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Rusia

Periodismo de luto

El asesinato de Anna Politkóvskaya y la represión oficial contra la prensa rusa.

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El imperio de la prensa rusa

En su primer año de gobierno (2000), el presidente ruso Vladimir Putin dejó las cosas bien claras: "el Kremlin quiere tomar el control de las principales cadenas de televisión y con este apoyo favorecer la nueva ideología". Esa "ideología" la expuso a su vez la empresa de publicidad monopólica estatal Video International, que decía: "hágase rico, pero nunca olvide su deber de apoyar los intereses del Estado".

En aquel año, la prensa recibió además una poderosa advertencia en la voz del portavoz del Kremlin, Sergei Yastrzhembsky: "sólo la prensa que apoye los intereses del Estado será tolerada". Esta fue la consigna durante la guerra de Chechenia, ratificada por el entonces ministro de Prensa Mihkail Lesin, quien dijo: "durante largo tiempo la prensa estatal se dirigió de manera caótica. Ahora el Estado trata de unificar todos los recursos y controlar su desarrollo".

En este camino, el mismo presidente Putin dio la sentencia definitiva cuando advirtió a quienes se oponían a esta política: "la prensa no debe convertirse en un instrumento de desinformación y lucha contra el Estado", y lamentó que las estaciones de televisión y los periódicos promovieran los intereses políticos de sus dueños a fin de reforzar su influencia. También predijo: "se avecinan tiempos difíciles para los oligarcas de la era Yeltsin".

De esta manera, el Kremlin cambió de un plumazo las reglas del juego de la prensa rusa; pero ¿en qué consistían las nuevas reglas de juego?

Antecedentes

En 1996, la prensa formó un frente común a favor de la campaña de reelección de Boris Yeltsin, quien conservó su puesto y los medios que le respaldaron ganaron enormes beneficios. Pero en 1999 estaba claro que una alianza similar era imposible. Entonces la prensa comenzó a tomar posiciones. De un lado, Berezovsky (ORT) se puso al lado de "la familia" (Kremlin), mientras que Gusinsky (NTV) optó por el dúo Luzhkov-Primakov. Es el momento en que Yeltsin anuncia a su "heredero", el chequista Vladimir Putin, joven, fuerte y decidido a aniquilar la corrupción, poner orden y restablecer la Gran Rusia.

En este contexto aparecen los ataques de las guerrillas chechenas y con ello se desencadena una operación militar que tuvo como telón de fondo explosiones en edificios de apartamentos en Moscú. El público pidió "respuesta enérgica" a la violencia. El héroe de estas jornadas fue Vladimir Putin, cuya popularidad subió como la espuma en una carrera que lo llevó al sillón presidencial el 26 de mayo de 2000.

Pero la campaña de Chechenia fue también el primer test de lealtad para la prensa rusa. Las autoridades utilizaron ampliamente la retórica patriótica y señalaron a los periodistas "su deber". El secretario del Consejo de Seguridad, Sergei Ivanov, dijo: los periodistas deben ser "patriotas" y "tomar parte en la guerra contra los terroristas chechenos", y advirtió que se tomarían medidas contra quien procediera de otra manera. Y aquí comenzó la guerra entre Putin y la prensa que se le oponía.

Los canales RTR (estatal) y ORT, de Berezovsky, enseguida presentaron la guerra como una "operación victoriosa", pintando un escenario positivo para la campaña. Los medios que no suscribieron este cuadro fueron presentados como enemigos de Rusia.