Actualizado: 06/12/2021 17:08
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Música Cubana, Composición, Música

Entrevista al músico Armando Rodríguez Ruidíaz

“Fuera de Cuba pude poner en práctica libremente mi creatividad, experimentando con formas de hacer que en mi patria se encontraban fuera de toda posibilidad, debido a las restricciones materiales e ideológicas a las que me encontraba sometido”

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Cuándo, cómo naciste y dónde.

Nací en la Clínica “Católicas cubanas” en la Calzada del Cerro, Ciudad de La Habana (actualmente Hospital Pediátrico del Cerro), el día 23 de Julio del año 1951.

Si tienes hermanos, háblame un poco del lugar de nacimiento, el ambiente en que te vas desarrollando…

Provengo de una familia fundada por humildes inmigrantes gallegos y asturianos, cuyo centro físico fue la Finca “Los Anones”, situada en el barrio de Los Quemados de Marianao; la cual consistía en una manzana de terreno que era en realidad el remanente de una propiedad mucho mayor, la cual se fue vendiendo paulatinamente a través de los años.

Mis padres se habían conocido cuando estudiaban artes visuales en la Escuela San Alejandro de La Habana, pero más tarde se dedicaron a diferentes profesiones. Mi madre era maestra y mi padre fotógrafo profesional. Tengo cuatro hermanos, dos de los cuales (los más jóvenes casualmente) ya fallecieron.

Cuándo empieza la música a ser parte de tu vida… en tu infancia y adolescencia...

Yo comencé primero a dibujar, y después a cantar a dúo con mi madre, desde una edad tan temprana que escapa a mi memoria. Recuerdo que cantábamos frecuentemente canciones de la antigua trova tradicional como “¿Y tú que has hecho?” de Eusebio Delfín, y también “Como arrullo de palmas” de Lecuona. Yo cantaba la voz prima con mi aguda voz blanca y mi madre hacía la segunda a la vez que tocaba la guitarra.

Cuenta en detalle cómo la música se va convirtiendo en parte importante de tu vida... cómo vas conociendo instrumentos que se hacen una parte importante de ti… por qué ese apego a instrumentos bien variados en tu carrera… Todo lo que cuentes en detalle es importante...

Entre los seis y siete años comencé a estudiar el piano con el Maestro Luis Pastoret, quien fuera discípulo de César Pérez Sentenat, pero esa era una actividad que realizaba por puro placer y no con el propósito de alcanzar un título. Una curiosa inclinación, que más tarde dio sus frutos, fue la de mi profundo encanto con los antiguos discos de 78 revoluciones de mis abuelos gallegos, donde pude escuchar por primera vez el sonido de las gaitas. Una inclinación que más tarde tuve la oportunidad de desarrollar y disfrutar. También quedaba embelesado observando a los gaiteros escoceses que formaban parte de los soldaditos de plomo que yo recibía como regalo en las Navidades.

En 1962, a los once años de edad, comencé mis estudios de música formalmente, en el recién creado Conservatorio Alejandro García Caturla, donde tuve la oportunidad de recibir orientación de destacados profesores, tales como Marta Cuervo (guitarra), María Teresa Linares (apreciación musical), Juan Elósegui (solfeo) y Dolores Torres (práctica coral). Allí me encontré con una antigua amiga de la familia, Alicia Castro, miembro de la famosa orquesta femenina “Anacaona”, a la cual yo conocía por las tertulias musicales que acostumbraban celebrar anualmente en mi casa durante los cumpleaños de un familiar. En el Conservatorio A. G. Caturla también establecí profunda amistad con un muchacho que llegó a ser un destacado musicólogo, pero falleció a temprana edad, llamado Alberto Alén.

Cuenta tus estudios, tus primeros pasos hasta llegar a profesional, títulos de estudios obtenidos… detalles de profesores y compañeros.

En el año 1965, matriculé en la Escuela Nacional de Arte (ENA) con el propósito de continuar mi carrera musical. Allí tuve la oportunidad de estudiar la guitarra, primero con el Maestro Issac Nicola, y después con mi antigua profesora Marta Cuervo, con la cual me gradué más tarde. También estudié solfeo con Elvira Fuentes, historia de la música con José María Bidot, armonía contemporánea con Roberto Valera y contrapunto con Sergio Fernández Barroso.

En la ENA vivíamos bajo un régimen de internado, por lo que tuve la oportunidad de compartir mi espacio vital con gran cantidad de artistas que más tarde llegaron a ocupar un lugar señalado dentro del ámbito cultural cubano. Por ejemplo, el genial pianista y compositor Emiliano Salvador fue mi compañero de cuarto durante bastante tiempo. Producto de nuestra inmadurez, en aquella época incipiente como estudiantes, acostumbrábamos a sostener radicales opiniones en cuanto a nuestras preferencias e inclinaciones estéticas; y debido a esas vehementes posturas nos dividíamos usualmente en grupos antagónicos que discutían durante largo tiempo sobre un mismo tema. Emiliano, por supuesto, pertenecía al grupo más conservador que defendía el Jazz tradicional, y yo pertenecía a la facción que apoyaba el rock británico de Los Beatles. Por supuesto que más tarde esas posiciones convergieron, a medida que adquiríamos una mayor madurez y nivel de conocimientos, y dejamos de discutir sobre ese asunto.

También fui compañero de José Luis Cortés (El Tosco), Adalberto Álvarez y Arturo Sandoval, así como de los hermanos Olavo y Andrés Alén, y muchos otros que llegaron a ocupar un lugar destacado en la historia de la música cubana, tales como las cantantes Beatriz Márquez y Argelia Fragoso. Recuerdo que en cierta ocasión regresábamos en un camión un grupo de estudiantes, después de terminar la diaria faena en el campo durante un “trabajo productivo” en Isla de Pinos. Yo escuchaba a lo lejos algo que me parecía una guitarra eléctrica, ejecutada a una velocidad vertiginosa, y recuerdo que me pregunté quién sería el virtuoso guitarrista que tocaba de esa manera. Al llegar al campamento pude constatar que el que tocaba no era un guitarrista, ni el instrumento una guitarra eléctrica; ¡sino el mismísimo Arturo Sandoval “descargando” con la banda de Jazz de la escuela!

Durante esos años de la ENA, todavía yo no había decidido cuál era el camino que deseaba tomar en cuanto a mis inclinaciones creativas, ya que además de la guitarra, y ciertos incipientes experimentos con la composición musical, yo continuaba cultivando la pintura y la literatura. De hecho, pasaba la mayor parte del tiempo libre con mis amigos de artes plásticas, y llegué incluso a presentar mis trabajos a destacados profesores como Antonia Éiriz, con el propósito de recibir sus críticas y orientaciones. También escribí muchos poemas, de los cuales ya no conservo ninguno.

Cómo se va formando el investigador, el intérprete, el compositor... Menciona nombres.

Mi primera composición musical fue una pieza “dodecafónica”, es decir, estructurada en base a una disposición específica de los doce sonidos de la escala cromática. La obra resultaba muy simple desde un punto de vista formal, ya que en aquel momento yo no poseía la formación académica necesaria para lograr un óptimo resultado musical mediante la utilización de aquellas sofisticadas técnicas, pero de todas formas me sentía muy entusiasmado y disfrutaba muchísimo aquella actividad creativa.

Cuando le comenté a mi amigo, el compositor Jorge López Marín, que había escrito una pieza dodecafónica me sugirió que se la mostrara a su profesor de composición musical, Federico Smith,[1] y él se ofreció para presentármelo. Smith era un compositor y profesor norteamericano, sobre el cual se había fraguado una leyenda entre los estudiantes. De él sólo se conocían algunos datos, es decir, que era norteamericano y profesor de composición. La gente comentaba que cuando joven él había sido un músico genial, pero al perder a toda su familia en un accidente, se había dedicado al alcohol y a un estilo de vida muy bohemio. También se decía que había vivido en México, donde aprendió el idioma español. Las características que he mencionado anteriormente, e inclusive su gran conocimiento y dominio de las técnicas de composición musical, eran evidentes, pero aparte de eso, su pasado se mantuvo siempre en el más absoluto secreto.

Nos reunimos en una sección de las barracas donde el maestro había acomodado sus escasas pertenencias, y él se dispuso a revisar mi composición ejecutándola en un pequeño órgano electrónico portátil u “organeta”, que utilizaba para sus clases. En aquella ocasión, después de ejecutar la pieza con gran facilidad, ya que su estructura era muy sencilla, él me dijo que la composición estaba bien, pero comenzó a explicarme cuántas cosas más hubiera podido hacer con aquel mismo tema que yo había creado. Después de nuestro regreso a la escuela tomé algunas clases más con el maestro Smith, pero al final desistí de hacerlo al comprobar que todavía no poseía la formación musical requerida para sacar el máximo provecho de sus enseñanzas.

Mi mentor y primer profesor de composición musical fue Roberto Valera. El maestro fue siempre muy condescendiente y afectuoso conmigo desde las primeras clases; y disfrutamos de largas conversaciones sobre diversos temas a lo largo de nuestra relación como alumno y profesor, y más tarde también como compañeros de trabajo.

En 1972 culminé mis cursos de nivel medio de música, recibí un diploma como graduado de guitarra clásica; y en septiembre de ese mismo año fui asignado al Conservatorio Esteban Salas de Santiago de Cuba como profesor de guitarra.

En Santiago tuve que dedicar mucho tiempo y esfuerzo a la ejecución de la guitarra, ya que como profesor de ese instrumento se suponía que yo cumpliera también una función social como concertista, ofreciendo mi talento y habilidades a los miembros de esa comunidad; y con el propósito de desarrollar ese tipo de actividad, organizamos un grupo de conciertos integrado por el flautista Benito Carcassés; el violoncelista Sarvelio Crespo; el pianista Ursus Fals; y yo en la guitarra. Con ese grupo me presentaba, en ocasiones como solista, y otras interpretando música de cámara, en las Casas de Cultura y los Conservatorios de diferentes ciudades orientales durante los fines de semana.

En Santiago compuse música para mis alumnos de guitarra, la cual suplía una enorme carencia de materiales didácticos que padecíamos entonces; y comencé a estudiar el piano formalmente, ya que hasta entonces solo lo había practicado de manera autodidacta. Con ese propósito hablé con el destacado profesor Raúl Estevanell, quien impartía sus clases en un aula contigua. Él se ofreció generosamente a guiarme en mi empeño, y llegamos a establecer una relación muy amistosa.

Una de las experiencias más positivas que viví en Santiago de Cuba fue el de la colaboración con el musicólogo Danilo Orozco, a quien ya conocía de la Escuela Nacional de Arte. Muchas veces nos enfrascamos en largas conversaciones después de un agradable almuerzo al estilo santiaguero, o tomando un sabroso cafecito de sobremesa. En aquel entonces, Danilo me pidió que le asesorara sobre la elaboración de un libro en el cual estaba trabajando, dedicado a la técnica de la guitarra popular; y además que le sirviera como modelo para ejemplificar las posiciones en el instrumento. Yo accedí gustosamente y el tratado sobre la guitarra popular fue publicado muchos años después.

José Ardévol fue mi profesor de composición musical durante esos años que pasé en Santiago de Cuba. Nos reuníamos los fines de semana en la biblioteca de la Escuela de Música de la ENA; situada a un costado de la calle 146ª de Miramar, y allí compartía las clases con un grupo de compañeros que incluía a los compositores Flores Chaviano, Efraín Amador, Juan Piñera, Magaly Ruiz y Danilo Avilés.

Las clases de Ardévol no estaban encauzadas en realidad a brindar información sobre teoría musical, sino que constituían más bien seminarios abiertos, donde analizábamos, de manera muy informal, las obras que componíamos como trabajos de clase. Además de esa actividad, las sesiones eran complementadas por las anécdotas y comentarios del Maestro, que él evidentemente disfrutaba mucho y nosotros también.

Después de finalizar el curso 1974 -75 me comunicaron que había sido asignado como profesor de guitarra, armonía y contrapunto en la Escuela Nacional de Arte de La Habana. Mi antiguo profesor Roberto Valera, que era entonces Director de la Escuela de Música de la ENA, había sugerido previamente a la Dirección de Escuelas mi candidatura para esa posición; y también recibí una gratísima sorpresa al enterarme que el Maestro Ardévol me había propuesto para estudiar composición en Polonia. Inmediatamente comencé a realizar las gestiones necesarias para viajar a ese país, pero después de un tiempo me comunicaron en el Consejo de Cultura que la beca había sido denegada, debido a que la mayor parte de mi familia se encontraba en el extranjero, y yo hubiera podido optar por quedarme definitivamente fuera del país.

Al regresar a La Habana, algunos compañeros de estudio que se habían incorporado a la Sección de Música de una organización llamada Brigada Hermanos Saíz, la rama juvenil de la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba), me invitaron a colaborar con sus actividades.

La Brigada fue en teoría una sección juvenil de la UNEAC; pero en realidad no existió un local ni una estructura formal para su funcionamiento. Así pues, algunos compañeros de estudios como Flores Chaviano, Efraín Amador, Danilo Avilés y yo, nos poníamos de acuerdo para ofrecer conciertos en cualquier lugar disponible y en cualquier momento que hiciera falta; y distribuíamos las funciones administrativas de la siguiente manera: Flores era el Presidente de la organización; Danilo el Director Ejecutivo; Efraín se encargaba de la promoción y la propaganda; y yo era el coordinador.

De esa manera organizamos una serie de conciertos durante los años setenta en locales como las salas de la Biblioteca Nacional, el Museo Nacional y cualquier otro lugar que estuviera disponible; e invitábamos a participar a los compositores e intérpretes que se prestaran voluntariamente para ello. Por eso es que usualmente coincidían los participantes y organizadores de las actividades con los miembros de nuestra generación; es decir, los graduados de la ENA y otros conservatorios que estaban cursando estudios de nivel superior con profesores como José Ardévol. En esos conciertos participaban miembros de varias generaciones, de acuerdo a la disponibilidad de las partituras y los intérpretes.

Durante el curso 1976-1977, ya fungiendo como profesor de contrapunto e instrumentación en la Escuela Nacional de Arte, fui movilizado como reservista por el ejército con el propósito de realizar ejercicios militares destinados a las tropas que irían a participar en la guerra de Angola. Después de terminado el período de práctica, llegó la hora de viajar a ese país, pero yo me negué.

Poco después, debía continuar mis estudios en el recién creado Instituto Superior de Arte, donde el Maestro Ardévol fungía como Decano de la Facultad de Música. Tal como correspondía en esa situación, yo pedí una entrevista con Ardévol y le expliqué lo que había sucedido con respecto a la Guerra de Angola, y él, consternado, me confesó que no le quedaba más remedio que comunicar la situación a instancias superiores, y que eso significaba que ya no podría continuar mis estudios en ese plantel. En ese momento nos despedimos por última vez, y ya no volvimos a encontrarnos nunca más.

Durante el inicio del curso 1977-1978, volví a solicitar mi entrada en el Instituto Superior de Arte (ISA), y esa vez sí fui aceptado como alumno. En aquella ocasión continué los estudios superiores de composición con mi antiguo profesor Roberto Valera.

En 1978 envié una obra para violín y orquesta, llamada Ciclos, al concurso de composición musical de la UNEAC, y me otorgaron el primer premio. Ese evento puso en evidencia un conflicto subyacente que existía entre las tendencias musicales de avanzada y las más conservadoras, dentro del ambiente de la composición musical cubano; ya que según el testimonio de algunas personas que estuvieron presentes en la deliberación del jurado, en aquella ocasión se entabló una confrontación entre algunos miembros que proponían el primer lugar para una obra compuesta con técnicas convencionales, del veterano compositor y director de orquesta Félix Guerrero, y otros que proponían la mía, basada en técnicas más contemporáneas.

Finalmente, el jurado alcanzó una decisión influido por la opinión del destacado violinista y profesor cubano Evelio Tieles, quien era entonces el Presidente de la UNEAC; Él apoyó mi candidatura incondicionalmente y se comprometió a estrenar la pieza. Mucho tiempo después, el Maestro Tieles me explicó que al revisar la obra tomó conciencia de que ésta no era el producto de una especulación técnica abstracta, sino la expresión de los sentimientos del propio compositor, que en realidad escuchaba lo que estaba plasmando en la partitura.

El Maestro Tieles estrenó mi pieza “Ciclos, para violín y orquesta” el 25 de febrero de 1979, en un concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional que se realizó dentro del marco del Tercer Festival de Música Contemporánea de los Países Socialistas, y la obra tuvo muy buena acogida por parte del público. Él la volvió a ejecutar en otro concierto poco después.

La decisión de abandonar Cuba, y su ejecución. Fechas.

Mi familia comenzó a emigrar desde los años sesenta. Mi madre fue la primera en abandonar el país por el puerto de Camarioca en 1965, junto a sus tres hijos menores; y poco después le siguieron mis tíos y primos. Entonces mi hermano y yo quedamos atrás junto con mis ancianas tías-abuelas.

En 1978, el gobierno cubano aprobó una serie de medidas, que incluían la autorización a cubanos residentes en el exterior para visitar a sus familiares en la Isla, a partir de enero de 1979.[2] Aprovechando la implementación de esas medidas, a comienzos de ese año llegó mi madre a Cuba con el propósito de visitar a sus dos hijos mayores que todavía vivían en la Isla.

En esa ocasión mi madre nos ofreció su apoyo para abandonar el país y radicarnos en Estados Unidos, si llegábamos a encontrar alguna vía para hacerlo; y una de mis ancianas tías abuelas nos informó que ya habían recibido una comunicación de la Oficina de Intereses, comunicándoles que ella y sus hermanas podían solicitar su entrada permanente en el país del Norte si lo deseaban, ya que habían nacido allí. Entonces decidimos realizar las gestiones necesarias para abandonar el país, y después de solicitar una entrevista, nos reunimos con un funcionario consular en la Oficina de Intereses norteamericana, donde nos informaron que si lo deseábamos podíamos viajar todos con mis tías, debido a que éramos sus únicos familiares allegados.

Fue poco después de estos acontecimientos que yo me vi en la obligación de presentar la renuncia a mi puesto de trabajo en la Escuela Nacional de Arte y declarar la intención de abandonar el país. Un día, temprano en la mañana, llamé a mi amigo Carlos Santoys, quien era entonces el Director de la Escuela, y le comuniqué la decisión de emigrar. Durante un breve instante, él quedó atónito por mi planteamiento; pero inmediatamente reaccionó y me dijo que saliera caminando a la mayor velocidad posible y sin mirar hacia atrás, a través de la amplia extensión de césped que nos separaba de la calle más cercana, hasta alcanzar la parada del autobús que me llevaría a mi casa. Después de ese episodio, fui citado a la oficina de personal, donde me ofrecieron trabajar como ayudante de mecánico en el taller de las escuelas de arte, y yo acepté. Al día siguiente comencé mi labor en esa nueva función, la cual asumí con el mayor grado de interés y atención del cual era capaz.

Mientras me encontraba trabajando en el Departamento de Transporte de la ENA, nos entrevistamos mi hermano y yo de nuevo con los representantes de la Oficina de Intereses norteamericana acerca de nuestra posible salida hacia Estados Unidos, y esta vez nos informaron que el gobierno norteamericano había decidido otorgar la entrada permanente a mis tías abuelas, pero no a nosotros, sus familiares más cercanos.

Yo trabajaba en un lugar muy visible frente al comedor de la ENA, y muchas personas, incluyendo algunos alumnos, me saludaban cordialmente al pasar. Debido a ese motivo, el Jefe de Mantenimiento me llamó aparte un día y me pidió que le ayudara con la organización de unos documentos en la oficina principal del Departamento de Transporte, la cual se encontraba fuera de los predios de la escuela; y en ese lugar continué trabajando hasta que pude finalmente viajar a Venezuela junto con mi familia en Octubre de 1983.

Lo que consideras importante en tu adaptación a una nueva vida en Miami; Otros trabajos para sobrevivir. Cuando puedes comenzar a bregar con la música otra vez, aunque sea compartiendo con otros trabajos. Si has tenido presentaciones en vivo en Miami, además de todo lo escrito…

Después de ganarme la vida en Venezuela dentro del campo de la música comercial, y arribar en diciembre de 1985 a la ciudad de Miami, yo me incorporé muy pronto a su actividad cultural a través de una organización recién fundada en aquel entonces, llamada South Florida Composers Alliance. Poco tiempo después fue estrenada en Miami la última pieza que había compuesto en Cuba: In memoriam Charles E. Ives, para piano, a la cual siguieron muchas otras.También tuve la suerte de conseguir un empleo como cajero en un banco local, el cual me sirvió para hacer frente a las necesidades básicas de la familia.

En 1991 recibí un premio de composición musical del Estado de la Florida, y participé en el Festival “Bang on a Can de New York”, donde una de mis obras, muy abstracta y conceptual, fue estrenada por el prestigioso grupo Relâche de Filadelfia. Más tarde tuve la oportunidad de participar también en numerosas actividades tales como los Festivales Sub-Tropics de Miami, Florida, Las Primeras Jornadas de Música Contemporánea en Sevilla, España, la Bienal de Sao Paulo en Brasil, y los Foros de Música Latinoamericana y del Caribe.

Fuera de Cuba pude poner en práctica libremente mi creatividad, experimentando con formas de hacer que en mi patria se encontraban fuera de toda posibilidad, debido a las restricciones materiales e ideológicas a las que me encontraba sometido; y en mis obras se reflejaron entonces técnicas y estilos tales como el Minimalismo, el Espectralismo, el Arte Conceptual, el Arte Óptico, el Performance Art y el Process Art.

También en Miami tuve la posibilidad de colaborar con mi antiguo compañero de estudios Julio Roloff, quien se incorporó a las actividades de la South Florida Composers Alliance, y más recientemente participó junto conmigo en diversas actividades del Grupo “Punto”, fundado por el compositor venezolano Gustavo Matamoros y por mí en 1991.[3]

Siempre conservé mi trabajo en el banco, y mi situación fue mejorando gradualmente; de manera que primero pasé de las cajas al Departamento de Préstamos como oficinista, y más tarde al Departamento de Mercadeo, donde tuve la oportunidad de poner en práctica mis habilidades creativas. Con el transcurso del tiempo llegué a convertirme en Jefe de ese Departamento, con el título de Vicepresidente y Gerente de Mercadeo, cargo que desempeñé hasta mi jubilación en el año 2010.

A medida que mejoraban mis recursos adquisitivos, debido a mi ascenso en la posición del banco, pude aprovechar la oportunidad para realizar diversos viajes y adquirir múltiples materiales que me interesaban, tales como libros, grabaciones, e incluso instrumentos musicales. De esa manera llegué a coleccionar numerosa información sobre algunos temas de interés, tales como la música más antigua y la más moderna; y también pude realizar maravillosos viajes a través del tiempo y el espacio hacia el origen de mis raíces culturales gallegas y asturianas. Así fue como aprendí a tocar la gaita gallega, así como algunas flautas y cordófonos ancestrales.

Esa trayectoria laboral coincidió con la evolución tecnológica de la computación, y por consiguiente con la posibilidad de adquirir información que antes estuvo completamente fuera de mi alcance. Poco a poco fui encontrando interesantes datos que nunca había imaginado acerca de múltiples temas, pero sobre todo sobre la cultura y la música cubana.

Después de mi jubilación en el año 2010, tuve al fin la oportunidad de dedicar sustancial tiempo y esfuerzo a escribir y organizar todo ese valioso material que había encontrado, y desde entonces he podido crear numerosos trabajos que he expuesto libremente a todos los interesados, en un sitio llamado academia.edu.

Por orden cronológico, los trabajos que has hecho, fecha de publicación, y los detalles que quieras agregarle a cada uno de ellos... Esto es importante, por la variedad de temas que has cubierto.

Ensayos –

1 - The Bagpipe, its origin and evolution
La Gaita, sus orígenes y evolución (2006)

2 - Presence of the bagpipe in Cuba
Presencia de la Gaita en Cuba. (2006)

3 - Apuntes sobre el aporte de los gallegos a la nación cubana (2011)

4 - The Galician Rumba
La Rumba de Galicia (2013)

5 - Armando Rodríguez Ruidíaz. Drawings and paintings From the private collection (2013)

6 - The origin of Cuban music. Myths and Facts
El origen de la música cubana. Mitos y realidades (2015)

7 - The sounds of Cuban music. Evolution of instrumental ensembles in Cuba
Los sonidos de la música cubana. Evolución de los formatos instrumentales en Cuba (2015)

8 - La prehistoria de la música cubana (2017)

9 - The methodology of “Generic Complexes” and the analysis of autochthonous Cuban music
La metodología de los “Complejos Genéricos” y el análisis de la música popular cubana autóctona (2017)

10 - La rumba auténtica y la rumba falsa: El dilema de la apropiación cultural en la música popular cubana (2017)

11 - Sinonimia y Polisemia en el estudio de los géneros autóctonos de la música popular cubana (2017)

12 - Elementos de la Rumba Urbana en los grabados cubanos del siglo XIX (2017)

13 - Reflexiones sobre la expresión y los significados en la música (2017)

14 - La saudade gallega en la música popular cubana (2018)

15 - Los géneros de la música cubana. Su origen y evolución. (2019)

16 - El bambuco colombiano en la música cubana (2019)

17 - La Navidad perdida y un cuento cubano de Navidad (2019)

18 - Allen Ginsberg en La Habana, el grupo literario El Puente y el comienzo del Quinquenio Gris en Cuba (2019)

19 - Federico Smith. Un músico norteamericano en Cuba (2019)

20 - The influence of Cuban music in North American music and the binarization of Swing
La influencia de la música cubana en la norteamericana y la binarización del Swing

21 - Interacción entre las tradiciones musicales de Norteamérica y Cuba (2020)

22 - Los conciertos olvidados de La Sección de Música de la Brigada Hermanos Saíz (1975 -1985) (2021)


[1] Rodríguez Ruidíaz, Armando: Federico Smith, un músico norteamericano en Cuba

[2] Navarro Vega, Armando: Cuba, el socialismo y sus éxodos: Palibrio, Bloomington, IN, US, 2013, p. 112-113.

[3] Wikipedia: Punto – Experimental music ensemble


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