Actualizado: 24/01/2022 15:55
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Política

«Darle poder a la disidencia es darle vigencia»

Joe García, presidente del Partido Demócrata por el condado Miami-Dade y miembro de la Junta Directiva de la FNCA, habla para 'Encuentro en la Red'.

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En cualquier caso, todos los cubanos, sea cual sea la vía por la que arriban a este país, son víctimas de ese régimen. Llevarlo a un punto fino tiene más que ver con el argumento que alguien está manejando para quitarte a ti el derecho de viajar. Quienes visitan Cuba están corriendo un riesgo. El gobierno cubano ha arrestado ya a algunos de los que regresan. Indudablemente se trata de un régimen represivo. Pero entrar en argumentaciones de quién es y quién no es asilado, o de qué anula el proceso de asilo político, me parece absurdo.

Te digo más. Cualquier ley que interrumpa la relación familiar es una ley absurda en el contexto de la Constitución norteamericana y de los derechos que protege este país. Entiendo que un país tenga la posibilidad de controlar los viajes de sus ciudadanos a un país enemigo. Pero yo ahora mismo puedo montarme en un avión y volar a Siria, a Libia, a Corea del Norte…, ¿por qué no a Cuba?

Estoy dispuesto a aceptar cualquier argumento, por absurdo que sea, siempre que no obstaculice las relaciones personales. Sé que La Habana te va a robar, el régimen ha llegado al punto de rentarte a tu abuela. Por ejemplo, para mantener a un familiar mío de visita en Miami tengo que pagarle mensualmente a La Habana. Mientras Estados Unidos otorga su visa por seis meses, ellos sólo otorgan su permiso de salida por un mes. ¡Te están rentando tu familia! Pero no por ello vas a romper tus lazos con tus padres, con tus hermanos.

Los valores que tenemos que cultivar en una Cuba cada vez más cercana a la transición son, precisamente, los valores familiares. El humanismo de la familia. Somos la gran familia cubana.

Pongamos que usted es congresista o senador de Estados Unidos. ¿En qué dirección trabajaría para acelerar un cambio en Cuba?

Hay que incrementar el contacto directo entre cubanos. No creo en el turismo como factor de cambio. A ninguna señora en traje de baño en una playa le interesan los problemas de Cuba. Pero a los cubanos sí nos interesan.

¿Quién no ha oído hablar de los viejitos del restaurante Versailles, en la Calle Ocho? Pues sería mucho más efectivo pagarles el pasaje y que se fueran a hablar boberías al Parque Central de La Habana.

Un cubano va a Cuba —no importa si vive en Nueva Jersey, Madrid o Costa Rica— y, aunque no hable de política durante su estancia en la Isla, su físico, sus conceptos, su visión del mundo, tienen un tremendo impacto sobre las personas que se rozan con él. Sólo su capacidad de vivir fuera de Cuba ya tiene un gran impacto sobre los cubanos de la Isla. Un impacto mucho más profundo que el de los farsantes generales de la radio de la Calle Ocho, que se pasan el día entero vociferando contra el régimen sin hacer nada.

Me parece que a los cubanos no hay que explicarles que el comunismo ha fracasado. El 70% del pueblo de Cuba lo entiende. Lo que hay que darles es una alternativa. Por lo general los seres humanos le temen al cambio mientras no palpan una alternativa mejor.

Es lo mismo con el tema embargo. La gente se enzarza en ese debate. Pero el embargo es más una religión que una política. Es como un santo al que uno le reza, le pone un vaso de agua, le obsequia flores, pero a fin de cuentas no hay una demostración de que eso cambie tu vida. Quien cambia tu vida eres tú.

¿Es partidario de levantar el embargo?

No, no lo soy. No vale la pena. El embargo es más una filosofía que una realidad. No, déjalo ahí. Yo no me fajo con la filosofía, yo me fajo con la realidad. ¿Un embargo y Estados Unidos es el país que más le vende a Cuba? Eso no es un embargo. Pero para qué entrar en ese debate. Es la batalla de la retórica. Y no me interesa la retórica, me interesa lo práctico.

Los cubanos deben poder viajar a Cuba. Esto es lo práctico. Debemos poder cambiar las circunstancias del pueblo de Cuba, y una de las maneras de hacerlo es a través de los viajes, del contacto entre cubanos. Es sin restringir las remesas, para que tú puedas ayudar directamente a tu familia, a tus amigos. Para que se pueda apoyar a la disidencia frente al sistema represivo.

No voy a mencionar nombres, pero hay un disidente en Cuba que recientemente se ganó un premio de 2.500 dólares. Y no sé cómo hacerle llegar ese dinero. Es absurdo. Estamos limitando nuestra capacidad para promover el cambio. Es muy triste.

¿Qué pueden hacer los demócratas para ganar más influencia dentro de la comunidad cubana en Miami?

Trabajar seriamente, como no ha hecho la administración Bush, en el apoyo a la disidencia dentro de Cuba.

El 90% de la disidencia en Cuba, por ejemplo, favorece el levantamiento de las restricciones a los viajes. ¿Cómo alentar el desarrollo de una sociedad civil si ignoramos sus pedidos? ¿Quieres una sociedad civil en Cuba para decirle lo que tiene que hacer? ¿Vas a reemplazar el autoritarismo castrista por el dirigismo exiliado?

La única manera de darle vigencia a la disidencia interna es darle poder. No podemos imponernos. Nuestra voluntad debe ser la de favorecer todo lo que se oponga a Castro, a la dictadura.

¿Considera que ha habido un viaje hacia el centro de la FNCA en los últimos años, en la dirección de acercar posiciones a la disidencia interna?

De la FNCA se marchó un grupo de personas que yo consideraba amigas. Que aún considero amigas, a pesar de que están seriamente equivocadas en su percepción de la realidad cubana. Y las respeto, incluso cuando no sienten el mismo respeto por mí.

Cuando se fueron se llevaron el letrero de "Soy intransigente y orgulloso". Sólo en el exilio, o en sitios donde se ha perdido el concepto de lo que representan las palabras, uno utiliza términos de esta clase. Un intransigente es alguien de poca visión, que no entiende, incapaz de cambiar. Aquí hubo hasta una marcha a favor de la intransigencia. Es como en el famoso discurso de Unamuno, cuando alguien gritó "viva la muerte".

Pero esta palabra, "intransigente", ¿no resulta más positiva, o negativa, en función del fenómeno específico ante el que reacciona?

No. La palabra intransigencia es por naturaleza negativa. Sé que aquí le han cambiado el significado, como le han cambiado el significado a la palabra "diálogo". Dos posiciones pueden ser antagónicas, y sin embargo dialogar en función de encontrar un camino aceptable para ambas partes. Esto es esencial en el proceso democrático. No obstante, "diálogo" aquí es una mala palabra.

Está bien cuando hablamos entre cubanos. Puede aceptarse. Pero cuando se utiliza en un contexto más amplio es contraproducente. Gritan: "Soy un intransigente, ¿y qué?". El problema es que esto lo oye un americano, un chileno, un francés, un mexicano y necesariamente concluyen que están ante un loco. Nadie grita "viva la muerte".

No es la imagen que una sociedad madura, que quiere dar a conocer el sufrimiento del pueblo cubano, debe transmitir. El intransigente es Fidel Castro.

Pero quiero agregar algo. Las nuevas generaciones de cubanos tienen que involucrarse. Yo mismo, que nunca he pisado Cuba, estoy involucrado en la política cubana por el fracaso de la generación de los ochenta en adelante. El poder nunca se da: hay que tomarlo. Y esa generación tiene que tomar el poder.

En Cuba y en Miami las nuevas generaciones se sientan a comentar: "Ah, mira a estos viejos hablando otra vez del tema…". Y no se involucran. Es por eso que la mentira se perpetúa, aquí y en la Isla. Si te quedas callado y dejas que la gerontocracia que se fue de Cuba hace cuarenta o cincuenta años protagonice el debate, eres tan responsable de perpetuar la mentira como ella.

Gran parte de la responsabilidad de la actual situación la tienen esas nuevas generaciones de cubanos, que no se involucran.

Finalmente, ¿qué opina sobre la reciente excarcelación de Luis Posada Carriles?

Es absurdo hablar de si Fidel Castro se muere o no se muere. Por lo mismo que es absurdo hablar a favor o en contra de Posada Carriles. Cuando la nación cubana encuentre un camino serio hacia delante, vamos a tener que sentarnos todos alrededor de una mesa y determinar cuáles fueron los errores, cuáles fueron las realidades.

Si decidimos que lo más importante para Cuba es hacer justicia en lugar de hacer futuro, ni vamos a tener futuro ni vamos a tener justicia.


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