Actualizado: 21/08/2019 5:32
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Biden: la política, la amistad y el dinero

Por lo general mezclar los ingresos con la política, con independencia de que se lleve a cabo por vías legales, termina por causar reproches y dudas

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En medio de las reñidas elecciones legislativas de noviembre pasado, un ex vicepresidente pronuncia un discurso pagado por una institución, donde hace una mención elogiosa a un legislador republicano que aspira a la reelección. De inmediato, la campaña del legislador utiliza la cita en su propaganda y el republicano es reelecto.

Todo normal hasta aquí, solo que se ha omitido un detalle: el ex vicepresidente es un demócrata y posible aspirante a la presidencia: Joe Biden.

Difícil determinar si lo ocurrido —reportado por The New York Times— tendrá alguna repercusión futura en una campaña por la Casa Blanca en la que Biden ni siquiera ha definido si participará o no. Pero sirve para ilustrar esa amalgama de dinero, política, influencias e intereses que en la situación de polarización extrema en que vivimos lleva a dudar de las respuestas fáciles y los sentimientos elementales, como la amistad.

El representante por Michigan Fred Upton, de larga trayectoria en el Partido Republicano, enfrentaba una elección reñida en 2018. Sin embargo, el 6 de noviembre se impuso a Matt Longjohn, su retador demócrata, por 4,5 puntos porcentuales.

No fue solo que Biden dirigió elogios a Upton, sino que nunca apoyó a Longjohn.

El candidato demócrata dijo en una entrevista que su campaña se había puesto en contacto con un miembro del equipo de Biden, a través de un intermediario, en la búsqueda de una conversación para discutir la participación del ex vicepresidente.

“No hubo más que silencio”, dijo Longjohn. “Nosotros únicamente habíamos solicitando una llamada telefónica y no hubo respuesta”.

La explicación sencilla es que el elogio de Biden a Upton —lo llamó un campeón en la lucha contra el cáncer y “uno de los mejores individuos con los que he trabajado”— parece haber estado motivado por una sincera admiración, tras el papel de Upton en la elaboración de la ley 21st Century Cures Act, una legislación surgida después de la muerte de Beau, el hijo mayor de Biden, de cáncer en 2015.

Fue una de las pocas propuestas bipartidistas que logró convertirse en ley, en un Congreso profundamente dividido y presa del estancamiento.

Aunque ahora viene el dinero.

Tras el fin de la administración de Barack Obama, Biden ha desarrollado una lucrativa carrera ofreciendo conferencias y con un contrato editorial millonario por su libro Promise Me, Dad.

The New York Times calcula sus ingresos por conferencias entre cuatro y cinco millones de dólares en los últimos dos años. Quizá temiendo que pudiera ocurrirle algo similar a Hillary Clinton en 2016, ha establecido una serie de normas para estas actividades, entre las que se encuentran no ofrecer discursos pagada a los grandes bancos ni recibir contribuciones del extranjero para las diversas organizaciones no lucrativas que controla.

Por la citada conferencia en el Lake Michigan College, el contrato muestra que Biden recibió $200.000 por su presentación, en la forma de $150.000 por honorarios y $50.000 para gastos de viaje.

Hay que agregar que Biden ofreció su conferencia en el colegio de Michigan a una audiencia inclinada a las ideas republicanas, tres semanas antes de las elecciones de noviembre, y para una organización cívica —el Economic Club of Southwestern Michigan— que tiene entre sus donantes a dos instituciones vinculadas con la familia del legislador: la Whirlpool Corporation, que fue cofundada por el abuelo de Upton, y la Frederick S. Upton Foundation, una fundación caritativa de la familia que lleva el nombre del mismo abuelo.

Aunque de manera alguna puede decirse que la conferencia de Biden fue decisiva para la reelección de Upton en Michigan, sí es un buen ejemplo de esa tendencia —al parecer irresistible— de mezclar los ingresos con la política, con independencia de que se lleve a cabo por vías legales.

A ello estamos condenados hasta que unos cuantos ángeles bajen del cielo y se decidan a lavarle las manos a los políticos. Aunque siempre queda la duda de si no se la ensuciarán ellos.


Esta columna de opinión también aparece en el Nuevo Herald.


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