Actualizado: 25/01/2022 14:16
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Chile

Pugna por La Moneda

La batalla electoral entra en la recta final.

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La campaña electoral en Chile llegó a su cúspide. Santiago, una ciudad que sólo a ratos agrada a la vista, amanece cada día empapelada con rostros que sonríen desde bocas artificialmente rejuvenecidas, miradas cuya vitalidad es olvidada euforia del pasado. Son los cuatro candidatos presidenciales que lidian por el triunfo el 11 de diciembre, día de los comicios generales chilenos.

Pero si la propaganda contamina visualmente el hervor de una ciudad en primavera, los arrestos de los aspirantes no se identifican con la paciencia del que toma la foto ni del que la recompone. Paradójicamente, la única mujer en la carrera, Michelle Bachelet, cuyas libras de más le entregan un aspecto maternal, ese que invita a poner la cabeza en el regazo, apenas aparece retocada en la fotografía del pasquín.

Su carisma, su simpatía, dicen sus partidarios, viene de toda ella y así la quiere la gente. No hay encuesta en que la candidata no aparezca, con ventaja considerable, en la preferencia del elector. Sería la primera mujer en ocupar la presidencia en la patria de Bernardo O'Higgins.

Pero lo que parecía hasta hace poco una marcha triunfal de la concertación de partidos en el poder, escuchó el toque de alarma en reciente encuesta de una prestigiosa institución. Sucede que sumados los dos candidatos de derecha, Joaquín Lavín y Sebastián Piñera, sobrepasan a la Bachelet.

Lo que lucía victoria, al instante ya tiene tintes de segunda vuelta, que tendrá lugar si el vencedor en la primera no alcanza el 50 por ciento más uno de los sufragios. La derecha profiere, y no le falta razón, que la Bachelet no es Ricardo Lagos, cuya actitud insumisa y expediente antidictatorial giró a su favor los comicios de 1999.

Pero si Lavín ya es viejo conocido en la esperanza del ala conservadora, Sebastián Piñera se ha convertido en el foco de atención nacional, pues traza un mapa nuevo de la derecha política en el país.

Ya se sabe que Piñera cambió las reglas del juego cuando su partido, Renovación Nacional, harto de humillarse bajo la hegemonía de la Unión Democrática Independiente, decidió ir a la rebelión y lo lanzó como su candidato, mientras hacía trizas el compromiso de unidad que en torno a Lavín auspiciaba la derecha más dura. Miembro del Opus Dei, Lavín había entablado, por cierto, recia batalla con Lagos en 1999.

¿Cuántos votos le sustraerá Piñera a la Democracia Cristiana? ¿Cuántos al Partido Socialista? ¿Qué hará la derecha tradicional que lo tenía a menos y que nunca fió en quien daba la razón al gobierno si la tenía y no evaluaba negativamente lo hecho durante el período de Lagos? ¿Cuál será el saldo de este doctor en economía por Harvard, que apoya una pensión para las amas de casa y se refuerza con cálculos y cifras ante la incrédula Bachelet? ¿Será cierto que con la delincuencia, caballo de batalla de la oposición, tendrá mano fuerte, pero propondrá medidas para entrarle de raíz al problema?

Por sus argumentos en este tema, no hará lo que perora Lavín, que es construir cárceles y más cárceles, contratar más policías y sumar represión sobre represión, como si en el cuerpo del delincuente habitara un mal congénito.


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