Actualizado: 20/01/2022 14:54
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Ecuador

Las dudas y Correa

¿Entrará el país andino en una época de 'humanismo cristiano de izquierda' o va camino de una nueva mascarada?

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Decidor fue sin duda el bautizo católico-kichua que precedió la asunción del presidente ecuatoriano Rafael Correa. Estuvo allí con sus amigos Hugo Chávez y Evo Morales. Ningún otro mandatario extranjero fue invitado a esta suerte de ritual con mucho de pacto ideológico.

Pero más que el apoyo de Chávez y Morales, y tal vez más que un océano de fe, necesita Correa para salir airoso de los compromisos que tiene por delante.

Enmarcado en los apetitos de refundación política que afecta a considerable porción de Latinoamérica, el doctor en Economía acaba de recibir el espaldarazo del ex presidente y ex coronel Lucio Gutiérrez, diana frecuente del discurso del flamante mandatario —nació hace 43 años en la coqueta Guayaquil— contra la "partidocracia". Voluntariamente, no avaló a ningún candidato al parlamento, a pesar de que tiene seguidores en el recinto.

Por lo pronto, no se conocen los términos del acuerdo, aunque vale recordar que el movimiento Alianza País, que lidera Correa, ayudó a echar del poder a Gutiérrez en abril de 2005.

Hacia la Constituyente

Pocos, sin embargo, vislumbran otro camino que no sea la Constituyente, y no sólo para gestionar como Dios manda, sino para revertir la inestabilidad gubernamental que en dos lustros ha visto desfilar por el Palacio de Carondelet a siete presidentes. Si este domingo habló de convocar la consulta sin el permiso del Congreso, los votos de la Sociedad Patriótica le permitirán contar con la bendición del parlamento.

No tiene ya el analista político Paúl Mena que preguntarse si "pedirá el presidente a sus partidarios que salgan a la calle para demandar la Asamblea". Estuvo a punto, sin duda, pero un enemigo vino en su rescate.

Impulsos de esta índole en el otrora candidato que admitió ser capaz de actos o declaraciones prepotentes, podrían topar con un "país que quiere reforma política, pero no quiere grandes enfrentamientos que sólo conduzcan a mayor inestabilidad", señala no sin razón Mena.

¿Para cuándo estará lista la muy controversial Constituyente si se piensa en su funcionalidad dentro de un período de cuatro años? ¿Cuáles serán las reformas directoras? ¿Servirá en efecto para alejar el fantasma del caos y que la medicina, como se ha dicho, no sea peor que la enfermedad? Ecuador mira atentamente a la convulsionada Bolivia.

Otro experto, Simón Pachano, asegura que la "Constituyente se enfila hacia la eliminación política de esos partidos y dirigentes, antes que a generar mejores condiciones para la gobernabilidad".

Aunque el discurso de investidura tocó puntos sustanciales y demuestra el conocimiento de quien los ha manoseado por largo tiempo, no resulta nuevo en los predios continentales. El dilema radica en que este discurso suele pasar en breve de la crítica acerba al neoliberalismo a la lucha antiliberal; o sea, termina volviendo sus armas contra la democracia, y convocar una Constituyente ya va siendo un pretexto para esto último.

Habría que preguntarse seriamente si la oleada emergente en Latinoamérica busca refundar o perpetuar; liberar o posesionar nuevos rostros o castas en el poder.

No sin intención, el comunicador Diego Oquendo invita a no imaginar que "elegimos a un aspirante a mandamás, cuando lo que queremos es un jefe del Estado en toda la línea: sereno, severo, visionario, convencido de su causa", señala.


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