Actualizado: 18/10/2019 17:37
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Economía

Oppenheimer y la charada

Irlanda, Chile, República Checa, China: ¿Hay esperanzas de que Iberoamérica siga dichos ejemplos para sacar de la pobreza a una parte de sus ciudadanos?

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A lo largo de los siglos, la tradición china ha producido fábulas o cuentos que contienen una moraleja de la sabiduría popular. Entre nosotros, y lejos de eso, un cuento chino es un relato preñado de todas las formas de la mentira. Grandes cuentistas podrían ser Rodríguez Zapatero, Berlusconi, Morales, Humala, Chávez, Kirchner, Castro y, last but not least, George W. Bush. Buen título para un libro que muestra algunas de las charadas de los políticos, principalmente al oeste del Atlántico.

(Un cuento chino —que no tiene relación con el autor— es la portada de la edición colombiana, que muestra al presidente Bush junto a su homólogo colombiano, Álvaro Uribe. El mensaje subliminal es que este último es otro cuentista, idea que no comparte la mayoría del pueblo de Colombia, según los resultados de las últimas elecciones. Muy divertido el sesgo).

Los futurólogos

Cuentos chinos (Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2005-2006) nace de dos estudios sobre el futuro a 20 años vista de América latina, uno por el CNI (Centro de Estudios de la CIA) y el otro por el socialista Rolf Linkohr, experto latinoamericanista en el Parlamento Europeo. Ambos llegaron a la misma vertiente: la región se había vuelto irrelevante en el contexto mundial y, de seguir así, lo será cada vez más.

Al leer los estudios, Oppenheimer se sorprende. ¿Cómo es posible que ambos llegaran a conclusiones totalmente contrarias a lo que diariamente cacareaban los gobernantes a ambos lados del Río Grande, y que venerables instituciones, como la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, dependiente de la ONU), presentaran un panorama optimista de la región? ¿Quién estaba más cerca de la realidad? Y, ¿quién contaba cuentos chinos? Dice el autor: "mi propósito al escribir este libro fue contestarme a mí mismo mis preguntas".

En 1967, el conocido think tank Hudson Institute publicó The Year 2000, cuyo coautor, el devenido futurólogo Otto Herman Kahn, llegó a tener un impresionante récord de vaticinios correctos a lo largo de sus numerosos escritos y conferencias. En este libro, Kahn predijo que el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita en Brasil crecería a la pitanza de un 1,7% al año durante los siguientes 33 años.

Tamaños augurios irritaron a Mario Henrique Simonsen, entonces un impetuoso joven carioca, banquero y más tarde ministro de Hacienda, que en 1969 editó Brasil 2001, una réplica al escrito de Kahn, que no había tomado en consideración o milagre brasileiro, ya incipiente a la sazón.

Al final, ganó Simonsen: basada en el PIB per cápita, la brecha entre Brasil y Estados Unidos se estrechó de 12,7 veces en 1965 a 4,7 en 2004. No sólo eso: Brasil vende aviones de tecnología propia a varias decenas de países (incluyendo Estados Unidos), y a nivel mundial es uno de los principales productores de soja, vehículos, acero, celulosa, café, concentrados de fruta, mineral de hierro y bauxita. Moraleja: en política y economía es difícil vaticinar con precisión a veinte años vista —sujeto, como está, a los imponderables de la historia, como diría el escritor colombiano Plinio Apuleyo Mendoza.


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