Actualizado: 20/10/2017 18:43
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México

Indicios de renovación

Sin el Castro más viejo, los gobiernos de Cuba y México pueden establecer lazos que dejen atrás al pasado.

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El presidente de México, Felipe Calderón, acaba de cumplir sus primeros cien días en el poder. Aunque no era mucho lo que se esperaba de esta primera etapa —que mostrara la fuerza eludida por su predecesor y ampliara su alcance tras una estrechísima victoria electoral—, lo ha hecho bien.

El despliegue en seis estados mexicanos de casi 30.000 soldados contra los narcotraficantes, mostró el temple del presidente y le ganó una opinión pública muy favorable. Pero pronto las nubes se le acumularon.

A mediados de enero, el aumento en el precio de las tortillas —un producto básico, así contenga langosta o ingredientes más humildes— causó su primera crisis interna. Esta crisis, que continúa, es emblemática del confuso laberinto mexicano, que ni el TLC-América del Norte (1994) ni el gobierno de Vicente Fox (2000-2006) han podido superar. Las relaciones exteriores, específicamente con Cuba, agitaron la perenne caldera en ebullición del nacionalismo.

El libreto es muy conocido. En América Latina, sólo México desafió a Estados Unidos y mantuvo relaciones normales con La Habana después que la Revolución llegara al poder. Para muchos políticos mexicanos, la no intervención en los asuntos internos de otros países era y es un principio sacrosanto.

Sin embargo, nada político es tan prístino. Durante décadas, los servicios de inteligencia mexicanos cooperaron con la CIA en los asuntos cubanos y, al denunciar los abusos de los derechos humanos de Augusto Pinochet, se echaron a un lado principios sagrados. La lista de ejemplos es larga.

Zedillo y Fox contra los dinosaurios

Más allá de los principios, Cuba ha sido un medio a utilizar para lustrar las credenciales nacionalistas de México. Al igual que en Estados Unidos, las consideraciones políticas internas pesan mucho sobre la política mexicana hacia la Isla. Aun antes de que Fox desalojara de la presidencia al Partido Revolucionario Institucional (PRI), la política hacia La Habana mostraba cambios. La ciudadanía hacía suyos los derechos humanos y la democracia, y así incidía en la política exterior mexicana.

Desafortunadamente, esto no era todo. Cuando el presidente Ernesto Zedillo comenzó a moverse fuera de las líneas trazadas por la política tradicional, el tema de Cuba entró a formar parte de las luchas internas del PRI. Los miembros recalcitrantes de este partido —conocidos como dinosaurios— se resistieron a los esfuerzos de aquellos que querían dejar el pasado atrás y mirar hacia el futuro. Golpear a Pinochet era una cosa, hacer lo mismo con Fidel Castro era otra, muy distinta.


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