Actualizado: 10/12/2019 14:39
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Literatura

'La Tula' novelada

«Ni La Avellaneda ni yo volveremos a la Isla mientras esté cautiva, porque somos al fin libres», confiesa la escritora María Elena Cruz Varela.

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María Elena Cruz Varela es poetisa, antes de que supiera escribir un verso. Quizás ella misma no tenga conciencia exacta de esa aseveración. Dice que los escritores de versos no tienen géneros: por eso escribe poeta, como si en ello le fuera la vida. No está mal del todo.

La recuerdo en las peñas literarias de La Habana, en los tempranos ochenta del siglo pasado, alegre, chispeante, como si el mundo no le importara. Cuando, exactamente, era todo lo contrario. Sólo había que acercarse a sus poemas para, sin esfuerzo, encontrar allí el manantial de sus coplas, muy parecidas en el aliento y la factura, por cierto, a las de César Vallejo. Con la misma fuerza y riqueza expresiva del peruano. Con igual desgarramiento existencial.

Después se convirtió en la gran dama de la oposición cubana. En muy poco tiempo llegó a dirigir un grupo de opositores pacíficos —se llamó Criterio Alternativo—, que reclamó, en su momento, libertad de expresión y de prensa, la excarcelación de los presos políticos, elecciones libres a la Asamblea Nacional, y que se suspendieran las trabas migratorias que imponía —e impone— el régimen de la Plaza de la Revolución.

Estuvo presa varios años —dos o tres—, y a la salida de los pabellones carcelarios, tomó la decisión de emigrar a Estados Unidos, donde actualmente se avecinda. Antes vivió en Puerto Rico y en España, donde pasó casi una década de desamparo, frío, soledad y otras angustias de esa naturaleza.

Pero María no le teme a las zozobras, y sin cejar ni un ápice continuó escribiendo, que es lo mejor que sabe hacer, digo, profesionalmente hablando. De sus manos han brotado, hasta ahora, varios libros. A saber, las novelas Dios en las cárceles cubanas, Juana de Arco. El corazón del verdugo y ahora La hija de Cuba, una biografía de Gertrudis Gómez de Avellaneda. Anteriormente había publicado El ángel agotado y La voz de Adán, y yo, donde recoge parcialmente su obra en versos.

Lo que sigue son las respuestas a un cuestionario mínimo, que le hice llegar recientemente, a raíz de la presentación en Miami de la biografía de La Tula, en el Teatro Tower, en pleno corazón de la ciudad.

¿Cuánto tiempo demoró en escribir la novela?

Entre un accidente personal y otro, estuve 12 meses escribiendo y dos o tres revisando y ajustando.

Hábleme de la investigación literaria…

Siempre dejo bien claro que en cuanto a ubicación en tiempo histórico conté con la inestimable ayuda del historiador cubano Francisco Escobar. La investigación acerca de un personaje como Gertrudis Gómez de Avellaneda debe hacerse en más de una dirección. Primero, la búsqueda y contrastación de hechos y fechas de carácter biográfico, empaparse del entorno, costumbres, modas y modos de la época, hábitos de alimentación, vestuario, lenguaje, etcétera. Sumergirse en ese topicazo ineludible que se llama 'espíritu de la época'.

Segundo: la lectura de la obra literaria de semejante creadora, tan profunda, prolífica y polifacética, y después naufragar en las aguas de su personalidad, encarnar el personaje, ser ella misma en cada circunstancia y situación de su biografía. No tenerle miedo a ser poseída por el personaje es importante y, luego, timonear para que tu voz no se diluya o trate de suplantar la voz de la protagonista, por eso preferí crear varios personajes femeninos para que la voz de Tula resaltara. Después que dominas en alguna zona de tu mente toda esa multudimensionalidad, a escribir se ha dicho.

¿Qué le impulsó a escribir 'La hija de Cuba'?

Ella misma, mi propio decursar literario en un mundo que cada vez parece más insensible o indiferente a la belleza, más las innegables conexiones con la psicología de la Tula, además de la brutal loza de olvido, esa pátina odiosa que tecnócratas y políticos se esfuerzan por colocar sobre el nombre de todo aquel que se escapa del programa y sirve como desestructurador de sistemas.

A veces siento que más que elegir personajes como Gertrudis o Juana de Arco, son ellos los que se apoderan de mí, los que me eligen para regresar al mundo de las formas, porque algo aún les quedó por decir; y en el caso de Tula, en el fondo me impulsó un sentimiento de gratitud y deuda en los cuales están Cuba y España, tan dadas a la ingratitud y a la desmemoria.

¿Qué fue lo más difícil del trabajo?

Tocar cotas de dolor humano a veces insoportablemente intenso. En la época en que escribía sobre la muerte del padre de Gertrudis, mi padre agonizaba en Cuba. A veces sentí que abandonaría, porque era tanto el dolor y el sentimiento de impotencia, que sólo podía encerrarme a gritar como una fiera herida de muerte.

Escribir sobre el desamor también me punzaba hondo, al fin y al cabo es el mismo en todas las épocas y en esos meses también se produjo otra manera de muerte en mi vida, al romperse definitivamente mi relación sentimental con mi pareja. Nada, uno escribe la vida de otro y termina viviéndola. ¿O acaso es al revés? Nadie sabe…

¿Cree que se publique en Cuba?

No creo que se publique en Cuba y, a la verdad, sólo aceptaría que fuera publicada cuando Cuba sea un país democrático. Ni La Avellaneda ni yo volveremos a la Isla mientras esté cautiva, porque la Juana, la Tula y yo somos al fin libres en casi todos los sentidos de la palabra. Por cierto, creo que debo tomar disposiciones bien serias y legales al respecto.