Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Escultura

«Medio siglo frente al mar»

Florencio Gelabert Jr. habla sobre la obra de su padre, a propósito de los cincuenta años de las esculturas del hotel Riviera.

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El Malecón que ciñe por el norte la ciudad de La Habana se construyó con el propósito de servir de muro de contención a la inmensidad de las aguas que, durante las temporadas ciclónicas, amenazan con penetrar tierra adentro y arrasar con todo lo que sus laboriosos habitantes han construido a lo largo de años. Sin embargo, como si los habaneros intentaran desafiar esa eventualidad, se construyó frente al mar, a sólo unos pasos del Malecón, el hotel Riviera, que fue inaugurado el l0 de diciembre de l957, hace ahora exactamente cincuenta años.

Salvador Dalí dijo que a una escultura lo menos que puede pedírsele es que no se mueva. Las esculturas que Florencio Gelabert situó a la entrada del hotel Riviera han cumplido con el pronóstico de Dalí: durante medio siglo han permanecido inconmovibles frente al mar, desafiando con buen éxito las asechanzas del tiempo y la intemperie, de las tormentas tropicales, la entropía y el salitre.

Ahora, a tantos años de distancia, su hijo, que también se llama Florencio Gelabert y que por designio genético es además escultor de afiebrada obra, se somete al escrutinio de esta entrevista para dejar constancia del quehacer creador de su padre.

¿Puede mencionar los recuerdos más vivos que conserva de su padre?

Son muchos los recuerdos. Sobre todo recuerdo a cada instante que era un hombre muy sencillo, muy humilde, pero a la vez muy intenso, muy profundo. Cuidaba muy bien de no usar la palabra si no era para decir algo inteligente. En su conversación siempre había un espacio de silencio, que sin duda aprovechaba para nutrir sus palabras del mismo sentido perdurable que le otorgó a su obra.

Dentro de su obra, deben existir esculturas que despierten en usted un mayor interés o admiración. ¿Puede mencionar algunas?

A mi entender tienen un mayor interés aquellas esculturas menos narrativas y en las que hay una mayor búsqueda de materiales expresivos. Son, sin duda, las obras que realizó durante l960, entre ellas las que elaboró a solicitud del Club Náutico de La Habana, o el mural que hizo con desechos de granito y con pedazos de azulejos en una cafetería en la Avenida Santa Catalina, también en La Habana.

Existen otros muchos murales que realizó con ese mismo sistema de desechos de materiales, que él supo aprovechar con gran sentido artístico. Creo que así le abrió a otros escultores la posibilidad de reciclar materiales de desecho para crear obras de arte perdurable.

Entre las obras más importantes de su padre se encuentra la que elaboró para la Estación de Ómnibus de La Habana. ¿Cómo la realizó?

Es una alegoría al transporte. Se titula La Velocidad, y la realizó en l960, en la misma época que la escultura del hotel Riviera y con el mismo procedimiento de hormigón armado. Es decir, una estructura de acero, con cabillas, que él iba rellenando con concreto, una mezcla de cemento, arena y piedra, que después, finalmente, modelaba con una mezcla más suave de cemento blanco y arena.

¿Cómo trabajaba?

De una manera muy disciplinada. Era un hombre que se levantaba día a día a las seis de la mañana, siguiendo rigurosamente una tradición campesina, a la que nunca quiso renunciar. Dedicaba todas las horas a su trabajo infatigable, sin descuidar las labores como profesor de la Escuela de Artes Plásticas San Alejandro, o como investigador de materiales en el Ministerio de la Construcción. Opino que, en ese sentido, también su vida es un ejemplo para todos aquellos que quieran asumir la labor creadora como un verdadero sacerdocio.

En un país que contó con escultores de renombre como Mateo de la Torriente y Rita Longa, dentro de su misma generación, ¿qué significación especial concede a la obra de su padre?

Creo que su obra, entre otras peculiaridades, adquiere un relieve especial en lo relacionado con la búsqueda de materiales expresivos. Mi padre trabajó mucho con materiales ortodoxos, como el bronce o el mármol, pero también dedicó años y esfuerzos a la investigación en materiales como el hormigón, el concreto armado, es decir, materiales de construcción que todavía en Cuba deben ser utilizados para esculturas destinadas a lugares públicos por su gran durabilidad y su bajo costo de producción y mantenimiento.

Un ejemplo de este tipo de elaboración lo vemos en las esculturas que mi padre elaboró para el exterior del hotel Riviera, que ahora cumplen medio siglo y continúan en pie, y podrán cumplir fácilmente cientos de años, por supuesto, con el cuidado y el mantenimiento requeridos.


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