Actualizado: 20/08/2019 5:32
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Comienza la sesión

El juicio contra el asesor del vicepresidente Cheney extiende el debate sobre la manipulación informativa con fines estratégicos del gobierno de Bush.

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Aún es pronto para cantar victoria frente a las primeras acusaciones del fiscal especial Patrick Fitzgerald, en el caso de la filtración a la prensa de la identidad de un agente encubierto de la CIA. Los cargos contra el asesor vicepresidencial I. Lewis Scooter Libby son de obstrucción de la justicia, declaraciones falsas y perjurio. Una acusación específica sobre la filtración quedó fuera del encausamiento. Pero en el reparto de culpas de esta investigación en marcha, las razones políticas superan al cuerpo del delito y los personajes involucrados cuentan más que las posibles sanciones.

Se trata de cargos relativamente menores —desde el punto de vista político— para la actual administración, aunque graves para el futuro del funcionario, quien renunció de inmediato. Si es encontrado culpable, Libby podría enfrentar una condena de 30 años de prisión y multas de hasta 1,25 millones de dólares. El fiscal debe probar, más allá de toda duda razonable, que el acusado mintió "deliberadamente y con conocimiento de causa''. De ahí que su estrategia sea un enfoque limitado del encausamiento.

Puede que se castigue al funcionario, pero que quede sin demostrar la intencionalidad del gobierno en filtrar el nombre de la agente Valerie Plame: llevar a cabo un acto de venganza personal con el intento de desprestigiar al esposo de ésta, quien escribió un artículo donde se cuestionaban los datos de inteligencia sobre la presunta adquisición de uranio en Níger por parte de Sadam Husein.

Por el momento, el principal y más notorio sospechoso se libró de ser acusado: el asesor presidencial Karl Rove sigue en su cargo, pero todavía no puede dedicar todo el tiempo a su agenda política. El hombre de confianza del presidente George W. Bush continúa siendo investigado y el fiscal dejó pendiente una decisión al respecto. Rove —que declaró cuatro veces ante el jurado investigador— ha suspendido algunas de sus labores partidistas, como su participación en discursos para la recaudación de fondos.

En estos testimonios reiterados pudiera estar la clave que explique la ausencia de un encausamiento en su contra, ya que podría haber aprovechado estas oportunidades para rectificar anteriores declaraciones y librarse de los posibles cargos de perjurio y obstrucción de la justicia, que han sido en definitiva los que provocaron la caída de Libby.

En cualquier caso, el juicio contra el asesor del vicepresidente Dick Cheney mantiene abierto el debate sobre las verdaderas intenciones del gobierno al declarar la guerra contra Irak. La acusación deja en claro que fue el vicepresidente uno de los informantes a su asesor de la identidad de la agente.

Se trata de una investigación legal. Fitzgerald y sus ayudantes tratan de determinar si Rove, Libby u otros funcionarios del gobierno revelaron la identidad de Plame o mintieron a los investigadores sobre su participación en los hechos. La función del fiscal es dilucidar si se cometió el delito de divulgar intencionalmente la identidad de un agente encubierto —que conlleva una sanción de hasta diez años de cárcel—, pero la implicación política del caso trasciende el aspecto jurídico: víctimas, culpables e inocentes están relacionados con una guerra que ha costado la vida a más de 2.000 militares norteamericanos y cuyos resultados son cada vez más cuestionables.

Los cargos contra el asesor vicepresidencial forman parte de la trama jurídica de esta investigación, que se ha extendido por dos años. Hablar de ellos sin entrar en detalles sobre el acusado es narrar sólo una parte de la historia, la que al final pudiera resultar la menos importante. Las acusaciones contra Libby no son un cuestionamiento directo de la Casa Blanca. En la importancia del funcionario radica en gran parte el valor político del caso. Cargos similares —perjurio y obstruir la justicia— fueron presentados contra Martha Stewart, que fue condenada a cinco meses de prisión y posterior arresto domiciliario, y ahora ha vuelto a la televisión y mantiene en alto su popularidad. Pero Libby no debe su fama y poder a su habilidad culinaria y la venta de productos de decoración.


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