Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Río 2007

Una cadena de errores y presiones

Desamparo legal, presión de La Habana y obediente gestión de Brasilia dictaminaron la deportación de Rigondeaux y Lara.

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La suerte está echada, la mala. Guillermo Rigondeaux, de 26 años, bicampeón olímpico y mundial, y Erislandy Lara, de 24, campeón mundial de los pesos medios, están ya en Cuba tras un obvio y planeado proceso de deportación entre las autoridades de relaciones exteriores de los gobiernos de Cuba y Brasil.

Desde días antes de la detención, acontecida el 2 de agosto último en la Región de Los Lagos en Río de Janeiro, la Policía Militar, a solicitud de la Secretaría Nacional de Seguridad, venía siguiéndoles las pistas.

En un comunicado hecho público por el diario O Globo, se dice que La Habana, a través de su Comité Olímpico y el Ministerio de Relaciones Exteriores, había presionado a la dirigencia deportiva de Brasil y al propio Lula da Silva para encontrar a los atletas en virtud del conocimiento, mediante fuentes "desconocidas", de que los mismos aún se encontraban en territorio brasileño y no en Alemania, como días antes había expresado a la prensa internacional el empresario turco radicado en Hamburgo y propietario de la Arena Boxing, Ahmet Oner.

Con la "sentencia" de que ambos boxeadores no podían permanecer en territorio brasileño tras la condición de indocumentados, el proceso de deportación se considera una normativa obligada, según consta en los Estatutos para Extranjeros de la Ley Suprema del Brasil, que agrega que el plazo máximo para el traslado es ocho días.

Sin embargo, teniendo en cuenta que los pasaportes de los atletas cubanos que salen al exterior son retenidos por las autoridades deportivas de la Isla hasta el regreso al territorio nacional, y que los de Rigondeaux y Lara fueron cancelados por La Habana, muchas podrían haber sido las alternativas para legalizar su condición de inmigrantes.

No obstante, Felicio Laterça, comisario al frente del caso por la Policía Federal de Río de Janeiro, comentó a la prensa que a los atletas se les había ofrecido la opción de pedir refugio político y que se negaron a acogerse a tal legislación expresando su voluntad de regresar cuanto antes a su país, donde eran "personas reconocidas".

Según esta fuente, los atletas rechazaron incluso la presencia de los abogados que la entidad alemana dirigida por Oner les había facilitado y, para evitar cualquier tipo de contactos, habían sido hospedados bajo vigilancia en un hotel.

Fuentes periodísticas locales, como Folha On line y Band NewsTv, han hecho saber que a los magistrados no se les permitió hablar con los deportistas y fueron desalojados de la comisaría de manera casi violenta, siendo uno de ellos acusado de desacato y desobediencia.

Una historia mal contada

Una funcionaria de la Embajada de Cuba en Brasilia, contactada por teléfono en la tarde del viernes, dijo a este reportero que no tenía ninguna información sobre el caso y que no había en ese momento ningún funcionario disponible para comentar del asunto.

Ingentes esfuerzos de periodistas brasileños para conocer el hotel donde supuestamente se alojaron los boxeadores no tuvieron resultados.

En el pasado, las autoridades de la dictadura no permitieron el regreso a la Isla de atletas calificados de "desertores". En aquellos casos ni siquiera una figura pública del poder se manifestó tan abiertamente sobre sucesos similares.

Lo sucedido el fin de semana huele, sin dudas, a la labor de agentes de la seguridad castristas. La añeja versión de que "fuimos engañados y hasta dopados" es un esquema ampliamente utilizado en otras ocasiones y que ahora resulta demasiado incoherente.


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Guillermo Rigondeaux (dcha.) y Erislandy Lara (centro), a su llegada a una estación de policía en Río de Janeiro. (AP)Foto

Guillermo Rigondeaux (dcha.) y Erislandy Lara (centro), a su llegada a una estación de policía en Río de Janeiro. (AP)