Actualizado: 25/01/2022 14:16
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Honduras

La salida del laberinto

Manuel Zelaya: Entre las emboscadas del pasado y los reclamos del porvenir.

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Honduras es uno de los tres países más pobres de América. Su nombre, por tanto, no se menciona en las primeras planas de los diarios y televisoras que rigen el movimiento noticioso en el planeta. A sus artistas muy pocas veces se les reconoce más allá de sus fronteras y la belleza física de su gente es una mezcla impresionante de indígena, negro y europeo que no agrada al canon occidental.

Con frecuencia desgraciada, huracanes y otros accidentes devastan porciones del país, ocasión en que unos pocos en las urbes primordiales meten sus manos en el bolsillo para posar de humanitarios, casi siempre de cara a próximos eventos. Ni siquiera el héroe nacional hondureño es blanco, sino el cacique Lempira, maya-lenca que levantó a su pueblo contra la esclavitud proveniente de Europa. Como sucedió una y otra vez en el Nuevo Mundo, fue asesinado a traición.

El país con tales características acudió a las urnas el pasado 27 de noviembre, y tiene desde hace algunos días nuevo presidente electo, el opositor Manuel Zelaya, del Partido Liberal. Este obtuvo no muy holgada victoria sobre el oficialista Porfirio Lobo, del Partido Nacional.

No vamos a detenernos, sin embargo, en los avatares que esta elección involucró, sino a lo que al nuevo mandatario le resta por hacer, que no es poco. Actores y analistas de la política hondureña coinciden en que la lucha contra la pobreza debe concentrar los mejores desvelos de Zelaya, si se recuerda que, de cada 10 hondureños, 6 viven por debajo de los niveles de pobreza, y de estos últimos, 4 en la indigencia.

Se calcula que Honduras, junto con Haití, Nicaragua, Paraguay y Bolivia, tenga que sortear más obstáculos que el resto de las naciones latinoamericanas para cumplir en 2015 con las llamadas Metas del Milenio, que radican en disminuir a la mitad la cifra de la pobreza para ese año.

La centenaria dependencia de la economía hondureña parte de dos productos: el plátano y el café, fundamento de la pobreza que hoy lacera a la sexta parte de una población de siete millones de habitantes. Si es verdad que el panorama económico hondureño no resulta halagüeño, las puertas de la esperanza tampoco se han cerrado.


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