Actualizado: 05/08/2021 10:23
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Enfoque latinoamericano

“Hacen falta políticas que sean auténtica y simultáneamente democráticas y socialistas”

Esta entrevista forma parte de una serie iniciada por Cubaencuentro, en que especialistas responden a preguntas sobre los desafíos de la región, formuladas por el historiador Armando Chaguaceda

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Nos conocimos en el Congreso “Barómetros de la Democracia” en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), en noviembre pasado. Yo había escuchado su conferencia magistral y él mi participación como coordinador y ponente de la mesa Intelectuales y política, pero lo apretado del programa apenas dejó tiempo para el debate. Para mí, fue una oportunidad excepcional de conocer personalmente a uno de los principales politólogos del mundo, ex presidente y premio de la Asociación Internacional de Ciencia Política, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Yale, miembro de la Academia Norteamericana de Artes y Ciencias, profesor e investigador de universidades como las de California, Stanford, Oxford, Cambridge y Notre Dame, quien después de décadas de exilio y residencia fuera de su patria, retornó hace algunos años a su Argentina natal. Ya lo adivinaron: estoy hablando de Guillermo O'Donnell.

Sin embargo, al coincidir posteriormente en el vestíbulo del hotel —con la compañía de su esposa la también politóloga Gabriela Ippolito-O'Donnell— Guillermo me obsequió el trato más sencillo y amable que podría esperarse de una figura de su talla internacional. Compartimos experiencias personales, mientras ambos insistían en la necesidad de fortalecer las agendas sociales y democráticas en la política latinoamericana y reconstituir una izquierda antineoliberal y antiautoritaria para enfrentar los problemas de la región, sus instituciones y liderazgos. Desde ese momento hemos mantenido un diálogo fructífero, gracias a las virtudes del ciberespacio. Hoy quiero compartir, agradeciendo su gentileza de colaborar en medio de una apretada agenda, las valoraciones de Guillermo sobre los desafíos políticos de nuestro continente, palabras que nos llegan con la precisión de quien vive inmerso en aquello que estudia, con la frescura de una charla amistosa, sostenida en torno a un buen vino porteño o una taza de criollo café.

Según los resultados del Latinobarómetro 2010 los problemas vinculados con la inseguridad y el desempleo son los temas que más preocupan a los latinoamericanos. Mientras, los asuntos clasificados como políticos, de educación y salud, reciben una escasa atención. ¿No es ello algo aparentemente extraño? ¿Cómo valoras el impacto de problemas señalados en la encuesta para la consolidación y expansión de la democracia en la región?

Guillermo O'Donnell (GO): Lo que plantean tus muy pertinentes preguntas es el temario de varios libros que unos cuantos deberían escribir. Ahora, en el poquísimo tiempo que me resta antes de un viaje inminente y para no fallar a los lectores, intentaré contestar tus interrogantes. Aunque en teoría querríamos que las preocupaciones que mencionas en tu pregunta sean tan importantes como la inseguridad y el desempleo, al menos visto desde la Argentina de hoy me parece muy entendible que ellas sean preocupaciones dominantes, sobre todo para las clases populares. Estas se encuentran directa e inmediatamente amenazadas por la posibilidad de desempleo, por una criminalidad que se dirige principalmente a ellas y, en la coyuntura del país, también por una creciente inflación. Esa es nuestra situación.

Hay una imagen de que América Latina se encuentra en una etapa de progreso, sin embargo continúa in crescendo la tendencia que señala que sus ingresos son insuficientes para vivir e indican que hay una injusta distribución de la riqueza. ¿Obedece eso a la sostenida contradicción entre riqueza creada (y acumulada) y aumento de la desigualdad social, característica de la región? ¿Cómo romper, desde las políticas públicas, ese círculo vicioso?

(GO): Creo que hacen falta políticas que sean auténtica y simultáneamente democráticas y socialistas, y que al serlo abran ancha puerta a la participación activa de las clases populares y medias. Falta mucho en esa dirección en nuestros países, incluso algunos de ellos como el mío, a pesar de algunas políticas progresistas que quedan a mitad de camino por diversos motivos, que incluyen buenas dosis manipulación, clientelismo y —por cierto— corrupción.

El politólogo Guillermo O'Donnell (izquierda) junto al historiador Armando ChaguacedaFoto

El politólogo Guillermo O'Donnell (izquierda) junto al historiador Armando Chaguaceda.

En los últimos años crece la convicción de que solo la democracia (entendida con sus atributos de división de poderes, pluralidad política y partidaria, etc.) deviene el régimen preferible para gestionar la convivencia colectiva, frente a los que postulan como opción el autoritarismo o la apatía. Sin embargo, en el continente percibimos el auge de tendencias autoritarias de distinto signo ideológico, tanto en el afán reeleccionista y concentración de poderes presidenciales como en la vuelta de los tristemente recordados golpes de Estado y la criminalización de los movimientos sociales. ¿Cómo interpretar esta aparente contradicción entre las preferencias de la gente y el desempeño de los políticos?

(GO): Lo que mencionas es cierto y me preocupa mucho. Habría que escribir un importante libro para explicarlo, que debería incluir la reiterada tendencia caudillista, manipuladora y verticalista de no pocos líderes, se llamen o no progresistas o de izquierdas. Una grave consecuencia de estas tendencias es que ellas promueven expertas maniobras de cooptación y/o de divide et impera sobre los sectores populares. Pero creo que esto mismo está abriendo campo, aunque por ahora no muy visible, para que esos sectores vayan retomando, según tradiciones de cada país y región, sus patrones de auto organización.

En tus trabajos has desarrollado la noción de “democracia delegativa” para dar cuenta de las carencias (y falencias) de los regímenes políticos latinoamericanos. ¿Sostienes la validez de ese concepto para entender la coyuntura política actual? ¿En qué direcciones admitiría desarrollo y/o perfeccionamiento?

(GO): Creo que la democracia delegativa es democrática porque surge de elecciones razonablemente competitivas y respeta algunas libertades políticas básicas (expresión, movimiento, etc.). Pero queda corta de la democracia representativa y participativa porque sus gobernantes tratan empeñosamente de anular o al menos debilitar grandemente los diversos tipos de control político-estatal de esta última democracia, así como los que produce la sociedad. Por eso la democracia delegativa tiene tendencia a deslizarse hacia el autoritarismo liso y llano, como ocurrió en Perú con Fujimori, con Putin en Rusia y, sobre todo con las últimas medidas que ha hecho aprobar a un Congreso que ya termina su mandato, con Chávez en Venezuela.

Casos que aún son delegativos —aunque también muestran las tendencias mencionadas— son los actuales de Argentina y Ecuador y tal vez (aunque conozco demasiado poco) Nicaragua. Hay otros países que responden a los cartabones de la democracia representativa: Costa Rica, Chile y Uruguay; Brasil se viene aproximando convincentemente a esto. También existen en nuestra región otros casos más específicos, que debo pasar por alto aquí por falta de espacio y tiempo.

En Cuba han emergido en los últimos años voces críticas (tanto en el Gobierno como en la oposición, la academia y el resto de la sociedad) en el sentido de modificar el modelo socialista de Estado, vigente desde hace cinco décadas. Desde la postura oficial se comprenden estos cambios como modernización en la gestión y eficiencia, con ampliación de la iniciativa privada sin perder el control político. Otros apuestan al establecimiento de un modelo de economía de mercado y régimen demoliberal. Desde sectores de izquierda (entre los que me incluyo) abogamos por una desestatización de la sociedad, la construcción de una esfera pública y la promoción de una participación autónoma, sin perder soberanía y justicia social. ¿Cómo valoras la actual coyuntura y sus desafíos? ¿Qué lugar correspondería a una izquierda renovada en la Cuba del futuro?

(GO): Conozco demasiado poco acerca de tu país como para cometer la insolencia de opinar sobre el tema. Pero por lo que uno ha aprendido de las tendencias que mencionas, todos mis valores y deseos van hacia la opción que prefieres, socialista y democrática. ¡Sería maravilloso que a lo largo de este espinoso camino logre realizarse!



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