Actualizado: 13/07/2020 12:18
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Unión Europea

Año nuevo, países nuevos

Bulgaria y Rumania ingresan en el club europeo con la esperanza de saltar hacia el desarrollo.

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El experto cuenta: "En aquella época tratamos de cosechar rosas y recogimos espinas", porque "no habíamos aprendido a manejar la economía abierta de mercado y, cuando nos enfrentamos con los acuerdos de asociación a la Unión Europea y otros, nos perdimos en anexos, protocolos y cláusulas de las cuales nuestros hombres de negocio no entendían ni jota".

"Lo mejor hubiera sido habernos preparado para conocer lo que se nos venía encima cuando se acabó el comunismo. Si hubiéramos sabido cómo actuar, habríamos evitado muchos problemas y sufrimientos", señala Afanasiev y agrega: "quizás sea un consejo para países que vengan detrás de nosotros, como podría ser Cuba".

Por estas razones, Bulgaria no fue escogida en el primer grupo de países ex comunistas que ingresaron a la UE. No fue hasta 2001 cuando el ex rey de Bulgaria, Simeón II, se convirtió en primer ministro e inició un paquete de reformas encaminadas a resolver el problema económico y responder a los parámetros de la UE.

El país ingresó a la OTAN en 2004 y en los últimos cinco años ha dado un salto económico considerable. Con más de una tercera parte de la población en los límites de pobreza en 1997, hoy ha bajado a menos de un 13%.

En 2005, el PIB creció en 5,5%. Las tasas se han venido registrando por encima del 5% en los últimos cinco años y el desempleo se mantiene en un 20%, índice alto pero muy por debajo del 70% de los años noventa. La rama económica actual más activa es la de telecomunicaciones. En todas las poblaciones del interior hay conexiones de internet de alta rapidez.

Experiencia rumana postcomunista

Rumania es el país más grande de los Balcanes —un poco más de dos veces el tamaño de Cuba—. Tiene una población de casi 22 millones de personas con un ingreso per cápita de 3.830 dólares para 2006, según el Banco Mundial. Se estima que otros dos millones de rumanos viven fuera del país.

Ubicado a orillas del Mar Negro y con una historia apasionante, este país se mantuvo distante de la URSS durante la etapa comunista, pero después de la ejecución del dictador Nicolae Ceausescu, en las Navidades de 1989, el país quedó bajo el legado comunista hasta 1996, cuando un gobierno centrista resultó electo.

Luego, aunque la izquierda regresó al poder en 2000, el reelegido presidente Ion Iliescu apostó por una política más pragmática y por la entrada en la Unión Europea. En abril de 2005, Bucarest firmó el tratado de ascensión y aceleró un programa de reformas que le valió el ingreso este 2007.

Parte de este éxito ha recaído sobre el actual premier Calin Tariceanu, ex hombre de negocios, quien con su alianza Liberal Democrática puso el acento en eliminar la corrupción y sanear la economía. De hecho, bajo su mandato se han investigado y encarcelado a altos funcionarios acusados de corrupción y sobornos millonarios.

A pesar de los esfuerzos, Rumania es un país todavía muy pobre. Estadísticas oficiales indican que en 2005 el 22% de su población vivía por debajo del límite de pobreza y el país todavía arrastra un deficiente sistema de salud, legado de la era Ceausescu.

Rumania ha mantenido un promedio anual de crecimiento de casi el 6% durante los últimos cinco años y el desempleo en ciudades como Bucarest ha caído hasta un 2%, aunque los expertos aseguran que esta cifra no es realista y la sitúan mucho más alta, algunas fuentes hasta en un 30%.

Tradicionalmente un país agrícola, Rumania ha venido desarrollando una fuerte industria turística, aprovechando sus magníficas montañas y sus leyendas en la región de Transilvania. Una de ellas nos habla de los niños de Hamelin. La segunda leyenda es la de Vlad El Empalador, figura que inspiró al irlandés Bran Stoker para escribir su novela de horror Drácula.


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