Actualizado: 13/07/2020 12:18
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Economía

Estado intervencionista

Bolivia se prepara para el segundo advenimiento del Che.

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Parece que Bolivia no escarmienta en cabeza propia. La plata del Potosí y el estaño de Oruro se agotaron sin asomo de bienestar nacional. Y no puede taparse el sol patrio con un dedo colonial o neocolonial, porque miles de millones de dólares pasaron a manos de políticos y burócratas nativos o se despilfarraron en planes titánicos de desarrollo, como consecuencia del culto al Estado intervencionista. No por gusto el ingreso per cápita está igualito que hace 40 años.

Bolivia seguirá precisando tecnologías de exploración y prospección que aportan las empresas extranjeras. Pero al menos una de ellas, la corporación hispano-argentina Repsol YPF, comenzó a pagar ya el ascenso de Morales con bajas en la bolsa de valores. Repsol-YPF tiene invertidos unos 950 millones de dólares en Bolivia y controla los derechos mineros de casi 11.500 kilómetros cuadrados.

Una clave poco atendida del juego político son las remesas de los emigrantes, estimadas en 860 millones de dólares (2005) por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Aunque suponen un crecimiento de casi el 50% con respecto al año pasado, este año las exportaciones de gas natural no pasan de 850 millones de dólares, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

EL BID subraya que los destinatarios de las remesas en Bolivia suelen ser gente con formación profesional e ingresos suficientes para satisfacer las necesidades mínimas. El país ostenta el porcentaje más bajo en Latinoamérica (45%) de ingresos por remesas destinados a cubrir gastos de subsistencia. De este modo, casi 500 millones de dólares anuales (5% del PIB) engrosan no sólo las cuentas de ahorro, sino que también propiciarían créditos para inversiones en empresas pequeñas y medianas.

Non sequitur

Desde luego que un gobernante tan trompetero como Morales refleja la desesperación del pueblo boliviano, dispuesto a embarcarse en políticas desarrollistas que ya generaron y sólo generan frustración. Bolivia está lejos del sistema funcional de leyes e instituciones que conjuren el riesgo de asignar y distribuir recursos, conforme a decisiones autoritarias bajo presión de clientelas políticas. Y la gestión económica ineficiente suele acentuarse por la creencia de que los fondos saldrán a borbotones de las entrañas de la tierra.

No sólo es paradójico que Morales y su MAS prometan cambios buscando inspiración en el pasado. Reciclarlo por medio de exportaciones de gas bajo control estatal indica también que el compromiso con los pobres puede transformarse en vana retórica.

Tal parece que en Bolivia ocurrirá el segundo advenimiento del Che, pero no en su forma belicosa sino conceptual del socialismo de Estado. La suerte que él corrió allá debía servir para tener en cuenta los límites de la voluntad.


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