Actualizado: 03/07/2020 15:57
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Unión Europea

Año nuevo, países nuevos

Bulgaria y Rumania ingresan en el club europeo con la esperanza de saltar hacia el desarrollo.

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¿Qué significa el ingreso para Bulgaria y Rumania?

En ambos países el ambiente es de júbilo y esperanza. El presidente búlgaro Georgy Parvanov, al izar la bandera de la UE en la tumba del soldado desconocido, aseguró: "seremos un socio estable y confiable".

Por su parte, el primer ministro rumano, Calin Tariceanu, calificó el ingreso a la organización como "un momento histórico, el más importante desde la caída del comunismo en 1989".

En las calles y los hogares de ambos países la gente está contenta. Hubo muchos rumanos que esperaron el nuevo año en los puestos fronterizos, para ser los primeros en cruzar hacia Hungría con sólo su carné de identidad en el bolsillo, una vez se desmantelaran las aduanas.

Pero, desde Alemania, el actual país que preside la UE de forma rotativa, llegaron palabras de advertencia en la voz del ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, quien recordó que "Rumania y Bulgaria todavía tienen que trabajar muy duro para alcanzar los estándares de la UE".

La verdad es que ambos países han hecho sacrificios para entrar al club europeo. Por ejemplo, Bulgaria tuvo que cerrar dos reactores de la central nuclear de Kozloduy por razones de seguridad. También desmanteló 15 pasos fronterizos con Grecia y Rumania, y al mismo tiempo fortaleció sus fronteras con Turquía, Serbia y Macedonia.

En Sofía también se teme que una parte de su economía quiebre cuando se abran los mercados y los productos locales tengan que competir con los de la UE.

Experiencia búlgara postcomunista

Con espectaculares montañas y una bellísima costa sobre el Mar Negro, Bulgaria —un país del tamaño de Cuba y con casi 8 millones de habitantes— tiene hoy en día un ingreso promedio per cápita de unos 300 dólares mensuales, según afirma el Banco Mundial.

"Aunque todavía es un nivel muy bajo, llegar aquí ha sido un camino difícil y largo", asegura un informe reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

El profesor Grigori Afanasiev, de la Facultad de Economía de Sofía, dijo a Encuentro en la Red que "el bienestar que disfrutaron los búlgaros, durante los casi 50 años de dominio comunista (empleo garantizado, precios subsidiados), estaba salpicado, al igual que en los demás Estados del bloque soviético, por escasez de productos, inflación reprimida y precios distorsionados".

Estos fenómenos, precisa el experto, se hicieron más evidentes cuando comenzó la transición, y cayeron inmediatamente sobre los hombros de la población, provocando turbulencia política. En los años noventa, el desempleo escaló, cayó el PIB y el ingreso ciudadano se redujo en más de la mitad, lo que trajo calamidades sociales como criminalidad y mortalidad infantil.

El citado estudio de la OCDE señala que esta situación fue resultado de la falta de reformas estructurales y de un sistema fiscal adecuado, desbalance comercial, presupuestos descontrolados, mala política monetaria y crecimiento del déficit en la balanza de pagos. Los gobiernos postcomunistas búlgaros se vieron inmersos en una trampa.

Afanasiev explica: "Por un lado, los políticos de la transición querían mantener el poder y al mismo tiempo tenían que aplicar medidas radicales para sanear la economía. Pero para no perder los votos, aplazaron las reformas hasta que la situación se hizo ingobernable y hubo que apretarse el cinturón de manera muy dolorosa".