Actualizado: 30/03/2020 11:16
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EEUU, Elecciones, Biden

Biden: ¿El bueno por conocer?

Biden fungió 8 años como segundo de Obama, pero la suerte de los vices dista de ser buena. Si bien 14 han llegado a la Casa Blanca, 8 lo hicieron por muerte del primer mandatario

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Al consagrarse como el candidato presidencial demócrata, Joe Biden cae en trance histórico. Nadie con 15 o más años en el Senado ha llegado a presidente. Biden acumuló 36 (1973-2009) y sobrepasa a cualquier otro senador nominado. En 1996, el republicano Bob Dole logró la denominación luego de 27 años; tras 19 fue nominado el demócrata John Kerry en 2004. Ninguno entró en la Casa Blanca. Por el contrario, a poco de entrar en el Senado (2005) Obama inició su exitosa campaña presidencial.

Biden fungió 8 años como segundo de Obama, pero la suerte de los vices dista de ser buena. Si bien 14 han llegado a la Casa Blanca, 8 lo hicieron por muerte del primer mandatario. Quienes acabaron ganando las elecciones hicieron campaña con asiento en la Oficina Oval. George padre se sentó allí en 1988 para suceder al presidente a quien servía y eso no sucedía desde 1836 con Martin Van Buren.

La esperanza histórica de Biden queda cifrada en Nixon, quien como simple ciudadano —es un decir— alcanzó la presidencia en 1968, luego de recesar como actor político tras perder frente a Kennedy en 1960 la sucesión de Eisenhower, a quien sirvió como vice también por ocho años (1953-61), pero con apenas 3 años en el Senado (1950-53). Sólo que Nixon llegó a vice con 40 años y a presidente con 56, mientras que Biden acompañó a Obama ya con 67 y tendría 78 si tomara posesión en 2021. Y esto pone a Biden en trance geriátrico.

Ironía Trumpoloquiana

La lengua de Biden es tropelosa y sobran indicios de que así como habla es como piensa. Repasemos algunos ejemplos ilustrativos para inferir cautelosamente qué revuelo se habría armado en los mainstream media si esta ristra pudiera colgársele a Trumpoloco.

Y así por el estilo, Biden miente al descaro con que fue arrestado en Sudáfrica cuando trataba de visitar a Nelson Mandela, refiere haberse reunido con Deng Xiaoping (fallecido el 19 de febrero de 1997) en ocasión del Acuerdo de París (2015) sobre cambio climático e incurre en tantos lapsos y pifias que se acentúa la hipocresía de la bandería demócrata al guardar silencio después de haber trompeteado la remoción de Trumpoloco por incapacidad mental

El filo de la navaja

Además de tropelosa, la lengua de Biden es suelta. Tanto que incubó sospechas de tentativa de delito la víspera del Supermartes. Al recibir en Dallas (Tejas) el respaldo de Beto O’Rourke, quien entre otras cosas aboga por la confiscación de cierto tipo de armas. Biden procedió a llamarlo a la tribuna y voceó que iba a ponerlo a “liderar el esfuerzo” del control de armas. El Código Federal prevé multa o hasta un año de cárcel por “Promesa de nombramiento por candidato”:

Whoever, being a candidate, directly or indirectly promises or pledges the appointment (…) of any person to any public or private position or employment, for the purpose of procuring support in his candidacy shall be fined under this title or imprisoned not more than one year, or both [18 U.S. Code § 599].

Como todos sabemos, la lengua suelta de Biden ha llegado a la confesión de delito consumado, como este cohecho flagrante aquí: Biden planteó al presidente ucraniano Petro Poroshenko que, si no botaba al Fiscal General Viktor Shokin, la garantía crediticia de USA por mil millones de dólares a Ucrania se cancelaría. Poroshenko botó enseguida al fiscal y Biden dio luz verde a la millonada.

Así, el quid no radica tanto en que históricamente nadie haya llegado a presidente o vice pasados más de 14 años como senador o gobernador, sino más bien en que las cadenas que arrastra Biden vienen de lejos

Perfil de indecencia

El 18 de diciembre de 1972, el recién electro senador Joe Biden (D-DE) recibió en Washington la noticia de que su esposa Nealia y su hija Amy, de 18 años, habían muerto en accidente de tránsito, mientras sus hijos Beau and Hunter resultaron heridos.

El reporte de la policía precisó que la finada señora Biden “drove into the pathof [a] tractor-trailer”. Ni siquiera se formularon cargos contra el otro conductor, un tal Curtis Dunn, pero tras fallecer este en 1999, Biden se apeó con la historieta de que su esposa e hija habían perecido por culpa de “un chofer errático que paró a beber [y] bebió su almuerzo en vez de comerlo”.

La familia de Dunn puso el grito en el cielo, pero allí no había prensa liberal que ahondara en el tema. Y el fondo del tema es la indecencia del político que subordina la vida de ciudadanos de a pie a la imagen de turno que le convenga, como posar de esposo y padre doliente por tragedia derivada de un borracho, pero capaz de sobreponerse a ella para prestar servicio público.

La otra cara de esta indecencia es que la prestación del servicio público confluya con el beneficio financiero de allegados. Así, Joe fue designado por Obama como el compañero que atendía a Ucrania y Hunter ancló —con su amigo Devon Archer— en la junta directiva de la firma ucraniana Burisma. Aquí ganaba al mes la suma correspondiente al máximo salario anual del cargo en compañías con el nivel de ingresos de Burisma. Joe alega no saber nada del asunto, a pesar de jugar golf con Hunter y Archer, amén de haber sido advertido del conflicto de intereses por George Kent, funcionario de carrera del Departamento de Estado.

Hunter ancló también en la junta directiva de la compañía de gestión de inversiones Bohai Harvest RST (BHR), con sede en Shangai y controlada por accionistas con aval de Pekín. Este tigre corporativo escogió de repente como socio al gatito Rosemont Seneca, criado desde 2009 por Hunter y Christopher Heinz, hijastro de John Kerry.

Tal como Burisma apesta, parece haber peste en el guayabal chino, pero no cabe especular. El hijo mayor de Trumpoloco indicó ya cómo llegar al meollo del asunto: “Let’s talk about who profited off of whose public service”. A tal efecto Trump Jr. propuso, en entrevista para Axios on HBO, ir debate con Hunter poniendo por delante las declaraciones de impuestos.

Joe Biden ha sido tajante: “I never talked with my son or my brother or anyone else — even distant family — about their business interests. Period”. El periodista investigativo Peter Franz Schweizer discrepa: además de su hijo Hunter, su yerno Horward, su hermana Valerie y sus hermanos James y Frank han sacado partido en dólares del peso político de Joe.

Coda

Si no hay tiempo para leer el libro de Schweizer: Profiles in Corruption: Abuse of Power by America's Progressive Elite (Harper, 2020, 368 pp.), entonces sólo cabe esperar al debate entre los candidatos de los partidos únicos, porque Hunter no dará la cara a Trump Jr., pero Joe Biden —a quien sus campañeros ya están recortando su tiempo de discurso público— sí tendría que darla a Trumpoloco. La cosa será de alquilar balcones.


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