Actualizado: 26/11/2021 14:39
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Venezuela

Otro capítulo

Las dos obsesiones del populismo latinoamericano: la reelección y el control de la prensa.

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Manifestación por el segundo aniversario del cierre de RCTV, el 27 de mayo de 2009. (REUTERS)

Manifestación por el segundo aniversario del cierre de RCTV, el 27 de mayo de 2009. (REUTERS)


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Los líderes populistas de los últimos años en Latinoamérica enseñan dos obsesiones: las Constituyentes, para encaramarse en el poder por largo tiempo, y la prensa.

Resuelto en buena medida el primer problema, el populista Hugo Chávez parece decidido a acabar con la segunda, y en particular con aquella que lo crítica, una piedra insoportable en el zapato.

La decisión del mandatario venezolano de cerrar 34 emisoras de radio y 2 canales regionales de televisión —amenaza en total 250 radios y 45 canales de TV— ha levantado criterios adversos en el empresariado, la Iglesia Católica y en la oposición, entre otros sectores venezolanos. Abundan, por supuesto, las protestas y manifestaciones.

En casi toda la América donde existen parcelas de libertad, sucede lo mismo, y la situación la encabezan los trabajadores de la información.

Recientemente Luis Pardo, el presidente de la Asociación Internacional de Radiodifusión (AIR), dijo que el cese de las emisoras en Venezuela se inscribe dentro de un conjunto de ataques contra la libertad de expresión.

Aquí podrían citarse la Ley Orgánica de Telecomunicaciones, leyes de cultura y educación, la Ley de Responsabilidad Social de la Radio y la Televisión, y un proyecto que se ha dado en llamar la "ley del silencio".

En este proyecto se reparten penas de hasta cuatro años de cárcel para quien viole lo que el régimen entiende por comportamiento adecuado de los informadores. Por casi todo, en fin, se puede ir a prisión.

Según Pardo —también presidente de la Asociación de Radiodifusión de Chile—, Venezuela "ha ingresado en un punto de no retorno no sólo con respecto a la libertad de expresión, sino con respecto a la institucionalidad democrática".

La AIR cuenta con 17.000 emisoras privadas afiliadas de América, Europa y Asia, y cientos de canales de televisión.

Si cerca de 8.000 familias quedarían sin sustento cuando el plan de Chávez culmine, es decir, cuando clausure todo lo que prometió, su control sobre el espectro informativo sería casi completo, pues ahora siguen sus "orientaciones" más de 300 emisoras y 36 canales, lo cual se acerca al 60% del total.

El afán principal

Aunque en estos días la atención se enfoca en el ataque que perpetraron seguidores chavistas contra el canal Globovisión, que dejó dos heridos, y en las protestas que en distintos lugares de Venezuela tienen lugar contra la clausura, no se debe perder de vista que el plan de Chávez —aconsejado por Fidel Castro— es estratégico, o sea, que va más allá de la liquidación de la prensa opositora, cuya primera gran víctima fue el canal RCTV.

Bajo la acusación de monopolio y especulación, Miraflores intervino hace pocos días dos grandes cafetaleras y amenaza con expropiarlas, lo que los observadores dan como hecho, pues se ajusta a la línea seguida desde tiempo atrás.

Por distintas vías —donde no falta la compra por el gobierno—, 52 procesadoras de arroz, fábricas de alimentos, una siderurgia, cementeras y empresas eléctricas, una telefónica y petroleras, etcétera; han pasado en esencia a manos del Estado.

Controlados el Congreso y la judicatura, y controlada la alta oficialidad de las fuerzas armadas mediante satisfacciones de toda índole, Chávez busca implantar su poder en cada resquicio de la sociedad venezolana.

El cese de emisoras de radio y televisión es sólo otro capítulo del afán de Hugo Chávez, que desea pasar de autoritario a totalitario, en emulación de su amigo Fidel Castro.


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