Actualizado: 23/09/2019 16:12
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EE UU

Comienza la sesión

El juicio contra el asesor del vicepresidente Cheney extiende el debate sobre la manipulación informativa con fines estratégicos del gobierno de Bush.

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El halcón neoliberal

Un abogado graduado de la Universidad de Columbia, Libby, de 55 años, siempre prefirió mantenerse alejado de la publicidad, mientras ascendía en los departamentos de Estado y Defensa, hasta convertirse en el asesor principal de Cheney. Inició su carrera de funcionario gubernamental en 1981, bajo la protección de Paul Wolfowitz —ex subsecretario de Defensa y actual presidente del Banco Mundial—, y formaba parte de la elite neoliberal que tiene a su cargo la formulación de la política internacional y económica de Bush. Fue nombrado jefe de despacho del vicepresidente en 2001 y desempeñaba además las labores de asesor de Seguridad Nacional y asistente del presidente Bush.

Uno de los "halcones'' que favorecen la solución de los conflictos internacionales mediante el uso de la fuerza, Libby integró el Grupo de Irak de la Casa Blanca, que tuvo a su cargo la campaña para promocionar la guerra contra Husein en el público norteamericano, la prensa y el Congreso.

Más allá de los delitos cometidos por Libby, hay una realidad que la investigación coloca de nuevo en el centro de la atención ciudadana. Este gobierno manipula la información de inteligencia con fines políticos. El fracaso de la estrategia del presidente Bush en la lucha contra el extremismo islámico —que no sólo no ha evitado que continúen los atentados sino que ha convertido a Irak en un caldo de cultivo para ataques terroristas— debe ser denunciado por todos los medios.

Basta recordar brevemente lo ocurrido hace algo más de años, para reafirmar que no sólo los motivos declarados que llevaron a la guerra contra Husein fueron infundados. También se recurrió a la tergiversación de la información y el ocultamiento de datos.

Antes del inicio de la guerra, quedó claro que Cheney no creía en la CIA y utilizaba sus propias fuentes de inteligencia. En igual sentido actuaron los entonces subsecretarios de Estado, John Bolton, y de Defensa, Wolfowitz. Cuando se asignó a un experto en desarme para que informara a Bolton, éste demostró su disgusto a las pocas semanas, "porque no estaba escuchando lo que quería oír''.

Uno de los que divulgó el tipo de información que no querían oír Wolfowitz, Bolton y Cheney fue el esposo de la agente Plame, el diplomático Joseph Wilson. En el otoño de 2001, poco después de los ataques del 11 de septiembre, llegó a la CIA un informe de los servicios de seguridad e inteligencia militar de Italia, en que se afirmaba de que un embajador iraquí había gestionado la adquisición de material radioactivo transformable en uranio enriquecido para uso bélico. El informe fue descartado, considerado poco profesional y nada confiable por todos los expertos de inteligencia. Sin embargo, Cheney lo aceptó como cierto. Fue este informe el que sirvió de base para las afirmaciones del premier británico, Tony Blair, y luego de Bush, de que Irak se mantenía en la intención de desarrollar bombas atómicas. Nunca se tomó en consideración la opinión contraria del embajador retirado Wilson, que realizó una investigación en el terreno por encargo de la CIA, para verificar la autenticidad de la información.

A comienzos de octubre de 2002, a la periodista italiana Elisabetta Burba —que escribía para una publicación semanal del primer ministro Silvio Berlusconi— le ofrecieron la venta de unos documentos que supuestamente demostraban la conexión de Husein con la búsqueda de uranio en África. Burba se trasladó a Níger una semana después, y comprobó que no habían pruebas que sustentaran los datos. No se pagó al informante y no se publicó la historia. Pero una copia de los papeles fue enviada a la embajada norteamericana —a sugerencia del director de la publicación— para que fuera verificada.

Por su parte, el gobierno inglés dio por cierta la información y ésta terminó en manos del presidente Bush, que incluyó el dato en su discurso del Estado de la Unión de 2003. Posteriormente, Condoleezza Rice —entonces asesora de Seguridad Nacional y ahora secretaria de Estado— y George Tenet —quien era jefe de la CIA y luego se retiró y fue condecorado por Bush— asumieron la responsabilidad por la información errónea. Resulta inconcebible que el presidente de la nación más poderosa del planeta tomara por verídico un informe que una simple periodista encontró era falso.

El ex embajador Wilson —esposo de la agente descubierta posteriormente— publicó un artículo de opinión en The New York Times tras el discurso del Estado de la Unión del presidente, en que dejó claro que existían datos que refutaban la información sobre la compra de uranio en Níger, y que estos simplemente habían sido desestimados por motivos políticos. A partir de ese momento, Wilson fue víctima de una campaña de prensa dirigida a cuestionar su conocimiento sobre la materia, y en la cual se argumentó que la razón de su envío a África no obedecía a su calidad de experto, sino a su vínculo matrimonial. Fue en ese momento que se hizo público el nombre y la actividad a la que se dedicaba su esposa.

Ahora existe la posibilidad de que Cheney sea llamado a declarar en el juicio contra Libby, a fin de que explique la supuesta campaña del gobierno contra Wilson. No sólo porque el encausamiento señala de que fue el vicepresidente quien le comentó a Libby que la esposa del ex embajador trabajaba para la CIA. En el documento se especifica que en la oficina del vicepresidente se llevó a cabo una labor combinada de recogida de información sobre figuras claves opuestas a la política de Bush sobre Irak.