Actualizado: 10/12/2019 14:39
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La Habana

'La Feria de las multitudes'

¿Es necesario legitimar una propuesta cultural con la presencia masiva de personas?

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El primer domingo de la Feria Internacional del Libro de La Habana no fue un día cualquiera. Coincidió con el fin de la semana de receso en las escuelas primarias de la Isla y por eso fue un buen pretexto para marchar a la fortaleza de La Cabaña —sede de la Feria— a empinar papalotes, adquirir libros infantiles, hacer comiditas fuera de casa y que los niños pudieran corretear a su antojo por las áreas cercadas del recinto. También los adultos disfrutamos del aire libre, todo un regalo dentro de nuestro invierno tropical.

El plan sonaba tentador, diferente. Sólo que el que estuvo ese domingo en La Cabaña hubo de disfrutar también de una paliza, en el sentido casi literal del término. Enormes colas para llegar allí, a pesar de que reforzaron el transporte; colas para adquirir la entrada a la Feria; colas para merendar y para acceder a algunas de las naves donde exhiben sus libros las editoriales; y la más larga de todas, la cola de la librería donde se podía encontrar alguna que otra novedad. Esta última, de modo general, repleta de los mismos títulos con que me he tropezado el resto del año en las librerías de La Habana.

Cuando llegamos, en la entrada de La Cabaña me entregaron, gratis, el pasaporte cultural de la República Bolivariana de Venezuela, que repite en todas sus páginas la frase "el pueblo es la cultura". Se trata de una afirmación peligrosa, como lo son todas las aseveraciones absolutas.

Por lo pronto, no es necesario legitimar una propuesta cultural con la presencia masiva de personas, algunas de las cuales no les interesan ni los libros ni la Feria y van en busca de alguna opción diferente, de la cual, por cierto, carece la ciudad.

Pero ya se le llama "La Feria de las multitudes", en un afán por subrayar que el pueblo cubano es de los más cultos, gracias, por supuesto, a la revolución. Y aunque no niego que mucho se ha avanzado en tal sentido, me parece un desatino convocar a una marea humana a la fiesta del libro, sobre todo, si se quiere enseñar a los niños que la experiencia de la lectura es una de las más íntimas e individualmente gratificadoras que se conocen, porque eso, también, es cultura.