Actualizado: 06/12/2021 17:08
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Artes Escénicas

«El teatro cubano de hoy es de una cobardía total»

Devoción por lo indomable: Entrevista con Víctor Varela, director de Teatro Obstáculo.

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La noche cae como una piedra sobre los rascacielos en construcción, sobre el feo armatoste que será el Miami Performing Arts Center. ¿A quién se le habrá ocurrido conservar el atroz residuo del antiguo edificio de Sears? El conjunto es grotesco. Las autoridades, parroquiales. Pero lo que falla es la gente, me digo. No importa cuántos rascacielos construyan, esto nunca será Nueva York por la sencilla razón de que aquí no hay neoyorquinos.

Conduzco por las vacías calles del dowtown: huele a mar y a gasolina. Dos policías de brazos como patas de elefante y cráneos acerados, conversan dentro de un coche patrulla. Personajes de Philip K. En la 36 avenida giro a la izquierda y me adentro en el Design District. En el primer piso de una estructura espeluznantemente art deco, se halla la sede de Teatro Obstáculo, que dirige el autor, actor, escenógrafo y director Víctor Varela. Estaciono. No parece que haya un alma en millas a la redonda. Al fin, descubro un cartel que anuncia la obra, pegado con scoth tape a una puerta de cristal. Viene a abrirme una muchacha hermosa, de rostro intenso, que después descubro que es la actriz principal.

Víctor, ¿quién eres? ¿Qué buscas? ¿Qué te impulsa? ¿Adónde quieres llegar?

Soy ante todo un teatrista independiente con agravantes. El más independiente que existe. Tan independiente que no pertenezco a nada ni a nadie. Sólo pertenezco a Teatro Obstáculo y a su poética. Luego soy también un Artor, con ere. Recalco esto para que no se confunda con la palabra actor. En este caso el Artor actúa usando el arte como medio. Eso justifica que además de teatro haya hecho en el pasado coreografías y que ahora esté a punto de lanzar mi primera novela.

No busco, recibo. Me impulsa la necesidad vital de crear. Cada día que vivo me afecta intensamente. Es un bombardeo de imágenes y reflexiones. Ya existe en mí un hábito de percibir creando. Es algo que pasa inconsciente. En el andar cotidiano se acumulan un derroche de ideas. Sólo tengo que tomar una decisión. Es decir, elegir una. Recibirla.

Luego, desde la creación ocurre algo así como un descenso a lo más íntimo de mí. Allá abajo empiezo a tratar con el tema. Siempre se da un duelo entre mis máscaras y mis verdades, entre mi ignorancia y mi sabiduría, entre lo que otros han hecho y lo que puede hacer mi visión singular, única. No puedo imitar, ni seguir estéticas. La imitación y el seguimiento sólo me interesan como objeto de estudio para abrirme a nuevas fronteras. Cuando recibo plenamente, lo insustituible ocurre de forma espontánea.

Creo belleza de acuerdo a mis necesidades estéticas. Necesidades que nunca responden a un patrón fijo, sino a algo dinámico y contradictorio. Cuando recibo algo que me asombra realmente y es provocadoramente creíble para mí, asciendo. Se trata de una mística de la sensibilidad, no religiosa. De una espiritualidad artística. Tiene que ver con una especie de simbolismo del nivel.


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