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Venezuela

Sociedad cortesana o mercenaria

Mientras subsista el modelo chavista, estará comprometido el advenimiento de una democracia moderna.

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Fue toda una experiencia el acto de celebración del Día del Ejército en Venezuela. La corte civil-militar cobijada bajo la tribuna a la cubana, decorada con la bandera nacional a manera de frontispicio y mancillada por el ridículo "Patria, Socialismo o Muerte" (aquí ni siquiera la historia se repite como farsa, sino el ritual), recordaba más bien una caseta de feria.

El escenario lo completó la mala imitación que hizo el presidente venezolano, Hugo Chávez, de Fidel Castro, con el verde chillón de tela china que tan mal sienta a la tez morena y hoy de uso en Venezuela. Al cruzarlo con la banda tricolor, el atuendo cobra rasgos de papagayo, y cuando se agrega la boina roja, se alcanza el clímax de la más caricatural torpeza estética.

Para quienes hemos visto en directo discursos de Castro, es fácil percibir lo mucho que ha ensayado en el espejo el líder de la "revolución" bolivariana para imitar a su alter ego cubano: alargar los brazos al vacío, toquetear los micrófonos, acentuar la última vocal, pronunciar frases con cierto dejo de cansancio, por momentos se vuelve familiar, coloquial, para luego irse embargando por la pasión in crescendo, llegar al clímax y dejar caer las palabras golpeantes que contienen las claves con que cierra el discurso.

La escena me recordó la obra señera de Norbert Elias, La sociedad cortesana, hito de las Ciencias Sociales, que analiza la evolución que significó en la formación de la civilización y el Estado moderno, el paso de la aristocracia guerrera a la sociedad de corte.

Arcaísmo guerrero

El clímax en el discurso de Chávez fue la orden de prepararse para la guerra. Comprendí entonces que no había lugar a ilusiones. No se trata de una corte moderna que ha dejado atrás el arcaísmo guerrero. Desde los tempranos tiempos del Oráculo del Guerrero, el líder bolivariano, para legitimar su discurso, blande una cita de algún teórico: los elegidos últimamente han sido Trotsky y Gramsci. Esta vez tocó el turno a Carl Von Clausewitz, que fue citado erróneamente, como siempre. "La guerra es la continuación de la política por otros medios", célebre frase extraída de manuales de divulgación popular, pero que ningún militar que se respete la tomaría por cierta.

Clausewitz dice textualmente en alemán: "So sehen wir also, dass der Krieg nicht bloss ein politischen Akt, sondern ein wahres politisches instrument ist, eine Fortsetzung des politischen Verkehrs, ein Durchführen desselben mit anderen Mitteln" ("Vemos que la guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de la misma con otros medios").

Un gobierno que dice no buscar guerras, ni nadie quiere hacérsela, lo mejor es que opte por la diplomacia, instrumento idóneo en tiempos de paz. En lugar de buscar fuentes de inspiración teóricas, cuyo empleo correcto requiere una previa y verdadera formación filosófica, sería aconsejable que se inspirara en ejemplos cercanos.

El caso de Costa Rica, que ha realizado la revolución más moderna en la historia del continente, y tal vez de la humanidad, al haber eliminado su ejército, es un patrón a seguir por un país como Venezuela, cuya historia ha estado signada por el secuestro de la sociedad civil por parte del estamento militar. Sería una opción altamente saludable, pero mientras subsista el modelo chavista, estará comprometido en el país el advenimiento de una democracia moderna.

El cierre del acto fue muy instructivo: un cabo del ejército solicitó claramente al presidente que a cambio de repetir el eslogan "Patria, Socialismo o Muerte", pusiera electricidad en su pueblo. Acto seguido, el presidente anunció un aumento del 30% al sueldo de los militares, con lo que quedó claro que el sofisticado tratado de doctrina militar del sabio alemán no tiene cabida en un país caribeño y petrolero. El modelo vigente demuestra que es más fácil comprar adhesiones que hacer esfuerzos de traducción.

Sorpresivamente, para los conocedores del ritual castrista, el teniente coronel Hugo Chávez puso término a su discurso con un civil y civilizado "Buenas noches", no con el eslogan dictado por los cánones del castrismo. Con ello demostró que ni él mismo cree en el personaje que está interpretando.