Actualizado: 23/09/2019 16:12
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Unión Europea

Año nuevo, países nuevos

Bulgaria y Rumania ingresan en el club europeo con la esperanza de saltar hacia el desarrollo.

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Bulgaria y Rumania, dos de los países más pobres del antiguo bloque comunista, ingresaron como miembros plenos a la Unión Europea el primero de enero del presente año.

Su llegada al club de los ricos significa "una carga" para algunos viejos miembros, que saben que los jugosos fondos de reestructuración ahora serán destinados a los nuevos; "oportunidades" para los capitales europeos sedientos de otros mercados y mano de obra barata; "seguridad" para Bruselas, al tener ahora la nueva frontera en el Mar Negro, y "esperanzas" para búlgaros y rumanos que han esperado 17 años por este día.

Estas dos naciones postcomunistas de la región de los Balcanes se suman a Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia y Lituania, quienes fueron los primeros países postcomunistas en entrar a la UE (2004), quedando todavía en la lista de espera Albania y las demás antiguas repúblicas yugoslavas, y restando lo que fue la antigua Unión Soviética, cuyas naciones no han pedido ingresar a la UE, con excepción de Ucrania y Georgia.

El nuevo mapa

Desde el punto de vista geográfico, Europa se extiende ahora desde el Atlántico hasta el Mar Negro, agrupando, con los ocho millones de búlgaros y 22 millones de rumanos, a casi 500 millones de consumidores y 23 lenguas oficiales, lo cual está considerado por los expertos como una ventaja para el fortalecimiento de sus instituciones y de su peso como fuerza geopolítica-económica mundial.

Sin embargo, la llegada de los nuevos socios ha sido recibida con poco entusiasmo por los ciudadanos oeste-europeos. Una encuesta reciente de Eurobarómetro arrojó que sólo el 41% de los residentes en los 15 Estados que integraban la UE antes de 2004 apoyan la ampliación. Estas mismas personas se quejan de que el proceso "va a mucha velocidad".

Las opiniones responden quizás al hecho de que, a pesar de que Bulgaria y Rumania ingresan como miembros plenos, no tendrán todos los derechos hasta dentro de tres años, ya que ambos serán estrictamente monitoreados por Bruselas.

El fin es asegurarse que continuarán progresando en aspectos como la lucha contra la corrupción, el crimen organizado y los controles de calidad en una serie de artículos de exportación, cuya entrada ha sido prohibida en la UE hasta que no cumplan los estándares de la organización.

Otro de los miedos de la Unión Europea frente a Bulgaria y Rumania es a la inmigración. De hecho, con estos nuevos ingresos se aplicará la misma restricción que se mantiene a los países postcomunistas que se unieron en 2004, para quienes no funciona el llamado Acuerdo Schengen de libre circulación de personas, aunque sí de mercancías.

Tanto Bulgaria como Rumania son mucho más pobres que el resto de los países de la UE. Su producto interno bruto per cápita es sólo un 33% de la media europea, muy por debajo incluso de Polonia (50%), y tiene un nivel salarial bajo.


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