Actualizado: 16/08/2019 16:52
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Ventana del lector

Rusia, el recuento del terror

En días recientes, un texto del poeta cubano Manuel Díaz Martínez, Katyn, molestó a algunos, que trataron de desvirtuar los hechos. Por lo que el autor de este texto cree necesario un recordatorio de otros crímenes cometidos entonces

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Fue el pasado 30 de octubre cuando se realizó en Moscú, Rusia, un evento luctuoso que cada año, desde hace cuatro, tiene lugar en la plaza de la Liublianka, frente a la sede central del Servicio Federal de Seguridad (FSB, antes KGB): el recordatorio y rescate, por parte de hombres y mujeres, viejos, jóvenes y niños, de los nombres de las víctimas de la represión política de la era comunista. Un evento que como ya es norma desde su primera edición, creció en el número de participantes y en el de las víctimas recordadas.

Este año, la presencia del frío acompañó durante toda la jornada a los miles de ciudadanos rusos que durante el día desfilaron frente a los micrófonos para leer los nombres de personas asesinadas por el régimen comunista a la largo de sus más de 70 años de existencia, cientos de miles, millones, a los que muchas veces se agregaban los de conocidos de los lectores (abuelos, padres, hermanos, parientes, amigos, etc.) que permanecen desaparecidos para la mayoría, e incluso de los archivos del memorial. De hecho, es ése uno de los objetivos de las jornadas y el Museo: recuperar los nombres de los millones de muertos y desaparecidos por el régimen, desde los tiempos de Lenin, cuando se iniciaron los crímenes.

Con solemnidad y recogimiento los participantes toman fragmentos de la gigantesca lista de víctimas preparada por el Memorial (la Organización no Gubernamental dedicada a rescatar la memoria histórica) y durante el día leen los nombres. Las voces retumban en el sobrecogedor silencio, mientras revelan datos escalofriantes, rematados casi invariablemente por las palabras “fusilado” o “fusilada”. Y, ¡oh sorpresa, en ese estado de y para “obreros y campesinos”, los muertos, cuyos nombres se escuchan, son campesinos, contadores, carpinteros, soldados, ferroviarios, maestros, estudiantes, jubilados, zapateros, agrimensores, fundidores, en fin obreros y campesinos; y todavía más, hasta miembros del NKVD (precursora de la KGB).

En la ceremonia participan personas de todos los estratos sociales, que en señal de respeto no se identifican, y ofrecen sus homenajes de forma personal. En esta oportunidad hasta un general del Servicio Federal de Seguridad tomó parte en el recordatorio, y también personalidades de la vida política y deportivo-cultural rusa como el defensor de los derechos humanos Vladímir Lukín, o el ex campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov. Durante el día una emisora de radio de Moscú, EL ECO, prestó sus micrófonos a actores y personajes conocidos para que se sumaran a lectura de nombres.

El Gran Terror

De todas formas, y pese al valor descomunal de este rescate de memoria histórica en honor a las víctimas del terror soviético, la aplastante mayoría inocente, desborda cualquier tarea. La sola referencia a las cifras de recluidos y fusilados durante el Gran Terror (1937-1939) espantan: 1,7 millones de personas arrestadas y enviadas a los campos de concentración (los tristemente célebres gulags) y 700.000 conducidos directamente ante los pelotones de fusilamiento.

La dictadura comunista de Rusia se erigió sobre la represión política tanto antes como después de 1937. En realidad las purgas se iniciaron bajo la dirección del “padrecito” Ulianov: Lenin; sin embargo, los niveles de represión del Gran Terror no tuvieron parangón, ni antes ni después, en la esencia represiva soviética a lo largo de toda su historia. El primer rasgo de la crueldad inaudita estaba en las operaciones en sí mismas, concienzudamente planeadas y ejecutadas bajo la dirección de los niveles más altos de los mandos políticos del país. Se fijaban plazos de acuerdo a los grupos y segmentos de la población a los que iba a “purgar”, y las cuotas de detenidos y fusilados en cada una de ellas. Una aberrante lotería cuyo único fin era sembrar el terror lo más profundo posible en el alma del pueblo ruso.

Lo terrible de esta historia fue que la mayoría de los muertos y enviados a campos de concentración, donde una gran parte perdió la vida por enfermedades, agotamiento, hambre, frío, o asesinados, eran simples ciudadanos, totalmente ajenos a la vida e intrigas políticas. Fue de tal magnitud la cacería humana desplegada, que hasta la fecha se considera la más grande represión selectiva a partir de acusaciones falsas en toda la historia humana.

Más allá de las fronteras rusas

Ahora bien, y de regreso a la actualidad y a los homenajes en Moscú, la realidad va más allá de las víctimas de la represión comunista en Rusia. Porque fueron miles los asesinatos que se produjeron fuera de las fronteras rusas, por órdenes directas de Stalin y de otros líderes soviéticos. Uno de los objetivos fundamentales de los altos mandos de la URSS era acabar con toda la dirigencia comunista histórica, para sustituirla por otra totalmente a su servicio. Miles fueron asesinados de diversas formas, y el brazo ejecutor de los órganos secretos soviéticos llegó incluso a México con los asesinatos del ruso Trostky y, como ampliamente se sospecha, del cubano Julio Antonio Mella.

Pero más aún, la memoria mundial necesita rescatar a las más de 100 millones de víctimas que el comunismo como ideología ha generado de forma directa, a lo largo de su no tan larga historia… ¡La friolera de 100 millones de muertos! …en nombre de los campesinos y los obreros, y al ritmo de La Internacional.

Algunos datos anexos:

- 125 mil fusilados en sólo un año (entre 1940 y 1941) y solamente en las repúblicas bálticas, Estonia, Letonia y Lituania.

- Las olas represivas eran encargadas a las policías políticas, en sus inicios Checa (creada en 1917), posteriormente OGPU (a partir de 1922), luego NKVD (nacida en 1934), etc. (hasta llegar a la KGB) y eran conocidas, oficalmente como Terror Rojo, Colectivización o Gran Purga, entre otras muchas denominaciones de olas represivas. La primera de esas riadas de arrestos y ejecuciones masivas, conocidas como Terror Rojo, tuvo lugar en época tan temprana como 1918, y como arquitecto al “padrecito Lenin”.


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