Actualizado: 23/10/2017 23:51
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Suicidio

Vivir es lo menos que podemos hacer (El suicidio entre los cubanos)

Entrevista a la investigadora Maida L. Donate

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Licenciada en Historia y en Sociología por la Universidad de La Habana, con un doctorado en Sicología por la Universidad de La Habana, y una maestría en Trabajo Social por la Escuela de Trabajo Social de Barry University de La Florida, Maida L. Donate ha trabajado en temas como la metodología para el estudio de las condiciones materiales de vida y la sociedad civil en Cuba, y el suicidio, tanto en la Isla como en Miami. Sobre este último publicó un libro y una excelente colaboración en el dossier temático de la revista Encuentro de la Cultura Cubana (n.º 45/46, 2007). Trabajó en Cuba con el antropólogo norteamericano Oscar Lewis entre 1969 y 1970. Ha realizado investigaciones para el Instituto Cubano de Investigación y Orientación de la Demanda Interna (ICIODI) entre 1983 y 1993, y para el Instituto Nacional de Investigaciones del Trabajo (INIT) entre 1977 y 1983. Ha colaborado en el diseño de una metodología para evaluar y monitorear la efectividad de programas de entrenamiento para el Banco Interamericano de Desarrollo. Profesora invitada en la Universidad de La Habana, en la Organización Panamericana de la Salud y en el Instituto Cubano de Epidemiología, ha formulado y gestionado programas de intervención centrados en la salud y la pobreza; la orientación y asesoramiento de jóvenes en situación de riesgo en un Programa de Empoderamiento del Vecindario, del Consejo Nacional Cubanoamericano para la prevención de la delincuencia juvenil en el Condado de Miami-Dade; en el Programa Comienzo Saludable, de apoyo a las mujeres embarazadas y familias con niños menores de tres años, y para los Servicios de Migración y Refugiados, ayudando a los menores recién llegados no acompañados, y sus familias.

Con esas credenciales, no será la última vez que Maida L. Donate nos visite. Pero en esta ocasión hemos querido preguntarle por un tema que ha tenido gran repercusión en la sociedad cubana desde sus inicios, y que durante el último medio siglo se ha manejado en la Isla con gran secretismo: el suicidio.

Durante todo el siglo XX, Cuba presentó tasas de suicidio muy superiores a las del resto de América, y comparables con las más altas del mundo, las de países como Hungría, Austria, Dinamarca, Suiza, Alemania, Finlandia, Francia, Japón y Suecia. ¿Existen factores en nuestra idiosincrasia o nuestra cultura que expliquen estos índices, contra la noción de alegres, abiertos y gozadores que tenemos de nosotros mismos?

Maida Donate (MD): Cuando hablamos de tasas de suicidio, es preferible hablar de “tendencias”, porque no siempre los datos estadísticos son tratados con el mismo rigor todo el tiempo en todos los países. Se puede decir que los cubanos somos ontogenéticamente impulsivos y emocionalmente nos movemos en extremos, nos cuesta lograr un centro de equilibrio. No afirmo que somos el único grupo nacional que tiene esa característica, solo digo que estamos entre los grupos que la tienen. El suicidio es una respuesta a un desbalance que siente la persona entre un conflicto que debe enfrentar y su solución. Si la persona siente que, en su balanza emocional, el conflicto pesa más que la solución, se le nubla la capacidad de razonar, no ve la salida al problema y actúa por impulso. La relación intento suicida / suicidio consumado, 8-10/1, pudiera ser muestra de la impulsividad latente en todo suicida.

Contra una proporción de 3-4 hombres suicidas por cada mujer en Occidente, en Cuba este índice tiende a igualarse, algo que solo sucede en algunos países asiáticos, en los cuales, curiosamente, también es frecuente el suicidio por fuego, recurrente entre las mujeres cubanas, al contrario que en el resto de nuestro ámbito cultural. ¿Cómo se explica esta tendencia anómala de las mujeres cubanas, especialmente entre las mujeres jóvenes de entre 15 y 24 años?

MD: Las mujeres en la Isla parecen ser más proclives al suicidio, quizás porque las múltiples responsabilidades familiares y sociales que tienen que enfrentar, unidas a la incógnita de cuándo se producirá un cambio en las condiciones de vida cotidiana, comprimen la esperanza de futuro hasta suprimirla, y entonces la balanza emocional se desequilibra y la idea suicida aparece. Es importante destacar que, por muchos problemas que pueda tener una mujer o un hombre, si encuentra un sentido y esperanza de vida, el suicidio no será solución.

El uso del fuego como método suicida se relaciona con la intención de purificación y liberación interna de los sentimientos que atormentan al suicida y lo llevan a terminar con su vida. Recordemos que la acción suicida es una manifestación de extrema agresividad que conlleva sentimientos de frustración y represión, culpa y ansiedad. El suicida es alguien que está sufriendo intensamente y no ve posible alivio a tal sufrimiento.

Definitivamente, la conducta suicida se relaciona con el control de los impulsos. ¿Conoces a algún joven que no sea impulsivo?

Por el contrario que en otras sociedades poliétnicas, donde el índice de suicidio de unos grupos étnicos es muy superior al de otros, en Cuba son igualmente altas las tasas de descendientes de españoles, de africanos o de chinos y todas sus mezclas.

MD: Cuba es, afortunadamente, un crisol cultural, para bien y para mal. Ser “cubano” es resultado de muchas mezclas, aunque a algunos les cueste reconocerlo. Todos y cada grupo étnico tiene algo del otro y la mezcla de etnias da como resultado un grupo humano enriquecido que lo hace diferente. Sin embargo, en los resultados de las investigaciones en la Isla, ser descendiente de españoles se presentaba como uno de los factores de riesgo. Habría que estudiar la evolución del proceso histórico de mestizaje de la población en Cuba, en particular, durante el siglo XX.

Aunque las tasas de suicidio siempre han sido más altas en La Habana, con índices superiores a 30/100.000, es notable la homogeneidad en los niveles de suicidio en toda la Isla, algo contrario a lo que sucede en otros países, donde la diferenciación entre regiones es muy acusada.

MD: Sin lugar a dudas, las estadísticas de salud cubana son serias, pero la lectura final depende de la manera en la que se hayan agrupado los datos primarios. Para establecer tendencias comparables en el tiempo, es necesario que los datos hayan sido agrupados de la misma manera a través de los años. Si no, los datos solo se pueden analizar de manera aislada. En 1993, los datos del Anuario Estadístico del Ministerio de Salud de Cuba presentaban diferencias en las tasas dependiendo de si la zona de residencia del suicida era urbana o rural. En aquel estudio se halló la mayor tasa de suicidio en la zona rural, especialmente en las zonas rurales montañosas. Imagino que este dato no fue del agrado de las autoridades cubanas por el significado político de tal hallazgo. Para responder con mayor propiedad a esta pregunta, habría que revisar los Anuarios del MINSAP posteriores a 1993 y verificar si los datos primarios siguieron el mismo criterio de agrupación.

Entre 1900 y 1909, Cuba fue el undécimo país del mundo en índice de suicidio, ascendió al sexto puesto entre 1920 y 1929, manteniéndose al mismo nivel hasta los años 50, cuando desciende hasta alcanzar en 1963 su valor más bajo. En los 70 vuelven a subir para alcanzar en 1982 el récord de 23,2/100.000 habitantes, solo superado por Hungría y Austria. Y se mantiene dieciséis años seguidos por encima de los 20. ¿Cómo se explican estos datos? ¿Qué influencia ha tenido durante este último medio siglo en las tasas de suicidio el cambio en las coordenadas sociopolíticas de la sociedad unidos a una serie de eventos sin precedentes o crecientes: guerras internacionalistas, incorporación masiva de la mujer al trabajo, lo que no las ha librado del quehacer doméstico, reformulación de los roles tradicionales de género, separación de los adolescentes de su familia en las escuelas a y en el campo, elevación del machismo y la homofobia a políticas de Estado, éxodo real y frustrado, con carácter de expectativa, represión ideológica, precariedad de la vivienda y promiscuidad habitacional, reformulación de los patrones morales, descomposición de la familia (Cuba tiene la tercera tasa de divorcios a nivel mundial), alcoholismo, etc.?

MD: Yo no podría haber hecho mejor inventario de los eventos que han impactado dramáticamente la vida nacional cubana durante los últimos 52 años. Todo ese despropósito nacional ha socavado la esperanza de futuro de los cubanos. El nacimiento de un ser humano, por lo general se identifica con la alegría de la esperanza de futuro, no en la Isla. Afirmación establecida cuando se observa la contracción de la tasa de natalidad y, consecuentemente, la disminución de la tasa de crecimiento de la población. En Cuba se ha producido un minucioso proceso de involución social y económica que ha sacado a flote lo peor del carácter nacional. La revolución cubana tiene el triste record Guinness de haber sido la única revolución que se haya hecho para vivir peor. La situación de la vivienda, por solo citar un hecho, desde fines de los años 70, no es un problema, es una verdadera catástrofe sin solución. El espacio habitacional ha crecido hacia dentro; las viviendas se han tenido que dividir y vuelto a dividir de una manera surrealista, borrando los límites generacionales que permiten el desarrollo sano de los individuos y de la convivencia familiar. Refranes tan viejos como “el que se casa, casa quiere” o “cada uno en su casa y Dios en la de todos” o “calabaza, calabaza, cada uno a su casa y el que no tenga casa que se vaya a la plaza”, son historia antigua en Cuba.

Según la tesis de Durkheim, “en las naciones que tienen grandes crisis, las tasas de suicidio bajan porque la sociedad se cohesiona con mayor fuerza y los individuos participan más activamente en la vida social. Pero, si esa meta pierde sentido (…) porque se empieza a percibir racionalmente inalcanzable (…) crece la tasa de suicidios”. ¿Es posible rastrear el cumplimiento de esa tesis en la evolución de este último medio siglo?

MD: Aunque no tengo datos suficientes que me permitan afirmar o negar la vigencia de la tesis de Durkheim, las altas tasas de suicidio en los países del antiguo bloque socialista europeo, y de la misma Cuba, podrían estar indicando que sí pudiera existir relación entre la propuesta social de metas humanamente alcanzables y las tasas de suicidio. Sería un asunto para estudiar.

¿Cómo se relacionan los índices de suicidio con las fluctuaciones en el grado de violencia social?

MD: Pensando en la situación de violencia social extrema que se está viviendo en México y en algunos países centroamericanos y las tasas de suicidio que se reportan, al parecer no ha habido aumento en dichas tasas, aunque la violencia aumenta cada día.

En 1984 participaste en un equipo multidisciplinario para analizar el suicidio en Cuba. ¿Cuáles fueron sus conclusiones? ¿Qué opinas de la decisión del Gobierno cubano de clasificar al suicidio como “enfermedad crónica no transmisible”?

MD: En aquel estudio se hallaron algunos factores de riesgo específicos de los suicidas cubanos en la Isla. Las mujeres se suicidan tanto como los hombres. En general, las personas sin pareja (divorciados, viudos o separados) tienden más al suicidio; en Cuba, el estar casado no es impedimento para suicidarse. El suicidio se presentó entre los hombres a partir de los 35 años y entre las mujeres menores de 34 años. El deterioro de la salud debido a la presencia de enfermedades relacionadas con el envejecimiento entre los mayores de 60 y la ausencia de problemas de salud entre los jóvenes. Los retirados, las amas de casa y los jóvenes sin trabajo fueron los grupos sociales más vulnerables al suicidio. En todos los casos, rasgos de carácter impulsivo y agresivos. Tanto hombres como mujeres habían intentado suicidarse al menos una vez antes de lograr quitarse la vida.

Tratar de ocultar hechos que se pueden decir de una manera simple, usando largas frases, es lo que ahora se define en algunos círculos como manera de expresarse “políticamente correcta”. Técnicamente el suicidio es una enfermedad no transmisible, el detalle de añadirle “crónica” en el contexto cubano, es admitir que se ha vuelto endémica, es decir, parte del cuadro de morbilidad (intento) y mortalidad (suicidio) nacional, a pesar de que la Organización Mundial para la Salud (OMS) la considera prevenible.

Aunque en la mayor parte de los países son los jóvenes los que se suicidan, en Cuba se está verificando un incremento sustancial entre los mayores de 60 años. ¿Puede explicarse por el grado de precariedad vital, indefensión y pobreza al contar apenas con pensiones depreciadas para su sustento? ¿O podría incidir la caducidad de las ilusiones que les impulsaron durante decenios a trabajar por una sociedad más justa?

MD: No es exactamente así. Los mayores de 60 mueren por enfermedades que no son frecuentes entre los jóvenes, pero, en realidad, son los ancianos los más proclives a cometer suicidio. Los problemas de salud asociados al envejecimiento conducen a la depresión y la depresión puede llevar al suicidio. El suicidio entre los jóvenes aparece entre las primeras causas de muerte porque las otras enfermedades van apareciendo a lo largo de la vida. En la Isla encontramos que las tasas empezaron a aumentar entre los hombres a partir de los 35 años y entre las mujeres menores de 34, eso es lo preocupante.

¿Es marcadamente diferente el comportamiento del suicidio entre la comunidad cubana de Miami, o hay patrones comunes entre toda la cubanidad independientemente de su lugar de residencia?

MD: Lo común es que los cubanos, entre los hispanos, somos el grupo con mayor tendencia al suicidio. Pero comparando los datos de suicidio entre los cubanos en la Isla y en Miami, encontramos que las mujeres se suicidan mucho menos, la relación es de 5 hombres por 1 mujer. Los hombres son casados y las mujeres viudas. Los hombres tienen más de 50 años y las mujeres más de 60. Presentan enfermedades largas, dolorosas o invalidantes. Se mantienen trabajando o son amas de casa. Padecen depresión. Los hombres logran quitarse la vida al primer intento, las mujeres hacen múltiples intentos antes de lograr morir. Al parecer, envejecer es un factor de riesgo suicida para los cubanos residentes en Miami.

¿Cómo crees que pueda incidir en los índices de suicidios el drástico cambio que se avecina en la sociedad cubana, de una sociedad más o menos paternalista, a un capitalismo del timbiriche y el recorte drástico de las garantías sociales, pero sin una apertura a gran escala en el orden de la iniciativa privada y en las libertades?

MD: Sería añadir a la ya petrificada falta de esperanza de futuro, la certeza de que en Cuba las cosas solo cambian para peor; porque cuando hablamos de “cambio drástico”, ¿a qué nos estamos refiriendo? Los cubanos en la Isla esperan cambios reales que les permitan vivir su individualidad, con todo lo que esto acarrea de bueno y malo. Hasta ahora los tan cacareados cambios no parecen ser los que se necesitan. Yo diría que ni siquiera son cambios cosméticos. La retórica y los “novedosos” métodos de participación crítica, son más de lo mismo de lo que hemos estado viendo y escuchando durante los últimos 52 años. El cuento del gusto por vivir en una sociedad paternalista es parte de la monserga del discurso oficialista de los dizque “líderes”. Ese frase hecha del “estado paternalista” fue creada para esconder la esencia de la represión gubernamental. No la sigamos repitiendo. No olvidemos que en Cuba no hay derechos, lo más que se puede lograr son privilegios, y los privilegios dependen de la voluntad del que los “otorga”. Quiero creer que, a pesar de todo, el futuro nos va a sorprender positivamente. Los cubanos que se van a otras latitudes y meridianos, salen adelante, unos mejor que otros, siguen sus caminos con altas y bajas como cualquiera. No se puede olvidar que, como dice la romanza, vivir es lo menos que en este mundo podemos hacer. Gracias por invitarme a compartir ideas.


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