Actualizado: 22/11/2019 16:09
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Política

«Raúl siempre fue una sombra de mano dura»

Al habla con Ricardo Amaral, uno de los periodistas que acompañó al presidente Lula da Silva en su última visita a La Habana.

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La visita de Luiz Inácio Lula da Silva a Cuba en enero pasado, cuando aún Raúl Castro era presidente interino, motivó numerosas especulaciones sobre la millonaria concesión de crédito y financiamiento de Brasil al gobierno de La Habana.

Numerosos especialistas, analistas políticos y medios de prensa se sorprendieron ante la confianza del mandatario brasileño en la recuperación de la economía de la Isla y hasta en su aún incierto futuro.

Sin embargo, tras el nombramiento —casi de oficio— de Raúl Castro como "nuevo" mandatario, han comenzado a hilvanarse, desde la prensa del gigante sudamericano, varias ideas sobre un acercamiento mucho mayor entre ambas naciones.

Ricardo Amaral, corresponsal y activo reportero sobre temas políticos de la influyente revista Época, que acompañó al presidente Lula en su visita a Cuba, comparte con ENCUENTRO EN LA RED algunas opiniones sobre este viaje.

¿Cuál fue su percepción de la relación entre el mandatario brasileño y Raúl Castro durante este viaje?

Percibimos un engranaje muy especial entre ambos presidentes. Mucho mejor del que se esperaba antes del viaje. Entre ellos existió una camaradería muy singular. Mucho más allá de los abrazos y las fotos oficiales, asistimos a un encuentro entre personas que se respetaban mutuamente, sin ningún tipo de rencor, y mucho menos con manifiestas contradicciones. Hablaron cosas serias y se firmaron acuerdos muy concretos, que han comenzado a interesar a empresarios brasileños de todos los estados, y desde ya, a fomentar una importante inversión en infraestructura.

¿Notó un mayor interés comercial por parte del gobierno cubano con el Brasil de Lula que con la Venezuela de Chávez?

En Brasil se está hablando bien de Raúl. Hay muchas expectativas por lo que pueda hacer. Y en Cuba sentimos que Brasil es visto como un hermano mayor. Pero además de cuestiones políticas, en Brasil se está hablando bien de Raúl por los intereses comerciales que él mismo mostró cuando la visita de empresarios a La Habana.

Raúl ha apostado por un acuerdo con Petrobrás que, sin duda alguna, hubiese podido concederle a PDVSA, y ese tipo de privilegios ha caído muy bien en los sectores económicos brasileños. Petrobrás explorará aguas cubanas que, a todas luces, poseen yacimientos petrolíferos casi vírgenes, por un período de cinco años. Eso es un acuerdo muy positivo, demuestra confianza en un compromiso.

No podemos afirmar, sin embargo, que el proyecto sea sustituir a Chávez en un corto o mediano plazo, porque claro está que la ayuda del gobierno venezolano es imprescindible para Cuba hoy. Pero es evidente que Brasil está en los planes del gobierno, sino como alternativa, por lo menos como complemento del profundo intercambio con Venezuela, China y la Unión Europea (España).

A su juicio, ¿esa integración de Brasil en el espectro del intercambio comercial cubano motivará algún desencuentro con lo que Chávez y La Habana intentan crear, la confederación cubano-venezolana?

La incorporación casi millonaria de Brasil en el espectro económico cubano, ya se preveía desde meses anteriores. En realidad, Lula aceptó y fue consecuente con los pedidos cubanos en el terreno económico y comercial. Él estimuló esa aproximación. De esa parte, no podemos decir que sea un movimiento anti-Chávez… pero que los acuerdos firmados desde enero entre Brasilia y La Habana deben haber molestado como una pulga en la oreja al presidente venezolano, no me cabe la menor duda.

Sobre todo, porque muchos de esos sectores económicos que se han mostrado dispuestos a invertir en Cuba, nunca han visto en la Venezuela de Chávez un marco propicio y mucho menos de respeto para la inversión. En general, en Brasil, Chávez no gusta, ni a la izquierda brasileña, ni al sector empresarial, y mucho menos a la derecha. Sobre Raúl, sin embargo, se cifran muchas expectativas.

Usted asistió a una conferencia de prensa con Raúl Castro, entrevistó a líderes de la oposición y recorrió La Habana. ¿Cómo valora las expectativas del ciudadano de a pie ante los acontecimientos políticos del país?

Raúl fue muy simpático y muy "liberal" con la comitiva brasileña. Tuvimos acceso total a preguntas y recorridos por La Habana. Sin embargo, conversando con los cubanos, percibimos una cosa interesante. Recuerdo que hablé con un taxista, que me dijo, mucho antes del proceso eleccionario, que Raúl sería el sucesor de Fidel. Y si bien elogió la sensibilidad social de Raúl Castro, resaltó la mano pesada del que es hoy el nuevo presidente de la Isla. Me dijo textualmente: "Fidel prefiere hablar y soñar ahora, lo de Raúl es mandar, y pobrecito del que no haga lo que él manda".

Eso es un reflejo claro de que el pueblo sabe quiénes son los que han mandado en el país durante casi 50 años. El pueblo sabe cuán positivo ha sido lo hecho hasta hoy y lo negativo de tantos años de Revolución. Raúl, supuestamente, siempre estuvo en la sombra, pero para muchos cubanos esa sombra siempre fue de mano dura.

Tras la renuncia de Fidel Castro, Lula declaró que el dictador es el único mito vivo, a pesar de que el mandatario brasileño se ha opuesto a su ideología. ¿Cómo ve en lo adelante la posición de La Habana sobre el etanol como alternativa a la crisis energética?

En la conferencia de prensa que mencionábamos, casi todos los periodistas hicimos mención a esa confrontación. Y la sorpresa fue que el propio Raúl Castro insistió en respetar los esfuerzos brasileños por la búsqueda y desarrollo de la tecnología de los biocombustibles para solucionar la crisis energética mundial. Aunque para él, una solución de esas podría derivar en otra crisis mayor, la de los alimentos. Pero Raúl mostró respeto y no se refirió a la posición oficial de Cuba al respecto. Lo que dejó claro, para muchos de los que estábamos allí, que muchas veces Cuba como país es Fidel como persona, y eso, esperemos todos, deberá comenzar a cambiar.


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