Actualizado: 20/04/2019 14:23
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Artes Plásticas

«Las culturas inventan su propio cliché»

Entrevista con Elio Rodríguez, a propósito de la exposición 'Arte, sátira... ¡Subversión!' y de los estereotipos sexuales del negro cubano • Ver galería.

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Elio Rodríguez es uno de los artistas que dentro del panorama de las artes visuales producidas en Cuba durante las dos últimas décadas, se podría situar en esos espacios discursivos de resistencia que reivindican las voces de las denominadas "subjetividades laterales" —en palabras del crítico Rufo Caballero—, para enriquecer y complejizar los debates en torno a las identidades nacionales y del ser caribeño.

Múltiples críticos analiza en su obra las peculiaridades de una poética ubicada en un recodo entre el simulacro y la transgresión; en medio de un juego donde los estereotipos culturales y sociológicos se tornan mascaradas para cuestionar el discurso hegemónico y el poder fálico, que deambula entre tintes homoeróticos y afirmaciones raciales, y goza interpretando los registros coloquiales de lo popular.

En Arte, Sátira, Subversión. 5 visiones iberoamericanas, exposición recién inaugurada en la Casa de América de Madrid, Elio Rodríguez, junto a otros cuatro creadores iberoamericanos, aporta su particular visión del modo en que se registran los tonos de esa sinfonía babélica que encarna el trazado de lo identitario.

Desde la conciencia de la importancia del humor como estrategia de resistencia y mecanismo de subsistencia en espacios periféricos y de subalternidad, los comisarios de la muestra —Dennys Matos y Lorena Pérez— realizan un paneo por las maneras en que estos artistas incorporan la ironía y la sátira, como recursos de inversión dialógica de los poderes que regulan la realidad en sus entornos sociológicos. Aprovechamos esta ocasión para indagar con Rodríguez sobre algunas claves de su obra.

Desde finales de los ochenta, su obra ha tratado problemáticas o fenómenos de la sociedad cubana de hoy y del arte. Un ejemplo es el sentido corporativo y heterónimo de Macho Enterprise o El Macho. ¿Cómo y cuándo surge esta identidad —o entidad— y qué funciones le atribuye en su propuesta?

En 1991 hice una exposición personal a la que titulé El Macho, porque el hilo conductor era el sentido que el machismo le ha dado a la cultura cubana: de ahí se originaron obras como Encuentro de Dos Culturas, donde daba mi punto de vista sobre ese momento; o Consigna, donde a partir de la consabida frase "¡aquí lo que se sobran son huevos!", se llamaba la atención sobre el carácter que el machismo ha tenido en la política. Esta exposición, en principio, trataba de ver el papel que el machismo había tenido en las diferentes etapas o aspectos de la vida cubana: la historia, el matrimonio, la política, la vida diaria, etcétera.

Lo que sucedió fue que la gente empezó a preguntarme que si el Macho era yo, y entonces asumí este personaje, que me permite sacar al escenario, como los actores, partes de mí o de otras personas. Lo de la Macho Enterprise surgió después, cuando en los años noventa empezaron a proliferar en el ámbito económico cubano las empresas mixtas. Entonces cree esta empresa, que al final lo que pretende es unificar el discurso de mi obra, y hablar sobre el peso que el marketing, lo corporativo, tiene en la vida diaria. Es sólo una mentira más: un mundo que me he construido, donde pongo las reglas, donde soy la estrella, y donde, repito, todo es ilusión, mentira.

Una de sus preocupaciones resulta de la relectura irónica de los estereotipos sobre la representación del negro y su mitificación exótica en tanto objeto sexual. En su obra se suceden y superponen referencias que ubican la procedencia histórica de esas visiones. ¿Dónde ubica esas fuentes, motivos o textos que alimentan el mito de la alteridad del negro? ¿Posee referencias culturales que hayan contribuido al discurso de resistencia que emana de su obra?

Mira, en realidad mi obra trata sobre la identidad, los arquetipos, o visto de otra manera, sobre la mentira. Siempre he dicho que las culturas se inventan su propio cliché, para diferenciarse de las otras, para venderse, lo que pasa es que al final terminan creyéndose su propia mentira: ni los cubanos somos tan "calientes", ni los franceses son tan "románticos", ni los españoles se la pasan toreando y con castañuelas el santo día.

Desde el punto de vista artístico, está toda la imaginería que presenta al negro como un estereotipo. Generalmente para entender las cosas las simplificamos, las encasillamos en estereotipos y eso hace que la visión que tengamos sea muchas veces monofónica, cuando al final es siempre más interesante el home cinema, que te envía sonidos por diferentes vías, y provoca que te sorprendan los sonidos, la polifonía.

Para mí, cualquier fuente es válida, siempre que sirva para desarrollar mis objetivos. Desde las vitolas de tabaco, los carteles y toda la publicidad, el cine, los chistes de la calle, la música, toda imagen que trate de presentar una realidad, o cómo la gente construye esa realidad, es interesante.

Mi obra es el resultado del cuestionamiento constante sobre quiénes somos, cómo nos vemos, cómo nos ven. En su cuestionamiento está el definirnos y, a la vez, el desmontar nuestras propias mentiras sobre nuestra identidad; una puesta en escena al final. Este cuestionamiento no tiene que llevar una crítica negativa; es en principio sólo eso, un cuestionamiento, que puede incluso partir desde el reconocimiento o la adhesión a estos estereotipos. Me gusta jugar, el doble sentido, la apariencia de las cosas.


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Idilio tropicalFoto

Idilio tropical (2007).

Obras de Elio Rodríguez