Actualizado: 22/11/2017 12:21
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Literatura

La historia como profanación

Rafael Rojas: «El problema de Cuba es un conflicto entre cubanos y el papel de EE UU está sobrevalorado».

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Rafael Rojas, historiador y ensayista cubano, exiliado en México, ganó el XXXIV Premio Anagrama de Ensayo por su libro Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano, que en estos días comenzará a circular en librerías iberoamericanas y que será presentado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el próximo 19 de mayo.

A sus 40 años, Rojas es autor de más de diez libros, entre los que podríamos mencionar dos de los más polémicos: Un banquete canónico (México, Fondo de Cultura Económica, 2000) y José Martí: la invención de Cuba (Madrid, Editorial Colibrí, 2001).

Desde 2002 ha compartido con el poeta Manuel Díaz Martínez la dirección de la revista Encuentro de la Cultura Cubana y pronto cumplirá diez años como profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

En su oficina, en esta importante institución de la ciudad de México, conversamos sobre su trabajo intelectual, el libro premiado, la izquierda mexicana, Encuentro —cuya codirección, después de cuatro años, concluirá en el próximo número 40— y, naturalmente, sobre el pasado, el presente y el futuro de Cuba.

Me gustaría iniciar esta plática, llamando la atención sobre el hecho de que en México, el país donde usted vive desde hace quince años, su trabajo más conocido no tiene que ver con Cuba, sino con la historia mexicana y latinoamericana del siglo XIX…

Es cierto. Cuando vine a estudiar a El Colegio de México, en 1991, recomendado por Manuel Moreno Fraginals, traía un proyecto de tesis doctoral relacionado con la historia intelectual de la República (1902-1959), pero tuve que descartarlo por la centralidad que tenían los temas mexicanos en el programa de doctorado.

Desde los años en que estudiaba en El Colegio comencé a investigar y escribir sobre la historia de las ideas políticas en México y América Latina, sobre todo, en el siglo XIX. Luego, cuando en 1997 fui contratado por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), continué esa vertiente historiográfica.

El resultado de ese trabajo son unos cuantos libros de corte académico, como mi tesis doctoral Cuba mexicana. Historia de una anexión imposible (2001), que ganó el Premio Matías Romero de Historia Diplomática; La escritura de la independencia. El surgimiento de la opinión pública en México (2003), publicado por Taurus, y varias coautorías con historiadores mexicanos como Enrique Florescano, Josefina Zoraida Vázquez y mi colega José Antonio Aguilar.

El último de esos proyectos fue un libro a cuatro manos, con el historiador italiano Antonio Annino, sobre la historiografía de la independencia de México, que aparecerá este año en el Fondo de Cultura Económica.

Sin embargo, sus colaboraciones en periódicos y, sobre todo, en revistas como 'Vuelta', 'Nexos' y, luego, 'Letras Libres', generalmente han tratado sobre el problema político cubano…

Al principio no fue así. En los noventa, mis colaboraciones en esas revistas eran, fundamentalmente, reseñas y artículos sobre temas históricos y teóricos de México y América Latina. En realidad, yo comencé a intervenir con cierta regularidad en el debate cubano a partir de la creación de la revista Encuentro de la Cultura Cubana, en 1996, a la que Jesús Díaz me invitó a colaborar desde el primer número, y, sobre todo, a raíz de la aparición de dos libros míos en 1998, en los que intenté establecer una posición pública, coherente con mi biografía y mis ideas.


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