Actualizado: 24/11/2017 16:37
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Escritores, Literatura Cubana, Miami

“La escritura es lo único que me salva y me da paz”

Entrevista a la poeta y narradora Yosie Crespo, residente en Miami

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Poeta y narradora, Yosie Crespo (Pinar del Río, 1979) obtuvo el Primer Premio “Nuevos Valores de la Poesía Hispana” (2011) de la IV Convocatoria de Ediciones Baquiana y el CCE (Centro Cultural Español) por su poemario Solárium, publicado en Abril 2012 en Miami. Primer Premio del IV Concurso Juvenil de Poesía Federico García Lorca 2011, en España, Premio Internacional de Cuento 2010 de la Feria Internacional del Libro, Buenos Aires, Argentina, Premio Luis Felipe de Cuento Corto 2011, Miami Florida.
Ha publicado los libros La ruta del pájaro sobre mi cabeza, Ediciones Torremozas, Madrid, España (2013) y Solárium (2012) por Ediciones Baquiana, Miami, Florida.

CUBAENCUENTRO conversó con Yosie Crespo sobre poesía y la obsesión del regreso, entre otros temas.

¿En qué momento decidiste que querías escribir?

Yosie Crespo YC: Fue en algún momento en que la decisión no tuvo partida ni cuenta en el asunto. Nunca dije voy a escribir y escribí. Cerca de los ocho años llegó la inquietud de escribir diarios sin ni siquiera saber mucho lo que esto implicaba, escribí mis primeros poemas aun siendo una niña. Querer escribir es la parte fácil, llegar a ser un buen escritor, es, en cualquier caso, muy difícil.

¿Qué te aporta la escritura y la literatura, piensas que vale todo en la literatura?

YC: La escritura es lo único que me salva y me da paz. Cuando nada más hay, la escritura misma me salva de la escritura. La literatura aporta algo esencial de la vida y para la vida del escritor es saber cuán lejos puedes llegar con el lenguaje. El proceso creativo requiere de madurez y de mucha lectura. No todo lo que se publica vale como literatura, creo que en la literatura vale todo mientras se haga bien.

¿Qué es necesario para que una novela interese a los lectores?

YC: Te hablo desde el punto de vista del lector, porque eso me considero antes de llamarme cualquier otra cosa. Para mí una historia debe de ser bien contada y parecerme más real que la vida real, necesito sentir el estremecimiento. El lector debe de sentirse identificado con sus personajes, desde el primer párrafo por más mínimo que sea, si el lector no siente el enganche desde ese primer momento, el libro se cierra, y ese es el fin de la historia…el enganche siendo la palabra primordial para que a mí como lector me interese continuar leyendo.

¿Cuales son tus géneros favoritos en la lectura, sus autores y quiénes te han influido más?

YC: Los géneros literarios son tan variados como los gustos de las personas y en la actualidad se hace cada vez más difícil determinar qué obras pertenecen a determinados géneros.

Hay libros que he leído que se salen de cualquier género, pero si vas a mi casa un domingo en la tarde seguramente me encuentras con las manos en una novela, o en dos o tres libros de poesía a la misma vez, el ensayo también lo disfruto. Nunca me he planteado seriamente quién influye en mi obra pero si me he planteado qué influye en mí y eso es la buena literatura. Autores como Herta Muller, Samuel Beckett, Herman Hesse, Cesar Pavese, la Ajmátova, Anne Sexton, Artaud, ahora por ejemplo, leo a Roland Barthes, a Beatriz Sara Sedler, y toda la obra de Reina María Rodríguez, ya lo puedes ver, muchas cosas a la vez.

¿A qué te dedicas cuando no escribes?

YC: Siempre me sentí atraída por el mundo de los hoteles y los viajes, también hay algo muy poético en trabajar en hoteles, en ver los viajeros y ser el viajero al mismo tiempo, así que eso estudié como carrera y es en esta que me desenvuelvo cada día hasta volver al encuentro de mi vida after five. Pero siempre estoy escribiendo, aun cuando hago otras cosas escribo, en mi mente escribo todo el tiempo como si hiciera cierto ejercicio de exploración hacia el imaginario.

¿Cuál es tu método de escritura, anotas lo que se te ocurre?

YC: Anoto lo que se me ocurre, lo que sueño, lo que pienso, lo que vivo, lo que duele, y todo lo que considero importante, así sea un pensamiento que surja desde una conversación, hasta cuando escucho un nombre y siento que en él quedan los confines del mundo…todo lo que me conmueve y parece hermoso también lo anoto, es como si viviera con el anhelo de retener el mundo en un cuaderno.

¿Sí pudieses ser un libro, cuál serías?

YC: Esto es casi como preguntarme si pudiera volver a vivir…

¿En qué proyecto te encuentras sumergida en estos momentos?

YC: Estoy trabajando en el proceso de reescribir. Tengo varios poemarios inéditos hace algún tiempo y ya pasada el agua es tiempo de volver a ellos, remodelar, arrancar, trabajar en la transformación.

¿Se escribe por placer o también por dinero y reconocimiento?

YC: Escribo para comprender, para llegar a un mayor grado de conciencia y de sensibilidad, no fui muy consciente de eso por mucho tiempo pero ahora me parece imposible separar las dos cosas. Decía Roland Barthes que escribir en el placer, no asegura al escritor la existencia del placer de su lector, pero que es preciso buscar a ese lector, rastrearlo, sin saber dónde está, porque entonces se crea un espacio de goce, así que voy haciendo conciencia de la oscuridad hasta llegar al punto sin retorno, lo primero es sufrir el poema, lo final es reescribirlo y es en ese paso donde está el placer.

¿Dominas los recursos de estilo, las figuras literarias o escribes con estilo propio y sigues experimentando y aprendiendo?

YC: ¡No tengo dominio absoluto de nada! Trato de dejar mi propia voz a la hora de comunicarme, pero no ceso de experimentar con la forma, aprender del texto, de lo que cuenta el pensamiento cuando se vuelve escritura, comprendo que existen reglas, estilos, pero no me dejo manipular por ellos. No puedo escribir pensando en que debo de llegar a un lugar, prefiero llegar al lugar y que este me sorprenda, solo me dejo llevar y después reinvento.

¿Regalas libros en alguna ocasión?

YC: Los libros son los regalos que siempre prefiero, así que cuando me regalan uno conservo ese recuerdo de una forma muy especial, un libro es el mejor regalo que se puede hacer, así que cuando los doy (lo mismo mío que de otros autores) es porque lo considero un acto de fe, no estoy solo obsequiando un libro, estoy compartiendo algo importante contigo.

¿Crees que la literatura cubana esta de moda y que el escritor, en tanto figura pública tiene responsabilidad social?

YC: No sé si la literatura cubana esté de moda, cuando “rastreo” las nuevas lecturas no pienso en la moda, ni en el país, ni en sus circunstancias. El escritor tiene una responsabilidad social que es ineludible especialmente para las próximas generaciones. Al cubano le ha tocado vivir una historia muy peculiar y no es solo en la literatura, creo que para el escritor cubano existe una responsabilidad inapelable de salvar.

¿Cómo te ha cambiado el mundo de la tecnología y el e-book?

YC: Fíjate que a la hora de escribir soy muy tradicional para decirlo de alguna manera, escribo a mano, utilizo la computadora solo cuando paso lo que he escrito a su próximo estado. Sin dudas la tecnología es muy útil para todo lo demás, es mucho más rápido a la hora de encontrar información, de hacer contactos, de llegar a un público que de otra forma tardaría años en encontrarte.

El e-book lo veo como una nueva forma de adaptación y es un paso hacia tres otros pasos en el futuro del libro, no dudo que es una forma muy valiosa de conectarnos con las nuevas generaciones, decía Kafka que “un libro debe ser el hacha que quiebre el mar helado dentro de nosotros”...qué importa cuál es la forma mientras se lea.

¿Sentías que habías nacido con vocación literaria, cuáles son tus verdaderos orígenes en ese sentido?

YC: Si de origen se trata diría que mis abuelos y mi madre tuvieron mucho que ver en la inculcada pasión por la lectura mucho antes de saber leer, pero nunca me obligaron a hacerlo. Entre las cosas comunes que recuerdo de la niñez, siempre me acompañaba un libro, no sé si llamarle a eso nacer con vocación, pero sí sé que después de haber aprendido a leer, fue el paso para querer escribir, ambas cosas como una destreza que se adquiere.

¿Lamentas que tu vida literaria no se hubiera desarrollado en otro medio más propicio?

YC: Creo que el mismo escritor se adapta a su medio y lo convierte en el propicio, dependiendo de cuáles son sus fines con la escritura, cada ciudad es la misma con sus brumas y su dolor. Si hago un viaje a lo que pudo haber sido, me encontraría comparando de la forma en que pudiera haber escrito si hubiese llegado a Estados Unidos con un poco de menos edad, o de más, en todo caso. Haber salido de Cuba a los 10 años deja una marca en mi forma de pensar, de vivir, a la hora de comer, y también de escribir, por supuesto; la nostalgia también deja una marca pero procuro no lamentarme y aprender de lo que me tocó vivir, mirar hacia adelante, escribir no hacia atrás, sino hacia adelante.

¿Crees que la literatura cubana a veces tiene serios altibajos?

YC: Toda literatura tiene altibajos. En estos tiempos más bajos que altos pero lejos de estar en crisis existen nuevas voces que buscan una renovación de lo tradicional.

¿Qué libros han cambiado tu vida?

YC: Los libros te enseñan a pensar y quizás, a raíz de eso, tu vida cambie, moldeen tu personalidad. Sí hay libros que han conseguido llevarme a un paroxismo increíble por la fuerza que desprenden, libros que me han devuelto la esperanza, en los que he encontrado, incluso, compañía, tengo una lista de libros a los que vuelvo, dependiendo de las circunstancias del momento.

El regreso, la nostalgia, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. ¿Tienes la obsesión del regreso a tenor de los nuevos cambios?

YC: Cuando llega la obsesión (de lo que sea) mato a ese monstruo de cualquier manera. Si es el regreso, entonces regreso como he regresado ya varias veces, pero ya el regreso físico no es igual, hay un regreso al que nunca volveremos.

A veces uno tiene nostalgia de las cosas que no vivió, que no tuvo, aunque eso implique haber vivido en un lugar donde se pueda haber tenido muy poco o nada, las cantidades de las cosas siempre son relativas.

¿Has tenido que esquivar la censura en tus escritos?

YC: La única censura si alguna vez he tenido que esquivarla, ha sido la mía propia.

¿Hay algún género más eficaz para trascribir la realidad cubana?

YC: El género de vivirla.

¿Sin memoria histórica no hay imaginación?

YC: Sin memoria, no hay poesía.

¿Escritor, poeta o promotora de la cultura cubana?

YC: Un poco de todos con una alta dosis de poesía.

¿Qué significado tiene para ti la ciudad dónde has vivido la mayor parte de tu vida?

YC: Miami es la ciudad en la que más tiempo he vivido. Aquí hice una nueva vida, nuevos amigos, me enamoré por vez primera y muchas otras después, aquí publiqué mis dos primeros libros y he escrito todo lo demás después de eso.

La ciudad en la que vivo tiene mucho de mi país y esto ha hecho más cómoda “la navegación”.

¿Qué objetivo persiguen sus libros?

YC: Que sean leídos, provocar el espíritu del lector, a favor o en contra.

¿Qué mensaje deseas trasmitirle a los cubanos y a tus lectores?

YC: Sería este el deseo de que la literatura cubana, tanto la de aquí como la de allá encuentre un punto de encuentro que sea irrefutable y así de ambas partes poder contribuir a la difusión de la literatura cubana sin partiduras a la mitad.


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