje, alimentación, vestuario, calzado y otros insumos) y se roban toda la atención de la prensa y las autoridades. Sus resultados son considerados parte del escenario político de un régimen que los utiliza y manipula a su antojo. Pero todavía falta mucho para que ese estatus llegue a colmar las expectativas de la mayoría de estos atletas, que para poder jugar deben firmar obligatoriamente un código de ética donde se les exige disciplina deportiva e incondicionalidad política.