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La rumorología criolla

El régimen sabe del boom mediático y responde con una capa de humo para impedir hablar más de la cuenta.

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Muchos creyentes estarán "dando de comer" a Eleguá y Orula, en un intento por vigorizar su protección. Los "trabajos" en el mar y cementerios; bajo palmas, ceibas y yagrumas; por las vías férreas y cerca de dependencias oficiales (unidades de policía, oficinas migratorias, del Partido y el Poder Popular), se multiplicarán tanto o más que las solicitudes para "hacerse Iyabo" y realizar misas espirituales a muertos allegados. Es difícil de saber, pero debe haber crecido la demanda de velas, flores, yerbas, cascarilla, miel de abeja, aguardiente, cocos, calabaza, plátano, harina de maíz, palomas y gallinas prietas, entre otros productos utilizados para "una buena limpieza".

Es de suponer que las visitas a las iglesias se incrementarán en la medida que "la cosa se siga viendo oscura". Sobre todo al Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba, y a las que en la capital acogen a los santos más venerados y próximos a celebrar: la Virgen de Regla (7 de septiembre), de la Caridad (8 de septiembre) y la de las Mercedes (24 de septiembre); San Judas Tadeo (28 de octubre), Santa Bárbara (4 de diciembre) y San Lázaro (17 de diciembre).

A la cautela, la desinformación y el misticismo se suman preocupaciones más terrenales: la repercusión que la actual situación pudiera tener en la relación dólar-euro-peso cubano convertible; la previsible disminución del turismo, máxime en meses de temporada ciclónica; el temor de los empresarios extranjeros, quienes ante un incierto futuro pudieran cerrar sus negocios y marcharse; y por último, pero no menos importante, las afectaciones inmediatas sobre la deprimida economía interna y las mejoras sociales anunciadas, desde la construcción acelerada de viviendas hasta una mayor cantidad y calidad de alimentos vendidos a la población por la libreta de racionamiento, vigente desde marzo de 1962.

Entretanto, en medio de mensajes "tranquilizadores" desde La Habana y de campañas iniciadas por el exilio anticastrista de Miami, los signos de interrogación se multiplican de un extremo a otro del planeta, que con atención sigue el desarrollo de dos crisis: la del Medio Oriente y la de Cuba a raíz del deterioro de la salud de Fidel Castro.

Pese a la incertidumbre, las limitaciones materiales, el aumento de la vigilancia, la probable represión y la escasez informativa, pueden todavía considerarse afortunados aquellos que dentro de sus casas, con la radio y el televisor encendidos —para que Fefa Comité no pueda escuchar—, tienen la posibilidad de comentar con los suyos sus miedos, frustraciones o esperanzas. Ni eso pueden los cerca de 330 presos políticos cubanos.


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