Actualizado: 16/08/2019 16:52
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Periodistas independientes, Cuba, Disidencia

Entrevista al periodista independiente Dimas Castellanos

“El régimen supo desmantelar todas las estructuras de naturaleza cívica: en Cuba no hay ciudadanos”

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Se encuentra de visita en México el opositor cubano Dimas Castellanos. Licenciado en Ciencias Políticas y especialista en Estudios Bíblicos y Teológicos, impartió la cátedra de marxismo durante muchos años en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana. Actualmente se desempeña como periodista independiente. Sus textos han explorado la situación de deterioro moral de la población cubana y, asimismo, se ha dedicado a reflexionar sobre las perspectivas de la economía de la Isla después de la desaparición del Bloque Soviético.

Lo encontré en el centro de la capital mexicana. Estaba como perdido, desorientado. Buscaba el Museo Nacional de Arte y me acerqué para orientarlo. Cuando vi sus gestualidades me di cuenta que algo había por ahí de Cuba: tan pronto habló descubrí su acento oriental, nos presentamos. Presumí mi nacionalidad guantanamera y él me confesó orgulloso su nacimiento en Jiguaní, hoy perteneciente a la nueva provincia Granma. Lo invité a unos tacos de suaderos, moronga y cachete y a un agua de Jamaica. Congeniamos. No soportó el picante ni la salsa guacamole con chile jalapeño. El agua le pareció bomba, le faltaba azúcar.

Me manifestó que no se adaptaba al ajetreo de una ciudad como el DF: “Esto es una urbe descomunal. El metro es maravilloso, te conecta a muchos lugares. Pero me asombra el tráfico y las avenidas. Los puestos de comidas donde quiera. La Habana, comparada con esto, es una aldea”.

Lo llevé al museo, lo dejé en la puerta. Estaba ansioso por ver la colección de cuadros del barroco español. Le di mis datos. Me informó que estaba parando en casa de una amiga en la colonia Álamos, bastante cerca de mi apartamento en la colonia Portales. Pactamos una entrevista al día siguiente para CUBAENCUENTRO, que aquí presento a los lectores.

Sería interesante que comentaras sobre el estatus del cubano actual, de sus avatares cotidianos, de sus esperanzas, de sus principios éticos.

Dimas Castellanos (DC): Lo primero que debo decir es que en Cuba no hay ciudadanos. Es decir, el cubano de hoy no tiene posibilidad de ser un agente activo de cambio. Las decisiones cruciales se toman en la burocracia del poder y muchas veces por un solo individuo: Fidel Castro, durante mucho tiempo, y ahora su hermano, Raúl. El régimen, en estos 56 años, ha sabido desmantelar con eficacia todas las estructuras cívicas de ciudadanía como tal. No hay estatus: el cubano vive al día, los jóvenes solo piensan en la moda y en el último éxito del reggaetón, y los más viejos en sobrevivir. La Revolución fracasó económicamente, pero ha triunfado en la desactivación ciudadana. No se vive de un salario: el estado es un ‘padre’ que proporciona salud, educación y garantiza un precario sustento alimenticio mensual para todos. Y si te manda a una misión en el extranjero te alquila. La Ofensiva Revolucionaria de 1968 —cuando todo pasó a manos del gobierno: la pequeña cafetería que vendía un refresco, la mediana empresa, las posadas, las tienditas, los grandes hoteles, los talleres automotrices, los cines, los restaurantes…— anuló toda participación ciudadana. El régimen lo controlaba todo, absolutamente todo. El andar cotidiano del cubano se basa en “escapar” para subsistir, y como el gobierno es propietario absoluto, pues se le roba al Estado.

¿Hay indiscutiblemente un deterioro moral, sobre todo en los jóvenes?

DC: Quebranto moral de todos, no tan solo de los jóvenes. A los jóvenes no le interesa aquello, no tienen conciencia política, y no exagero. Los viejos que se sienten agradecidos porque los hijos pudieron estudiar en la universidad o tuvieron oportunidad de lograr una vivienda, observan con perplejidad todo eso, ven con pesadumbre el estancamiento del régimen. Ese detrimento ético se explica porque después de la caída de la Unión Soviética nos dimos cuenta que la economía cubana era artificial, entramos en una profunda crisis. Los salarios que se pagan no se corresponden con las necesidades, nadie en Cuba vive de su sueldo, en realidad se vive de otras cosas: remesa, intercambio, mercado negro, turismo clandestino…: eso trae consigo actos ilícitos que se justifican por la sobrevivencia. Insisto, el cubano no tiene conciencia de ciudadanía, 56 años de estancamiento y represión: realmente todo es disimulo, fingimiento. Toda acción por subsistir es bien vista, no importa si se roba, no importan los principios de honorabilidad. Un adolescente cuando prueba, por primera vez, un sorbo de Coca-Cola, pone, posiblemente, en cuestionamiento los valores aprendidos del socialismo en las escuelas oficiales. Mi hijo que por primera vez se tomaba un refresco, una gaseosa, me dijo: “Papi y cómo si los americanos son tan malos hacen este refresco tan sabroso”.

¿Qué ocurre con los opositores y los grupos disidentes: cuáles son sus puntos débiles y su fortaleza como movimientos de resistencia social?

DC: Hay que celebrar la valentía de esos grupos, su firmeza y temeridad; pero insisto el daño ético que ha sufrido la sociedad cubana también está presente en la disidencia. El caudillismo es un mal que nos toca, los líderes de esas organizaciones quieren ser protagonistas y centro, cambian constantemente por diferencias internas; cuando llega, por ejemplo, una ayuda del exterior la miseria trae consigo la corrupción: los tres centavos recibidos son motivos de discrepancia. Hay carencia de democracia en algunas de esas organizaciones. Creo que Dagoberto Valdés en Pinar del Río, es un ejemplo de disidencia congruente puesta de manifiesto en el Proyecto Convivencia: solidez ideológica y una continuidad de coherencia de más de 20 años en la revista Vitral. La gran fortaleza de la disidencia estriba en que el mundo sabe de la situación real en la Isla: falta de libertad de expresión, no respeto a los derechos humanos, detenciones arbitrarias, represión… Gracias al desafío al régimen de estas formaciones, la imagen ‘esperanzadora’ de la Revolución se ha debilitado en muchos círculos progresistas internacionales. La tenacidad de la disidencia ha sido determinante. Tengo un gran respeto por las Damas de Blanco.

¿Perspectivas del cubano de a pie, del cubano que no recibe remesa de Miami; qué piensan ellos de este acercamiento con Estados Unidos?

DC: Ya son muchos los que reciben dinero de Estados Unidos, pero no es todavía una mayoría. Tampoco son muchos los que tienen teléfonos celulares y, asimismo, los que se conectan a internet. El Wi-Fi lo usan los jóvenes con posibilidades de tenerlo, para cosas superfluas: conversaciones, música, contacto con familiares… Insisto, al no haber conciencia ciudadana no saben el arma que tienen en sus manos, la cual puede convertirse en algo letal en la lucha ideológica contra el régimen. Ese cubano de a pie lo que quiere es sobrevivir y tiene esperanza en el posible cambio. Quien se favorece con todo ese ‘cambio’ es la dictadura, que recibe oxígeno económico. Ya se presenta el problema de capacidad hotelera ante la avalancha de turistas estadounidenses. Hay que revisar qué visión se tiene en el interior: Oriente, Camagüey, Las Villas, Cienfuegos… A veces pensamos solo en La Habana y en Varadero que son una vitrina falsa de la verdadera Cuba.

¿Quién es en realidad Miguel Díaz-Canel? ¿Qué rol juegan en estos momentos los “comandantes históricos” de la Sierra?

DC: Oficialmente, Díaz-Canel es primer vicepresidente del Consejo de Estado desde 2013, fue secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas y es miembro del Buró Político del Partido Comunista, es un cuadro de las FAR, del Ejercito, formado bajo el amparo de Raúl Castro. Es la cara visible de la sucesión, pero nadie sabe cómo piensa, sus discursos son velados, no son claros, sus críticas al régimen son tibias. Es un hombre del régimen con la característica de que es el primer dirigente nacido después de la Revolución en ocupar un puesto tan importante. Pero, todo el mundo sabe que la verdadera línea de sucesión está en la figura del coronel Alejandro Castro Espín —El Tuerto, perdió un ojo en Angola—, asistente personal del actual presidente cubano, su padre Raúl. Los comandantes históricos, como tú les llamas, ahí siguen, ancianos y conservadores, su presencia es decorativa y sus decisiones van perdiendo peso, me parece a mí. Son fieles a Fidel y no tanto a Raúl, aunque su lealtad es incuestionable.

¿Cuál es la Cuba del futuro, según Dimas Castellanos?

DC: Pregunta difícil. No tengo respuesta concreta. Podría especular muchas cosas, pero prefiero no hacerlo por respeto a tus lectores. Mientras los Castro estén ahí, veo un panorama incierto. A medida que los cubanos cobremos conciencia ciudadana, pueden producirse cambios graduales muy importantes. El dilema para el castrismo está en lo siguiente: ya no tenemos enemigo. Estados Unidos se ha dado cuenta que su estrategia con la dictadura fracasó. Más de cinco décadas y los Castro siguen en el poder. Obama se ha dado cuenta que estaban perdiendo influencia en América Latina. Ya el régimen no tiene justificación para mantener al pueblo cubano aislado de la globalidad: ¿será capaz de abrirse? ¿Seremos capaces los cubanos de reclamar esos espacios de libertad que nos han negado durante todos estos años? Tenemos que tomar plena conciencia cívica: tenemos que conquistar el papel de ciudadanos.


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