Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Música, Ópera

Entrevista a la soprano Virginia Alonso

“Ser aplaudida en nuestro propio patio es lo que más llega al corazón, por eso me gusta tanto presentarme en Miami”

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Con motivo de la presentación durante el fin de semana (sábado 27 y domingo 28 de julio) de la opereta La viuda alegre, de Franz Lehar, en el Miami Dade County Auditorium de Miami, por la Sociedad Pro Arte Grateli, en la que Virginia Alonso interpretará el papel de Ana de Glavari.

¿Hubo antecedentes musicales o influencias artísticas en su familia?

Virginia Alonso (VA): Sí. Mi queridísima tía, Virginia Alonso (hermana de mi papá y cuyo nombre yo llevo con mucho orgullo) fue cantante popular en Cuba durante los años 40 y 50, y viajó en giras con orquestas por muchos países de América Latina. En 1940, cuando solamente tenía 15 años de edad, protagonizó una de las primeras películas sonoras filmadas en Cuba, “Manuel García”. En 1954 la eligieron Miss Televisión, junto a Salvador Levy (Mr. Televisión). Además, mi padre, que fue periodista en Cuba, era un amante de la música clásica y gracias a su colección de LPs escuché y aprendí a adorar a Gershwin, Saint Saens, Kodaly, Dukas, Bach y Mozart. Pero mi voz la heredé de mi mamá que tenía una voz dulcísima de soprano, y que lamentablemente nunca cultivó por haberse dedicado enteramente al cuidado de su hogar y de sus tres hijas.

¿Tuvo alguna vez que escoger entre su carrera y sus deberes de esposa o madre?

VA: Varias veces. Recién casada con el que fue padre de mis dos hijas, dejé por un tiempo la música porque él era muy celoso y no quería que yo continuara cantando. Después que me divorcié, reanudé mis estudios universitarios en FIU y además, trabajé enseñando canto en el Miami Dade College. Y cuando comencé a trabajar en Radio Martí, dejé de cantar por diez años para dedicarme a mis hijas.

¿Alguna de sus hijas ha heredado la vocación musical?

VA: Mi hija Raquel, que es soprano lírico, canta profesionalmente, pero se ha dedicado más bien al oratorio y a la música sacra. Por haberse criado en Suiza y en Austria, se casó con un muchacho alemán y vivió 16 años en Alemania; su esposo, Andreas, también posee una bellísima voz de tenor, aunque él se dedica a las finanzas. En Europa es más factible desarrollar una carrera profesional, como lo ha hecho mi hija Raquel en Frankfurt, Colonia, Viena, etc., acompañada por excelentes coros y orquestas. Sus dos hijas (mis adoradas nietas, Isabel y Karolina) estudian piano y violín seriamente desde hace varios años y dan recitales y participan en las orquestas de sus escuelas. Mi otra hija, Natalia, es profesora de Arte en la Galería Corcoran, en Washington, D. C., y su esposo, Patrick, es el diseñador gráfico de la Washington National Opera. Así que somos una familia de artistas.

¿Quisiera comentar su experiencia en Radio Martí?

VA: Cuando vine a Miami en 1984 para un concierto con Plácido Domingo en el James L Knight Center —que en aquella época acomodaba a 9,000 personas— Radio Martí me entrevistó. La estación aún no había salido al aire, pero Humberto Medrano, quien estaba a cargo de reclutar candidatos, me invitó a ser parte de la emisora. Ésta sería la primera vez que Estados Unidos trataba seriamente de informar al pueblo de Cuba sobre la verdad de lo que estaba ocurriendo, no solamente en el mundo, sino dentro de la propia Isla. Me ofrecieron hacer programas de música clásica y, finalmente, llegué a ocupar el puesto de Directora del Departamento de Música. Sin saber si debía o no aceptar la oferta de Radio Martí, consulté con mi papá y él me alentó a firmar el contrato, señalando que eso sería, quizás, lo único que yo podría hacer en toda mi vida por la libertad de mi Patria. Me enamoré de aquella causa y trabajé para Radio Martí durante 10 años en Washington, D. C.

¿Quién notó que tenía la voz para dedicarse al canto?

VA: Yo siempre canté —desde que tenía meses de nacida, según mi mamá— pero nunca pensé en una carrera profesional hasta que entré al High School en Miami y la profesora de coro me escogió para cantar un solo. Ella me hizo participar en un concurso estatal, y fui posteriormente becada por 4 años en la universidad Florida State, en Tallahassee.

Recuento de sus actuaciones en Grateli y otros conciertos en Miami o para públicos latinoamericanos, antes o después de radicarse en Europa.

VA: Mientras estudiaba en High School y más tarde en Florida State University, canté en Añorada Cuba y luego, con Grateli, varias zarzuelas, operetas y comedias musicales. También hice Luisa Fernanda y Agua, azucarillos y aguardiente con una compañía de zarzuelas que formó Manuel Ochoa en Miami. Al terminar la universidad fui becada por la Metropolitan Opera para estudiar en Nueva York. Después me contrató la Ópera de San Francisco por una temporada. Fue allí que conocí a mi esposo, el padre de mis hijas. Cuando me mudé para Europa, canté ópera y operetas en muchas ciudades, habiendo llegado a tener en mi repertorio más de 50 roles operísticos. Con frecuencia regresaba a Miami invitada por Grateli para cantar La viuda alegre, Cecilia Valdés y otras producciones. También tuve la suerte de ser contratada varias temporadas por el Kennedy Center y por la Washington National Opera. Además de la ópera, tanto en Estados Unidos como en Europa, he cantado numerosos recitales, ya que mi interés ha incluido no solamente la ópera, sino también el concierto, ya sea con piano o con orquesta sinfónica.

¿Sus roles favoritos?

VA: Una pregunta casi imposible de contestar, pero entre los que he cantado con más éxito se cuentan: La Bohème, Nozze di Figaro, Faust, The Medium, Carmen,

Eugene Onegin, Don Giovanni

¿Ha tenido alguna vez miedo escénico? ¿O algún temor a olvidar la letra?

VA: Naturalmente que sufrí de miedo escénico cuando era principiante, pero después de haber cantado con Pavarotti, me curé… Lo de olvidar la letra no tiene importancia. Se inventa en el aire.

¿Recuerda algún hecho inesperado o contratiempo durante su carrera

o actuaciones?

VA: Sufrí de migrañas toda mi vida. Tomaba unas pastillas potentísimas para aliviar el dolor, pero mientras cantaba no podía, porque me embobecían y me dejaban semirronca por la codeína que contenían. Recuerdo que canté una función de The Medium de Menotti en San Francisco con tanto dolor y sin poder tomar ningún remedio, que el maquillista y el peluquero me esperaban detrás de bambalinas y me sujetaban, uno por cada brazo, mientras esperaba mis entradas. A veces tenían que llevarme corriendo al baño para vomitar y rápidamente de vuelta a escena para mi próxima entrada. ¡Todavía no sé cómo pude terminar esa función!

¿Algún momento de su vida o carrera de especial significación para usted?

VA: Aunque haber cantado con Plácido Domingo y con Luciano Pavarotti fueron momentos realmente inolvidables, tengo un recuerdo muy especial de la ocasión en la que resulté finalista del concurso de la Metropolitan en Nueva York y pude cantar en el Lincoln Center. Era tan jovencita y no tenía ni idea de mi potencial ni de cómo medir mi talento. Durante aquel concurso de la Metropolitan fue la primera vez que pensé en la posibilidad de que yo pudiera tener una carrera dentro del mundo de la ópera.

¿Se ocupó de preservar vídeos o grabaciones de sus actuaciones?

VA: Las tengo todas gracias a mi mamá, que es la técnica de la familia.

Tres cantantes masculinos favoritos.

VA: Pavarotti, Corelli, Domingo.

Y tres cantantes femeninas.

VA: Leontyne Price, Joan Sutherland, Cecilia Bartoli.

¿Cuándo y dónde cantó con Pavarotti?

VA: Cuando Pavarotti vino a Miami tuve la oportunidad de cantar para él, y entonces me pidió que cantara Mimí en La Bohème. Fue así que compartí el escenario con ese gran artista.

¿Podría citar alguna anécdota de sus actuaciones con Plácido Domingo?

VA: La primera vez que conocí a Plácido Domingo fue en San Francisco, cuando él fue a cantar Tosca y yo estaba cantando L’Elisir d’Amore. Siendo los dos hispanos, nos hicimos amigos inmediatamente. Después que me escuchó cantar, Plácido insistió en que yo cantara para su agente en Viena y así lo hice. Viajé a Austria y conseguí ser contratada para cantar Cosí fan Tutte y L’Elisir d’Amore en Basel, Suiza y en Saarbrücken, Alemania. Pero ya yo estaba enamorada en San Francisco del que fue mi esposo y tomé una decisión —quizás errónea— y dejé aquellos contratos para dedicarme a mi hogar y a tener a mis hijas. Después que regresé al canto y que debuté con Pavarotti, fui contratada en Viena y me mudé para Europa. Allí me encontré de nuevo con Plácido, quien me invitó a cantar El Gato Montés para un programa de televisión que sería filmado en Sevilla —programa que ganó el Emmy de ese año— y juntos cantamos luego muchas veces en conciertos en Europa y en Estados Unidos. Algunos años más tarde, cuando fungía como Director de la Washington National Opera, me contrató para cantar de nuevo bajo su tutelaje.

¿Qué diferencia ha encontrado entre los públicos frente a los cuales ha cantado?

VA: Es muy emocionante que un público conocedor, como el europeo, le aplauda a rabiar a uno. Esa es una forma muy palpable de medir el desarrollo vocal y artístico del momento. Pero ser aplaudido en nuestro propio patio es lo que más llega al corazón, por eso me gusta tanto presentarme en Miami, sobre todo si mis amigos y familiares están en el público.

¿Qué planes tiene para el futuro?

VA: Continuar aprendiendo, estudiando, desarrollándome, cantando, mientras mi mente y mi voz así lo permitan.

¿Le interesa la docencia?

VA: Al principio no me gustaba enseñar. Recuerdo que en una de mis clases de Pedagogía Vocal teníamos que reclutar a un alumno, preferiblemente alguien que no supiera nada de canto. Un compañero mío que estudiaba piano e historia de la música, se ofreció a ser mi conejillo de Indias. Era requerido de aquel alumno cantar delante de toda la clase, cualquier cosa, el Himno de la República, Happy Birthday o cualquier tontería que se supiera… simplemente para poder apreciar, al principio del curso, el nivel vocal de aquel futuro cantante. Teníamos entonces que darle una o dos clases semanales y enseñarle repertorio, técnica de respiración y apoyo, producción vocal adecuada, entonación, formación de las vocales al cantar, fraseo, pronunciación… en fin, todo lo que necesitara para desarrollar su voz y su repertorio. Al final del curso, dicho alumno tenía nuevamente que cantar delante de la clase, y hacer un pequeño recital para que tanto el profesor como todos los alumnos pudieran determinar su progreso y la calidad de mi enseñanza. Mi alumno resultó ser el que más progreso había logrado y saqué sobresaliente en aquella clase. Desde ese momento, me encantó enseñar.

¿Qué otros intereses tiene aparte del canto?

VA: Me encanta la investigación. Siempre he estado interesada en la historia y en la literatura, sobre todo en la poesía. Soy genealogista. Hice la genealogía de mi familia y pude llegar hasta el 1400, y he ayudado a varias personas a investigar las suyas. Lo tengo todo computarizado y cuento con más de 6,000 nombres en mi Árbol Genealógico. La computadora se ha convertido en mi más fiel aliada y trato de mantenerme al día en los últimos adelantos de computación. Eso lo heredé de mi mamá que, como dije anteriormente, ¡es la técnica de la familia!

Me convertí en diseñadora cuando estuve varios años sin cantar e invertí mi talento artístico en remodelar ¡hasta arquitectónicamente! mi propio hogar. Además, desde hace casi siete años soy retratista (prefiero el óleo) y he sido comisionada por familiares y amigos para pintarlos. El primer lugar que visito cuando voy de viaje a cualquier ciudad, es el museo de arte. Cuando trabajaba en Radio Martí y vivía en Washington, D. C., caminaba hasta la National Gallery durante la hora del almuerzo, varias veces por semana.

Me gusta toda la música, desde Country & Western, Blue Grass, Jazz, la música folclórica rioplatense, el tango, el rock… Pero en especial me gusta la música contemporánea. Stravinsky, Scriabin, George Crumb, Prokofiev y Phillip Glass son algunos de mis compositores favoritos, pero no los únicos…

Voy a atreverme a una pregunta personal. Usted mencionó al padre de sus hijas, habló de un divorcio, pero creo que los lectores querrán saber si volvió a casarse o si se ha dedicado por entero y exclusivamente a la música.

VA: En 1990 hizo su aparición en mi vida quien ha sido mi esposo por 20 años. Yo siempre supe que algún día podría tener una relación romántica e intelectual permanente, pero me tropecé con muchos picaflores antes de por fin encontrar a mi Príncipe Azul: Bruno Eduardo Tokarz. Por ser él de familia polaca, he encontrado que tenemos tanto en común, que ha sido un descubrimiento casi a diario. Anti-comunista de sangre, ético y culto de crianza, artista de alma, y bueno por regalo de Dios. Somos uno en casi todo lo que hacemos, mi complemento perfecto y mi amigo incondicional. ¿Lo mejor de todo?: cuando se enamoró de mí, no sabía que yo cantaba… eso llegó después. Nacido en Uruguay, llegó a Estados Unidos en 1965 y pasó por muchos desencantos hasta que la magia nos encausó en un solo rumbo, tanto personal como ideológico. Además, para colmo de maravillas, trabaja en Radio Martí hace 24 años, considerándose cubano de alma, y dedicado a la misma lucha patriótica contra el sistema político que causó el exilio de mi familia en 1960. A veces me preguntan: ¿No has pensado alguna vez en el divorcio? Y mi respuesta es: ¿En el divorcio? ¡Nunca! ¡En asesinarlo, muchas veces!

NOTA
En YOUTUBE, se puede ver y escuchar a Virginia Alonso en El gato montés, con Plácido Domingo, y en Grüß dich Gott, du liebes Nesterl, y otras muestras de su arte.


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