Actualizado: 18/08/2022 7:35
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Religión

«Es tiempo de remar mar adentro, sin miedo»

Al habla con Adonis González Betancourt, sacerdote católico de San Germán, sobre el papel de la Iglesia en el futuro de la Isla.

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Adonis González Betancourt nació en Santiago de Cuba, en una de las barriadas más populosas, Micro 7, del Distrito José Martí. El ahora sacerdote sueña la Cuba futura y dice que trabajar con los jóvenes es un compromiso de la Iglesia Católica, pero también del país. Afincado en la Iglesia de San Germán, en el centro del oriente cubano, concedió esta entrevista a CUBAENCUENTRO.com.

¿Cuáles son las perspectivas de la Iglesia Católica, de cara a la celebración de los 400 años del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad?

Indudablemente, nuestra Iglesia necesita una auténtica renovación o conversión pastoral. Este trienio preparatorio para la celebración de los 400 años del hallazgo y de la presencia de la imagen de la Virgen de la Caridad, es un tiempo de gracia que Dios nos regala para darle un impulso misionero a nuestra Iglesia, para que así todo nuestro pueblo tenga un encuentro fecundo con Jesucristo. Para esto deseamos y esperamos que el cristiano sea testigo de Cristo en su ambiente y que ayude a los demás a descubrir la presencia de Dios, su actuación ahora, en medio del pueblo.

Por diversas razones, nuestro pueblo sufre división o fragmentación, lo que no permite que juntos trabajemos por construir una sociedad mejor. La Caridad nos puede unir, de hecho, la Caridad nos une. Ella, la Madre de Jesús, puede hacer que todos los cubanos nos unamos para juntos construir el mañana. Para esto será necesario que el cristiano tome conciencia de ser de bautizado y de su misión como discípulo de Cristo, manifestando el amor entrañable que Dios Padre nos tiene y su predilección por los más necesitados, marginados y alejados.

Hay una Iglesia Católica renovada, presta a caminar con los jóvenes, pero muchos están encarcelados ("peligrosidad social", actos de violencia…), en el exilio, y otros viven en la abulia total. ¿Cuáles son las expectativas evangelizadoras?

Los jóvenes han sido, en todos los tiempos y momentos históricos, parte fundamental en los cambios y transformaciones que se han suscitado. También ahora son ellos una gran esperanza, pues son principalmente los que luego disfrutarán de esos cambios. Nuestros jóvenes tienen pocos espacios de recreación y entretenimiento. Muchos de sus sueños y anhelos se ven frustrados por la falta de posibilidades y medios para realizarlos. Muchos ven como única alternativa irse del país y no sabría decir hasta qué punto están equivocados…

La Iglesia indudablemente tiene un compromiso con los jóvenes y ha tenido siempre una palabra de ánimo y esperanza para ellos. Poco a poco, y en la medida de las posibilidades, la Iglesia busca y crea espacios; aun cuando a ella misma no se le reconocen y respetan sus espacios, para que los jóvenes convivan, compartan, aprendan, se eduquen en los valores, se informen y reflexionen sobre temas de interés.

La Iglesia Cubana no cuenta hoy con muchos espacios para los jóvenes, ni para los niños; tampoco para los adultos; pero cuenta con la ayuda y colaboración constante y fiel de muchos laicos, que desde su escritorio, mesa de trabajo o detrás de una maquinaria, viven su fe y con el testimonio de vida y la palabra, comunican a los que tienen a su alrededor la necesidad de un mundo mejor.

Familia, país adentro, son alarmantes las cifras de violencia contra la mujer y los niños. ¿Qué hace la Iglesia para remediar dentro de sus posibilidades esta situación?

Para nadie es un secreto los maltratos de que son víctimas muchas mujeres, como consecuencia de sociedades machistas y retrógradas. Nuestra sociedad no es la excepción. No es un secreto tampoco las pocas posibilidades que tiene la Iglesia cubana para tratar y trabajar en este sentido. Pero la verdad es que se esfuerza bastante para formar y promocionar a la mujer y la persona en general. De modo que se pueda dar cuenta de la situación que vive y tome conciencia de la necesidad de cambiar esa realidad y trabaje por conseguirlo. En la medida que las personas conozcan sus derechos y se eduquen en ellos, podrán reclamar y hacer que se les respete.

Se habla de "gestos bilaterales" entre la Iglesia y el Estado. ¿Cómo valora estas relaciones en la actualidad?

La razón de ser de los gobiernos o de los gobernantes es la de buscar el bien común para todos los ciudadanos. Debe existir un esfuerzo y una preocupación por parte de los gobernantes por remediar los problemas que afectan a la sociedad, y que frenan la plena realización y satisfacción del ser humano. Sin embargo, se constata que no siempre es así. El Estado debe ayudarse de otras instituciones o instancias para que juntos construyan una mejor sociedad, más humana, más justa, que viva en la verdad y busque satisfacer las necesidades de todos, y no de una minoría.

Mientras no se acepte este tipo de ayuda y no se reconozcan los derechos de los demás, no se puede hablar de gestos bilaterales; sino más bien de concesiones o permisos que siempre estarán sujetos a supervisión, control, prohibición. Lo cual limita aún más dichas concesiones o permisos. ¿Qué se puede esperar de una relación así?

¿Qué haría falta para que la Iglesia hiciera renacer la fe nuevamente, como se vivió a principio de los noventa del siglo pasado? ¿Cómo podría tocar nuevamente la puerta y el corazón de tantos cubanos?

Precisamente algo de eso es lo que se quiere, no vivir la fe de los noventa, sino más bien despertar la fe y el compromiso, que debe estar presente en todo bautizado. Hay que formar a las personas en los valores y en la responsabilidad. Es necesario fortalecer las comunidades desde dentro, en cuanto a su compromiso y responsabilidad en y con la sociedad. Es urgente que todos los cristianos nos involucremos en la misión de reconstruir nuestra Cuba. La Iglesia va haciendo lo suyo. Es importante que cada quien haga lo que le corresponde.

Aunque la televisión nacional en ocasiones ha retransmitido algunas celebraciones de la Iglesia Católica, las publicaciones, periódicos, impresiones y otros han disminuido considerablemente. Con las restricciones a internet, menos cubanos pueden leer la web de la Conferencia de Obispos Católicos. ¿Qué opina al respecto y cuáles son sus expectativas?

Ciertamente esa es una de nuestras grandes limitaciones: el poco o nulo acceso a la información cierta sobre Cuba y el mundo. En este sentido, debemos trabajar todos, hay que crear espacios de diálogo, debate, intercambio. Hay que organizar charlas, conferencias, foros, con temas de interés. Los cristianos debemos aprovechar los momentos de encuentro en la comunidad para leer y reflexionar la Palabra de Dios, dejando que vaya iluminando nuestra realidad y luego nos lleve a la actuación.

La mejor forma de difundir e informar es a través de las mismas personas. Nosotros, con la palabra, somos los mejores comunicadores. Es tiempo entonces de utilizar la palabra. Aunque no es menos cierto que la palabra ha perdido significación, la gente está harta de palabrerías, de promesas sin cumplir, de eslóganes. La gente necesita de la palabra cierta, hace falta hablar con la verdad y de la verdad sólo podemos hablar con el testimonio de vida.

Si nos cierran una puerta, tenemos que abrir una ventana o un boquete, y por ahí mirar, respirar y hacer todo lo posible humana y moralmente para salir del encierro.

Existe una tradición del laicado cubano como protagonista de los emprendimientos sociales. ¿Cómo volver a retomar los espacios (Acción Católica, Educación cívico-religiosa, programas de asistencia…) y por dónde se puede comenzar?

En este sentido, más que de recuperar espacios, me atrevo a decir que lo que debemos recuperar es protagonismo. El papa Juan Pablo II, en su visita a Cuba, exhortaba a los cubanos a ser protagonistas de su propia historia. Es momento de pensar, hablar y actuar por nosotros mismos, sin esperar a que nos digan lo que tenemos que decir o hacer. Es tiempo de remar mar adentro, sin miedo, sabiendo que Jesús no dejará que nos hundamos.

Creo que un acontecimiento que puede ayudarnos en este aspecto es la celebración de los 400 años del hallazgo y de la presencia de la imagen de la Virgen de la Caridad en nuestro pueblo. María es Madre para todos los cubanos. Ella ha permanecido en nuestro pueblo y con el pueblo, a pesar de todo lo vivido en el transcurso de estos largos y difíciles años. Su perseverancia, fidelidad, ternura y amor, nos pueden inspirar.

¿Cómo ve la Cuba futura?

Debemos tener una mirada limpia para ver con claridad la Cuba futura. Tenemos que liberarnos de los miedos, los odios y los resentimientos; también de los traumas y complejos engendrados durante estos años. Sólo así podremos construir y ver una Cuba libre de opresiones, donde se viva la paz, donde todos tengamos oportunidad de hacer nuestra propia vida y de construir nuestra sociedad. Para esa Cuba, debemos unirnos todos los cubanos y juntos colaborar.


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